Revolución NFT en el arte, el año del boom: entre las ventas millonarias y las mega estafas

De la subasta de Beeple por USD 69 millones a los engaños cotidianos; de las estrategias comerciales a lo que están haciendo museos, ferias, galerías, y los problemas ambientales. Un recorrido por los temas clave del fenómeno

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“No puedo creer que ustedes, idiotas, realmente compren esta mierda”, decía un cartel que representaba una subasta en Sotheby’s en la serigrafía de Banksy Idiotas (Morons), adquirida por Injective Protocol, una compañía de blockchain, por USD 95 mil, incendiada en una transmisión en vivo por Twitter el 9 de marzo pasado y vendida en su versión digital como arte NFT por 228,69 Ethereum (aproximadamente mil 380 USD de entonces).

Si bien desde algunos espacios se denominó al evento como un truco publicitario y especulativo para ganar dinero, desde esos lugares de legitimación nada se criticó cuando Everydays: the first 5000 days del artista digital Beeple se subastó en Christie’s por USD 69 millones, convirtiendo a Mike Winkelmann -tal su nombre- en el tercer artista vivo más caro del mundo.

El NFT no nació con Beeple, pero sin dudas la subasta, realizada solo dos días después del incendio de la obra de Banksy, colocó a esta creciente tecnología en el centro de la atención global. Pero, ¿qué es el NFT?, ¿cómo surgió?, ¿llegó para quedarse o es una burbuja?, ¿cuánto hay de especulación’? y ¿pueden ser una estafa? son algunas de las preguntas que trataremos de responder en el que fue el año de la Revolución NFT.

¿Qué es y claves para entenderlo?

El NFT o token no fungible es un activo digital que posee un certificado de autenticidad que es único en el mundo. Para esto se le otorga una cadena de caracteres única, una especie de número de serie, que lo representan en el blockchain, un monedero de criptodivisas que permite el intercambio de Bitcoin, Bitcoin Cash, Ethereum (ETH) y otras.

Pero no solo se utilizan para cripoarte, como en el caso de Beeple. Pueden ser cualquier tipo de elemento digital, desde tuits, fotos, videos, memes o canciones, entre otras. Si trazamos un paralelismo con el mundo físico del arte, cualquiera puede tener una copia deLa noche estrellada de van Gogh, una lámina del cuadro, un imán, pero el original es propiedad del MoMa. Puede haber mil copias de un diseño de Beeple (a fin de cuentas las comparte en su Instagram), pero solo el que compró el NFT le pertenece el auténtico.

Para diferenciarlo también de una criptomoneda, el NFT no es intercambiable por otro, ya que no hay dos iguales. Entre otras características se encuentra que son indivisibles, no se pueden fraccionar en partes más pequeñas (diferentes propietarios) como sucede con las criptodivisas y tienen un valor completo como entidad o token completo; son indestructibles, debido a que se almacenan en la cadena de bloques a través de un contrato inteligente (Smart Contract), lo que hace que no se puedan eliminar o replicar, lo que a la vez lo hace verificable, ya que la blockchain posee un historial de quién la creó, compró o vendió hasta su actual dueño: una suerte de historial de su existencia.

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Obra digital del artista Beeple, ‘Everydays: the first 5000 days’, vendida en NFT por 69 millones de dólares

Para crear el NFT, el primer paso es elegir la cadena de blockchain que se va a utilizar, siendo la plataforma de código abierto Ethereum la más utilizada hoy para pagar. En efecto, el sitio Opensea.io, uno de los más usados para comprar y vender NFTs, especifica que para ingresar a su marketplace es necesario tener una wallet (una billetera virtual) de ETH (Ethereum) para usar su servicio.

En ese sentido, cualquiera puede crear su NFT, que ha llegado de alguna manera para regular económicamente los derechos de imagen de un diseñador digital, quien no solo se ve beneficiado con la venta de su “token”, sino que además recibe un porcentaje por cada vez que se revende.

O sea, el NFT es una pieza digital sobre la que su creador tiene derechos de venta, por más que luego sea reproducible, y que tras la homologación de una casa de subastas se ha convertido en una pieza atractiva para coleccionistas, abriendo así un sin fin de posibilidades y un furor por la creación de estas piezas que, hay decirlo, producen un alto gasto de energía y, por más que sean virtuales, son altamente contaminantes, pero ya llegaremos a ese punto.

Stefy Jaugust, curadora Diderot.Art, el primer sitio de e-commerce de arte argentino que ya lanzó su propia galería virtual e inclusa una colección de obras en NFT, explicó a Infobae Cultura: “La tecnología blockchain ha permitido darle el sentido de ‘escasez’ necesario al arte digital para el interés de los coleccionistas. Los NFT permiten certificar el arte digital como pieza única o de edición limitada impulsando así su valor en el mercado. El crecimiento está absolutamente ligado al crecimiento e interés que vienen teniendo las cripto monedas. Y está acercando nuevas audiencias a la compra de arte y el coleccionismo. Por el lado de los artistas, el acceso tan democrático y sencillo al minteo de obras (cualquiera puede hacerlo) y que exista la posibilidad de una venta millonaria es algo bastante tentador como para no intentarlo”.

Año 0 – A.B. (Antes de Beeple)

Pero antes de Beeple hubo otros fenómenos en el metaverso. Uno de los primeros, los CryptoPunks, lanzados en 2017. Se hicieron 10 mil y cualquier persona que tuviera una billetera en Ethereum podía adquirirlos gratis. Los creadores se quedaron con dos mil, en una clara movida especulativa sobre lo que podía pasar. Uno de ellos llegó a venderse por USD 150 mil. Visionarios.

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Un CryptoPunk, un CryptoKitty y Neon Cat

También está el caso de los CryptoKitties, un juego de blockchain en Ethereum que permite a los jugadores comprar, recolectar, criar y vender gatos virtuales. Algunos de los CryptoKitties más antiguos empezaron a activarse nuevamente llegando a venderse por USD 170 mil en septiembre de este año y solo en 24 horas se realizaron transacciones por más de USD 7 millones en la línea Génesis, que son los 100 primeros creados. En la actualidad, hay más de 2 millones de gatitos en la colección.

Y ya que hablamos de gatos, el famoso meme del gato volador, Nyan Cat, animado con un cuerpo Pop-Tart que deja un rastro de arcoíris, creado por Chris Torres, llegó casi a los USD 600 mil como NFT, el primer tweet de Jack Dorsey, cofundador de la plataforma del pajarito, alcanzó a los USD 2 millones y medio, y el youtuber devenido en actor Logan Paul aumentó su patrimonio en más de USD 5 millones por vender tarjetas digitales intercambiables. Y así, la lista de casos continúa y continúa y continúa. Y continúa.

Historia de un Boom

Para los especialistas el crecimiento de la tecnología NFT fue paradójicamente esperable y a la vez inesperado. La primera como un desarrollo natural de lo cripto en el campo de las divisas y los bienes, siendo ya las monedas virtuales parte de las transacciones económicas y con un valor cultural en sí: algo vale determinado dinero porque un grupo de personas está dispuesto a pagarlo.

La explosión de NFT fue veloz, pero no puede dejar de leerse como un fenómeno lógico desde la perspectiva sociológica de un mundo en pandemia, que generó una imposibilidad de relacionarse con objetos físicos y con los virtual siendo el centro de toda interacción.

Antes del aval de Christie’s, el fenómeno NFT ya era un campo con claras evidencias de especulación financiera, pero aquel evento supermillonario la llevó a un nivel de exposición y por ende de atracción mucho mayor, inesperado.

Tomemos el caso de Beeple. En una entrevista con Insider aseguró que conoció la tecnología NFT en septiembre de 2020. Si bien venía trabajando en sus diseños desde 2017, su ingreso al metaverso es reciente y ya para octubre había vendido un video de 11 segundos, Crossroad, por USD 66 mil a Pablo Rodríguez-Fraile, inversor estadounidense y cofundador de la plataforma Aorist, quien a su vez lo revendió en febrero de 2021 por USD 6,6 millones. En el medio, Beeple ya había liquidado licencias de propiedad por USD 3,5 millones en otros trabajos. O sea, en 6 meses pasó de vender por USD 66 mil a la subasta record. Pero no todos pueden ser, ni son Beeple.

En ese tiempo la estrategia del diseñador, ya que rehusa a ser llamado artista, generó un comportamiento a futuro sobre la comercialización. Antes de la subasta de Christie’s, había realizado a través de MakersPlace, un mercado online de NFts, una venta de varias piezas a un dólar cada una, en lo que se llama Drops. El sitio recibió 450 mil intentos de compra por segundo y se cayó al no poder sostener la demanda.

De esta manera, Beeple no solo hizo “ruido” día antes de la gran venta, sino también se aseguró ingresos a futuro porque cada uno de esos diseños que cuando se revendan -y seguro muchos ya lo han hecho- le darán una ganancia del 10 por ciento. Para cerrar el círculo, Beeple también lanzó un kit que convierte ese NFT intangible en tangible, con un reproductor que las convierte en un objeto digital físico. Pero no lo hizo solo, detrás de toda la campaña estuvo Ryoma Ito, cofundador de MakersPlace, que se asoció con Christie’s para llevar adelante la exitosa estrategia de posicionamiento.

Año 1 – D.B. (Después de Beeple)

Alberto Echegaray Guevara es un artista y empresario, autor de las obras Global Lie y Money Talks, relacionadas a las criptodivisas, además de jurado de la primera edición del Premio B·Arte, un concurso con premios en bitcoins. En diálogo con Infobae Cultura, explicó las vertientes económicas del boom:

“Hoy se combinan varios factores. Pero el principal es que hay un montón de liquidez en el mundo sobre todo después del tema del Covid-19. Todas esas emisiones y ayudas de los gobiernos, además del ahorro que se produjo en la pandemia, lo que está provocando es que millones de personas -que no se fueron de vacaciones, que dejaron de consumir ciertos productos porque estuvieron en sus casas-, empezaron a virar ese dinero hacia elementos digitales y artículos de lujo. En los Estados Unidos todas las marcas de lujo han roto sus récords de venta. Por ejemplo, si querés comprarte un Rolex nuevo tenés que esperar 2 años y medio por la demanda que existe. Entonces, se busca otro tipo de inversiones y lo cripto es una de ellas”.

El empresario explicó que tras la subasta el fenómeno no solo afectó al valor de las NFTs, sino también alteró todo el ecosistema de las plataformas digitales que los concentran: “Las valoraciones de las compañías son algo muy interesante para entender ese crecimiento. Las compañías cripto tienen una ronda de inversión cada tres meses, cuando lo normal era que suceda una vez por año o cada dos. Por ejemplo, Opensea apenas había hecho una ronda por USD 2 millones hace un año y medio, y hoy es una compañía que vale más de USD 1.000 millones, donde de repente pasó de un volumen de unos USD dos o tres millones de dólares al mes a casi USD 300 ó 400 millones y con picos a 600. Eso es una locura total. Lo de Beeple potenció a todo el ecosistema”.

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Alberto Echegaray Guevara

Una idea democratizante

“La creación de las obras digitales data de los años 80, pero nunca había logrado consideración en el mundo del coleccionismo. La tecnología blockchain le abre un nuevo camino y las nuevas generaciones, nativas digitales, sin duda tendrán un interés natural en este arte”, dijo Stefy Jaugust de Diderot.art.

Uno de los conceptos más repetidos ante este nuevo escenario es el de la democratización del sistema de compra-venta, que relaciona a los creadores con los vendedores de una manera diferente a la conocida en el sistema físico.

Si bien se plantea el fenómeno como una democratización que elimina la mediación de galeristas o marchantes, por ejemplo, esto es cierto hasta un punto, ya que cualquier creador digital puede generar un contenido a ser vendible pero de todas maneras necesita de un sistema que lo avale, aunque no sea físico, para poder llevar adelante su trabajo como sucedió con Beeple y MakersPlace.

Jaugust comentó: “Generalmente lo que más se lee sobre este tema son estas ventas extraordinarias como las del artista Beeple, pero en el mundo todos los días aparecen nuevas plataformas e infinidad de obras se crean. A raíz de eso, creo que el rol de la galería y el curador empieza a tener nuevamente importancia en este nuevo sistema de arte. Un rol de selección y evaluación de calidad de la obra que genere un marco de contención y confianza para el comprador”.

Echegaray Guevara agregó: “Si mirás el mercado del arte tradicional, según los últimos informes hay 3.800 coleccionistas fuertes que se llevan, básicamente, la mayoría del arte, desde el Renacimiento al moderno y contemporáneo. Son los principales compradores y pertenecen a un mundo económico aparte. En el caso de los NFTs es completamente diferente porque son nuevos compradores y están impulsados por varias cosas que son totalmente diferentes al otro mundo. Pensémoslo así: un Damien Hirst tiene 700 mil seguidores, un Beeple está alrededor de los 5 millones y un porcentaje altísimo son personas ricas en cripto y relacionadas a la economía en sí misma y eso hace toda la diferencia”.

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Diderot.art, tiene su propia galería virtual y fue pionero en el arte digital en NFT en Argentina

Además de MakersPlace o Opensea existen un sin fin de mercados, como SuperRare, Rarible, Async, KnownOrigin, y Foundation, por solo nombrar algunos. Y de hecho, Pablo Rodríguez-Fraile, aquel “descubridor de Beeple”, es una especie de marchante digital, que tiene su propia galería de arte en el metaverso, donde apuesta por un grupo de artistas.

“Estamos ante una revolución cultural, una democratización tanto de venta como de compra, pero también ante un periodo muy volátil y de incertidumbre y poca infraestructura. Dependiendo de varios factores, le recomendaría a los artistas que la colección que se presente como primera obra sea algo con sentido, que añada valor, que no sea una copia”, dijo Rodríguez-Fraile en una entrevista en youtube.

Y es que el boom ha generado una sobreoferta, con diseñadores subiendo sus trabajo a raudales, por lo que el valor a futuro es netamente especulativo y dependerá, de alguna manera, no solo de los trabajos que puedan llegar a realizar sino también de los canales y los connaisseur que los apadrinen o compren su obra para reventa. Por otro lado, está la cuestión subjetiva del concepto estético. Si se ingresa a estos market places se notará ciertos patrones que remiten a otros casos de éxito del pasado. El océano de NFT’s está compuesto por pececitos de colores estridentes, imágenes de 8 bits y mucho gif.

La vida es una burbuja

Una burbuja financiera es un fenómeno que se produce en los mercados y, grosso modo, está relacionada con una especulación que produce una subida anormal del precio de un activo y luego de un tiempo un crack, debido a la venta masiva de ese activo cuando hay pocos compradores dispuestos a adquirirlo.

Desde la “crisis de los tulipanes” en los Países Bajos en el siglo XVI la historia tuvo grandes ejemplos, por eso resulta normal que ante la rápida escalada de los valores y así como también de la oferta, el concepto merodee como un fantasma todos los debates en torno a las NFTs.

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Vignesh «MetaKovan» Sundaresan compró la obra de Beeple por USD 69 millones

Nadie puede asegurar qué sucederá con este mercado, y si alguien lo supiera sin dudas no compartiría la informacón. Pero para Echegaray Guevara existen algunos indicios y el principal es que se repiten algunas características similares al de internet de “finales de los 90s, donde básicamente había una liquidez enorme y un componente de especulación”, que devino en la profunda caída del 2000.

“Se están usando los NFts como colateral para un montón de negocios, como para acceder a un préstamos en cripto (NdR: activo que sirve como garantía). Todo esto siempre se corrige, se corrigió Internet en su momento, desaparecieron un montón de compañías y siguió Internet. Pienso que el cripto es un sistema económico paralelo real; hoy el market cap (NdR: capitalización bursátil de una criptomoneda) del cripto es un poco menos que todas las reservas de bono del tesoro norteamericano en China, alrededor de los 4 trillones de dólares. Además, hay una gran cantidad de inversores privados entrando, la banca privada y van a ingresar los fondos de cobertura, los famosos hedge founds. Eso le va a dar un valor a ciertos activos de cripto que va a ser muy interesante. Hay especulación, sí, pero tanto en NFTs como en todo lo que es cripo y el escenario es muy parecido al de 1996″.

“¿Todo lo que se compra va a valer lo mismo en cinco años? Creo que hay cosas coleccionables como los Kryptopunks que seguirán siendo redituables, pero con los nuevos jugadores algunos van a sobresalir y otros, no tanto. A su vez creo que hay algo que todavía no terminó de explotar que es la integración de estos NFTS al gaming y al metaverso. Este tipo de obra de arte le dará vida a los espacios virtuales del futuro, en los que te encuentres con otras personas. Y ni hablar de los avances que se están produciendo en los hologramas, que serán de altísima definición en muy poco tiempo”.

En ese sentido debe leerse el cambio de nombre de Facebook -que también controla Instagram y WhatsApp- que pasó a llamarse Meta, en una clara movida de apropiación de una nominación de un territorio virtual ya axistente y a la vez en una apuesta a dominarlo a futuro.

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Visitantes delante de una instalación de arte inmersivo titulada «Machine Hallucinations – Space: Metaverso» del artista mediático Refik Anadol, que se convirtió en NFT y subastó por Sotheby’s (REUTERS/Tyrone Siu)

Por otro lado, para Echegaray Guevara otro de los puntos que marca la incertidumbre sobre si es una burbuja o no está relacionado a los posibles cambios de hábito en lo que hace al consumo y la distribución del arte. “Las NFTs van a permitir que ya no se necesite transportar obras, que se puedan hacer ferias en 20 ciudades al mismo tiempo con una calidad increíble y a la vez una revolución completa en la distribución y sistemas por los cuales podes disfrutar de obras que podrán ser estáticas, activas o interactivas”, comentó.

Si el fenómeno NFT es una burbuja o no es algo que dirá el tiempo. Pero sin dudas la superproducción de arte digital y los valores que se pagan en la actualidad se reacomodarán en el tiempo, cuando los sistema de control -hoy inexistentes (Ver abajo “Tierra de opotunidades..”.– y legitimización de creadores sean mayores, ya que esto también producirá que los coleccionistas se interesan por trabajos/artistas en particular achicando el margen de posibles pérdidas. También la oferta en algún punto podría superar ampliamanente a la demanda, lo que podría devenir en una caída de precios.

Por otro lado, la fluctuante economía global no asegura que el mercado de las criptodivisas y NFTs se mantenga estable o en un crecimiento constante. De hecho, a principios de diciembre se produjo una profunda caída de las principales critptomonedas por cuestiones relacionadas a la pandemia y cuestiones económicas de EE.UU. Por más que sea en el mundo virtual, la especulación es una moneda al aire y se desconoce de qué lado caerá.

De museos, ferias y galerías

En el mientras tanto, los museos también ingresaron a este mundo buscando oportunidades o dinero rápido ante la creciente demanda. El caso más destacado es el del estatal Hermitage de Rusia, que primero organizó una subasta NFT con reproducciones de sus obras físicas en gran resolución y que lo llevó a recaudar USD 400 mil.

Luego, tuvo su primera exposición totalmente virtual y gratuita de arte digital NFTizadas llamada “Éter invisible” y se basó en el concepto de metaverso, donde se permitió a los usuarios crear avatares digitales y navegar por el sitio virtual utilizando PCs, teléfonos inteligentes, anteojos de realidad virtual y otros dispositivos. El dato de color es que el sitio imitaba los interiores de la histórica Bolsa de Valores de San Petersburgo, pero desde el museo aseguraron que no tenía fines comerciales, por lo menos por ahora.

Pero no fueron los únicos. las galerías Uffizi en Florencia vendieron una versión digital autenticada de Doni Tondo de Miguel Ángel, el Museo Británico vendió 200 NFT Hokusai -con valores de USD 1300 a 13000 cada uno- en asociación con la start-up francesa LaCollection, mientras que la galería de arte Whitworth en Manchester vendió una edición limitada basada en The Ancient of Days de William Blake.

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«Doni Tondo» de Miguel Angel

EL MoMa fue uno de los últimos en sumarse, mediante la plataforma Feral File, y una exposición del artista Refik Anadol, “Unsupervised”, donde las obras fueron creadas mediante el uso de un modelo de inteligencia artificial con los metadatos públicos de la colección del museo (desde pinturas hasta fotografías, automóviles y videojuegos). Por supuesto, las piezas se pusieron a disposición de los coleccionistas como tokens no fungibles.

En esta pequeña lista todos son oferentes, del otro lado del mostrador, entre los compradores, los ejemplos se reducen. Hasta el momento solo The Institute of Contemporary Art, de Miami, hizo pública la compra un Cryptopunk NFT.

En ese sentido, los museos o galerías de colecciones aún no se han sumado al boom NFT y las razones pueden ser varias. Aquellas que sí lo hicieron claramente entienden al negocio como una manera de ingresar dinero en medio de la crisis global que generó la pandemia por los cierres de las puertas. Recordemos que hasta el año pasado no eran pocos los espacios que abrían la posibilidad de vender obras físicas para poder cubrir gastos de mantenimiento, mientras otros achicaron sus equipos de manera drástica con despidos o suspensiones.

Más allá de ser un posible bálsamo, los NFTs representan una alta inversión de riesgo y no existe aún un consenso general, más allá de Beeple y algunos más, sobre los artistas/diseñadores que se podrían ingresar a un acervo. Además, como espacios en muchos casos más que centenarios, sus estructuras de decisión -sea directores y/o comisiones- se rigen por las normas de un mundo analógico, donde si bien el intercambio monetario puede ser virtual, el objeto sigue siendo físico. Por otro lado, se debe tener en cuenta que la construcción de las colecciones, más allá de los bolsillos de cada museo, se produce desde una mirada curatorial academicista, porque aún cuando se adquiere arte contemporáneo se accede a un concepto/obra que ya tiene su validación textual dentro un contexto social.

Otro de los grandes inconvenientes para dar el paso hacia piezas físicas NFTizadas son los derechos de autor. Si bien cada país tiene sus normas con respecto a estos, la donación de una pintura, por ejemplo, se produce dentro de un determinado acuerdo, como ser expuesta, pero no existen cláusulas de explotación comercial en la mayoría de los casos. Diferente es el caso de las obras de los bienes adquiridos por el Estado y puestos a disposición de un museo, o de las obras que de tan antiguas pueden ser reproducidas sin tener que pagar un canon, como sucedió en el caso del Hermitage.

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«El Anciano de los Días» en versión multiespectral como NFT

En el caso de la Whitworth Art Gallery, perteneciente a la Universidad de Manchester, se puede apreciar que las aproximaciones tampoco deben ser tan lineales, como sucedió con el museo estatal ruso. El espacio británico contó con la colaboración de Vastari Labs en su proyecto William Blake NFT. La pieza fue la acuarela del siglo XIX El Anciano de los Díasy en vez de tokenizar la obra de arte original, vendió una edición limitada de una imagen multiespectral para evitar posibles problemas de derechos de autor. En total se realizaron 50 NFT, dos se quedaron en la institución y el resto se vendió a través de la cadena de bloques Tezos, con precios a partir de 999 tez (aproximadamente USD 2.900). Según la galería, las ganancias se utilizaron en un fondo comunitario de Whitworth y se destinaron para su uso en proyectos destinados a aplicar enfoques artísticos a la educación, la salud y el medio ambiente, en asociación con organizaciones y comunidades locales.

Los museos aceleraron su ingreso al mundo virtual durante la pandemia, digitalizando a dos manos con el fin de mantener una comunicación y reforzando su rol en las redes sociales, pero aún miran con desconfianza las piezas surgidas en una computadora, sean NFT o no, y esta separación de las nuevas tecnologías es un debate que deberán tener en algún momento ya que el cambio en los usos culturales de las nuevas generaciones ya se produjo y los niños de hoy construyen una relación con el arte que claramente no será solo físico, como sucede con los de ayer. Creer que los hábitos de consumo se sostendrán con el tiempo ante el tremendo cambio que significa lo digital en las últimas décadas es una idea romántica, idealizante hasta un punto, del espíritu humano.

Sin dudas que el coleccionismo de óleos sobre lienzos no desaparecerá, como tampoco el público que desee ver la pincelada en la tela, pero de la misma manera que el arte moderno, desde el ready-made, y parte del contemporáneo construyen sentidos por cuestiones históricas ligadas al desarrollo tecnológico y los cambios que producen en el devenir de la cotidiano también habrá toda una nueva camada que buscará su propio marco de referencia a partir de una construcción mediatizada por las pantallas.

Hay un dato que marca un poco esta pauta. De acuerdo a un informe de Christie’s las NFTs han introducido una audiencia más joven y global en el mundo del arte. Por ejemplo, el 73 por ciento de los solicitantes de registro para sus subastas de NFT nunca antes habían ofertado en la casa de subastas.

Por su parte, las ferias de arte, que este año comenzaron el camino de la presencialidad, también se sumaron a la Revolución NFT con mucna fuerza. El caso más cercano es el de la Semana del arte de Miami, que podría pensarse como el primer gran evento de multiofertas NFT a tan punto que la ciudad incluso colocó 50 carteles digitales con obras de arte y un código QR para comprar una copia de la pieza.

Por otro lado, varias galerías dentro de la Art Basel Miami presentaron sus propuestas digitales y se desarrolló la exposición “Humanos + Máquinas: NFT y el mundo del arte en constante evolución”, realizada en colaboración con la moneda blockchain Tezos, en la que los visitantes pudieron crear retratos de sí mismos en IA y acuñarlos como NFT, y que además contó con una serie de obras de artistas generativos y NFT como Helena Sarin, Matt DesLauriers, Sutu (Stuart Campbell), Iskra Velitchkova y Mario Klingemann (Quasimondo).

También se realizó la Conferencia NFT BZL – que reunió a curadores, artistas, críticos, inversores y coleccionistas en paneles de debate, galerías digitales y, obviamente, subastas-, o sea, una movida “educativa” con miras al futuro; en el Hotel Faena, por ejemplo, se subastaron NFT en asociación con Aorist, plataforma dedicada al cruce entre arte, tecnología y conciencia ambiental que funciona con Algorand, el primer servicio de blockchain carbon negative; Beeple dialogó con el pintor Peter Saul y el coleccionista Adam Lindemann en el marco de Curator Culture, y galerías como Wynwood Studios o Piero Atchugarri, por nombrar algunas, lanzaron sus NFTs al mercado. Un mundo de pescadores lanzando hacia el mar sus redes digitales, y habrá que ver cómo evolucina durante los encuentros internacionales de 2022.

Sin dudas es en el mundo de las galerías privadas donde más se está apostando al criptomundo, aunque tampoco es algo masivo, por razones similares en un punto a la de los museos, pero más que nada en la falta aún de un mercado de coleccionistas sólido monteriamente dispuestos a tomar riesgos.

Tierra de oportunidades, tierra de nadie

El boom NFT produjo que los estafadores ingresaran a escena con mucha fuereza, en búsqueda de coleccionistas/compradores incautos. Ya para marzo la plataforma de prevención de fraudes Bolster había denunciado cuatro estrategias utilizadas para conseguir datos, como el phishing, las promesas a cambio de algo disfrazadas de airdrop o distribución gratuita de tokens, por ejemplo. De hecho, para inicios de año, hubo un sospechoso aumento de registro de casi un 300% de sitios con nombres de otros ya existentes como Rarible, OpenSea y Audius.

Después están los lanzamientos de novedosos productos que crean una fachada virtual para atraer inversores. Uno de los casos más resonantes fue en octubre pasado, cuando desde el sitio Evolved Apes se vendieron más de 4 mil tokens no fungibles por un valor de USD 2.7 millones de monos vistiendo como personas y el compormiso de regalos y un juego de lucha que se empezaría a desarrollar pronto. Luego, el creador desapareció, cerró la página y sus cuentas de redes sociales con destino incierto, estafando así a los compradores.

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NFT de Evolved Apes

Un tema no menor es que varias cadenas de bloques, como la popular Ethereum, están descentralizadas y esto permite el anonimato, y si bien son transparentes, ya que se puede rastrear cada transacción, resulta difícil conocer la identidad real de los estafadores que usan billeteras anónimas.

Ahora bien, el discurso de la democratización y sus implicancias suena muy bonito e inclusivo, pero encierra una trampa que aún se pudo resolver: el plagio. Sí, el plagio.

Es paradójico que la marca NFT llegara justamente para hacer que fueran reconocidos los derechos de autor de una pieza, pero a su vez no hay un sistema algorítmico que pueda verificar que esa pieza realmente lo es. Allí todo queda en un limbo donde la credibilidad está dada por el soporte a través de la cual se la adquirió. Y eso tampoco es suficiente.

El problema radica en su gran ventaja: el poder de cualquiera subir una imagen. Los usuarios/diseñadores/artistas pueden ser desconocidos, es más, la mayoría de ellos suben piezas bajo seudónimos, por lo que la identidad pasa a un segundo plano. Y si bien este es uno de los aspectos democratizantes, permite también la creación de seudónimos que venden NFTs como originales que no han sido creados por ellos.

El artista español Jaime Sanjuán, dueño hasta ahora de la venta de cripoarte más cara de su país, relató en su canal de youtube una de estas experiencias: “Cuando creas un NFT a la plataforma le da exactamente igual de dónde ha salido. Puedes hacer un pantallazo de una obra de arte creada por otra persona y no pasa nada”.

Relató entonces la experiencia de uno de sus alumnos, quien compró un NFT sorpresa en Liquidify, un market place, por 10 dólares, un precio barato para el mercado, pero que tenía como condición no poder abrirse hasta que no se vendieran las 10 mil copias sacadas a la venta; o sea, un negocios de USD 100 mil. Cuando esto sucedió, descubrió que el NFT sorpresa era en realidad una obra que él había realizado a partir de un tutorial de Sanjuán. Si no se hubiera dado esta casualidad, jamás hubiera notado el eñgaño.

Una inversión de alto poder contaminante

Es quizá el tópico menos simpático, y por ende del que menos se escribe. Las noticias alrededor del NFT suelen girar en torno al dinero, sobre todo el que genera en casos particulares.

Para sintetizarlo sin entrar en un laberinto de tecnicismos, cuando un artista clickea para crear un NFT, esto desencadena un proceso llamado “minería en red”, que consiste en validar y agrupar las transacciones hechas por los usuarios dentro de una red X que luego serán unidos a la cadena de bloques, la Blockchain. Este proceso genera una nueva cantidad de objetos (monedas o NFT´s) digitales que serán otorgadas al minero, junto con las comisiones pagadas por quienes realizan las transacciones que componen el bloque adicionado, que es un elemento para brindar seguridad a la red.

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Mina ilegal en Inglaterra

Entonces, detrás de cada click se necesita una enorme potencia informática que deviene en emisiones de gases de efecto invernadero muy altas. En ese sentido, las “mineras” ilegales aparecen en todas partes del mundo para poder mantener la crecimiento sostenido del mercado. Y la “minería” también es democrática, ya que cualquier persona puede iniciarse sin poseer el hardware necesario, sino a través de un centro de procesamiento de datos remoto y compartido en la nube pagando el servicio.

Pero, ¿cuánta energía necesita un NFT?, ¿cómo es posible que su huella sea tan alta? Hasta marzo de este año existió un sitio, cryptoart.wtf, que justamente permitía medir cada pieza y mostraba su equivalente en el uso de electricidad de un residente promedio de Estados Unidos.

El caso de Space Cat, un NFT que es básicamente un GIF de un gato con destino a la Luna, fue levantado por medios y causó tan nivel de indignación que Memo Akten, creador del sitio y artista digital, decidió levantarlo porque consideró que era utilizado “como una herramienta para el abuso y el acoso” a los artistas digitales y a él en particular.

Space Cat tenía una huella de carbono equivalente al uso de electricidad de una persona durante dos meses. Y si bien analizó 18 mil NFT más, en los que el promedio de la huella fue inferior al de Space Cat, los datos tampoco fueron reconfortantes: cada pieza equivalía a más de un mes de electricidad.

CryptoArt.wtf fue diseñado para compartir la mejor información disponible sobre el uso de energía y el impacto ambiental de los crecientes mercados de CryptoArt y NFT basados en pruebas de trabajo (PoW)”, explicaba. Y agregaba: “Tenemos la responsabilidad de ser críticos con las empresas cuyos valores se oponen a los valores que deseamos que avancen, mientras trabajamos simultáneamente para construir y apoyar plataformas equitativas que eviten daños sin sentido a nuestro planeta. CryptoArt es una pequeña parte de las emisiones globales. Nuestras acciones en este espacio son un reflejo de la mentalidad que necesitamos en nuestros esfuerzos por lograr un cambio sistémico a mayor escala”.

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Representaciones de las criptomonedas Bitcoin, Ethereum, DogeCoin, Ripple y Litecoin

Si bien el problema no suele ser centro de debate en los medios, eso no significa que no exista una conciencia sobre el mismo, por lo menos en el ambiente del arte, aunque no hay una postura ni dirección generalizada. Mientras algunos espacios buscan soluciones, otros sencillamente lo niegan por su silencio.

Entre los que alzaron su voz se encuentra Blockchain for Climate Foundation, que creó una plataforma, BITMO, que tiene como fin “que los países del mundo finalmente pongan en funcionamiento el Artículo 6 del Acuerdo de París” sobre la reducción de emisiones y la gobernanza de los mercados de carbono transfronterizos.

“Los resultados de las reducciones de emisiones son los activos más importantes del mundo y pronto estarán entre los más valiosos. La plataforma BITMO, construida sobre Ethereum, vincula la oportunidad de reducir las emisiones con el capital y la demanda, creando el futuro que necesitamos, más rápido”, aseguran.

Los principales mercados, que incluyen MakersPlace, Nifty Gateway y SuperRare, realizan sus ventas a través de Ethereum, que mantiene un registro seguro de transacciones de criptomonedas y NFT a través de la minería. Los desarrolladores de Ethereum están buscando una forma menos intensiva en carbono, llamada prueba de participación, a través Ethereum 2.0, pero continúa en proceso de prueba. Sin embargo, este solo paso produjo que otros, como SuperRare, también busquen alternativas más eficientes para realizar transacciones. Pero todo siguen siendo promesas.

Fuente: Infobae