Trans, gordas, marcadas: las revistas de moda revolucionan sus portadas

Publicaciones líderes hacen sus tapas con cuerpos que antes no se consideraban bellos. ¿Liberación o demagogia?

asdasda

El culto a la delgadez ​–¿al raquitismo?- y la “perfección” de los rasgos estéticos, que durante las últimas décadas promovieron la industria de la publicidad y de la moda –con pasarelas y anuncios dominados por mujeres mayoritariamente blancas, altas, presumiblemente heterosexuales, por poner una imagen gráfica-, parece tenerlos días contados: en una época en que las mujeres se empoderan detrás de las reivindicaciones de género y reclaman por la ampliación de sus derechos, las revistas femeninasse atreven a flexibilizar los estereotipos históricos y varían las formas de belleza que exhiben en sus tapasUna apertura que merece ser celebrada, incluso si se produce porque la diversidad –de talla, étnica, racial, sexual, estética- se acepta mejor socialmente y, por ende, vende más y mejor.

Un ejemplo contundente en este sentido es la última tapa de Vogue, que celebra la dualidad sexual, en este caso de un muxe (o muxhe):  hombres de una localidad mexicana que se visten con atuendos coloridos y floreados y ejercen su rol –masculino o femenino- dependiendo de las circunstancias: puede ser que en ocasiones se vean como varones y en otras como mujeres. Este autodenominado ‘tercer género’ vive y se expresa libremente en el estado de Oaxaca.

Estrella Vázquez. Una muxe en la tapa de la revista Vogue.

Estrella Vázquez. Una muxe en la tapa de la revista Vogue.

La modelo de tapa se llama Estrella Vázquez y es originaria de Juchitán: en las fotos porta orgullosa su traje zapoteca y se niega a ser encasillada como integrante de un único género. Y Pedro Enrique Godínez Gutiérrez, uno de los retratados en esta edición, que coprodujeron la Vogue inglesa y la mexicana, también puede pasearse por las calles de Juchitán como La Kik,
, de acuerdo a lo que le venga mejor en determinado momento. 

Otro caso histórico para las revistas femeninas fue el de la actriz oaxaqueña Yalitzia Aparicio –protagonista de la película Roma, en la que encarnaba a una empleada doméstica-, que alcanzó el mismo status en la tapa de Vogue, con sus rasgos indígenas, acaparando la atención del mundo en diciembre de 2018.

Que en una sociedad como la mexicana, una mujer de origen mixteco se impusiera como la protagonista de la revista de moda más influyente fue un paso decisivo y que despertó tantos elogios como violentas reacciones de disgusto en las redes: le escribían “fea”, “prieta”, “naca” (lo mismo había ocurrido cuando, en 1974, Beverly Johnson se convirtió en la primera mujer afroamericana en aparecer en una portada de Vogue; llovieron los insultos, tanto a ella como a la publicación.)

Yalitzia Aparicio. Rasgos indígenas en la tapa de Vogue.

Yalitzia Aparicio. Rasgos indígenas en la tapa de Vogue.

Y también RuPaul, estrella del popular show televisivo «RuPaul’s Drag Race», que se emite en los Estados Unidos, será figura de tapa de Vanity Fair, en su edición del 3 de diciembre. En el artículo, esta drag queen habla sobre su nueva serie de Netflix, AJ and the Queen.

RuPaul, drag queen en la tapa de vanity fair tapa revista femenina

RuPaul, drag queen en la tapa de vanity fair tapa revista femenina

En los últimos meses,otras portadas impactantes empiezan a mostrar a mujeres de curvas pronunciadas y modelos plus size (con sobrepeso), a drag queens que deslumbran con su exuberancia y colorido, a mujeres de color: indirectamente, invitan a discutir o redefinir nuevos parámetros para un debate urgente: ¿qué escala de valores se ponen en juego en una determinada concepción de belleza? La irrupción de las minorías en las nuevas portadas llama a atender a la singularidad e incluso la excentricidad.

Winnie Harlow. En las tapas con su piel con vitiligo.

Winnie Harlow. En las tapas con su piel con vitiligo.

¿Se rompe un canon hegemónico? ¿O simplemente hoy lo bien visto es la individualidad y la diversidad?

Adriana Amado, docente, investigadora y analista de medios, evita caer en una lectura ingenua del fenómeno: “La moda y la publicidad no inventan nada, sino que reflejan tendencias que se dan en sociedad para seguir generando impacto masivo y poder vender. En este sentido, si bien la flexibilización de los viejos cánones estéticos muestra una apertura, no hay que perder de vista que estos medios siguen siendo demagógicos, y van detrás de aquello que es más aceptado en determinado momento, en este caso la diversidad como valor, el individualismo, la singularidad. Estos también imponen estereotipos que empiezan a generar tendencia y provocan el reemplazo de un modelo por otro”, plantea. “Que se imponga un modelo más diverso, y que es mejor que el anterior, no implica que las mujeres vayamos a liberarnos de los mandatos sociales, simplemente estamos en un proceso pendular queabandona la uniformidad de las identidades masivas para celebrar las identidades tribales”.

“La moda y la publicidad no inventan nada sino que reflejan tendencias que se dan en la sociedad para seguir generando impacto masivo”


Susana Saulquin, reconocida socióloga de la moda, se siente por su parte fascinada ante un cambio cuyas consecuencias en el largo plazo todavía resultan impredecibles: “Sí, se modifican los cánones de belleza desde las portadas y esto es por impulso de las mujeres, que llevan adelante una revolución auténtica”, dice en diálogo con Clarín. “Hoy la publicidad y la moda se hacen eco de un fenómeno inédito por sus dimensiones y alcance, yno sólo dejan morir modelos ya prediluvianos de belleza sino que también redefinen lo masculino y lo femenino: captan lo que pasa en sociedad y elevan la apuesta. Seguramente impondrán una nueva ‘dictadura’ estética, en la que la originalidad y lo distintivo empiezan ejercer como imperativos. Lo que vemos es un cambio vertiginoso que juzgo positivo porque la diversidad es más tolerada, mientras que la uniformidad comienza a ser mala palabra”, explica.

Como parte de esta tendencia, revistas como Vogue, Elle, Cosmopolitan y hasta Playboy también han llevado a sus portadas a las llamadas modelos plus size: en 2016, la brasileña Fluvia Lacerdafue la primera conejita de talla grande que posó sin ropa para la revista fundada por Hugh Hefner.

Los lectores históricos de Playboy en un principio pueden haberse sentido descolocados pero finalmente celebraron la iniciativa: ¿dónde está escrito, después de todo, que el efecto piel y hueso que durante tanto tiempo impulsaron los gurúes de la moda resultaría más excitante que la voluptuosidad de esta rubia sensual y madre de dos hijos, de 39 años?

Fluvia Lacerda. La brasileña que rompió moldes.

Fluvia Lacerda. La brasileña que rompió moldes.

La tiranía de la imagen llevó a un sinfín de mujeres al quirófano para someterse a todo tipo de cirugías –amén de aquellas que, creyendo que así serían aceptadas o valoradas, cayeron en la bulimia o la anorexia-, pero eso parece estar cambiando, por fortuna. Es que, lejos de ser inocuos, los viejos estereotipos de belleza pueden ser también una forma de violencia contra las mujeres.

Fue el sociólogo francés Pierre Bourdieu quien acuñó el concepto de “violencia simbólica” para describir una relación social donde existe un “dominador” que ejerce un modo de violencia indirecta y no física en contra de los “dominados”. Como ambas partes entienden ciertas valores o variables como algo compartido, las naturalizan y reproducen a través del tiempo. Aunque para las mujeres empieza estar cada vez más claro que no siempre menos –kilos- es más.

“Qué increíble y maravilloso es ver tantas repercusiones positivas por ser la primera mujer ‘gorda’ en la portada de Playboy Brasil, ¡muuy agradecida por tanto cariño y apoyo!”, escribió Lacerda en su cuenta de Instagram cuando se enfrentó a las opiniones del público en las horas inmediatamente posteriores a la salida de “su” Playboy.

Otra elegancia. Viktoria Modesta, en la tapa de la revista Turn on.

Otra elegancia. Viktoria Modesta, en la tapa de la revista Turn on.

El caso de la canadiense Winnie Harlow, cuya imagen han llevado a sus tapas revistas líderes como Vogue, Elle, Marie Claire, Bazaar, es uno de los más impactantes: la modelo de color, de 25 años, padece vitiligo, una enfermedad de la piel que provoca manchas despigmentadas y que en su caso le dan una apariencia atigrada. En 2018, la modelo llegó a convertirse en “ángel” de Victoria’s Secret, marca líder mundial en lencería, que este año canceló su famoso desfile anual, argumentando justamente la necesidad de una “evolución” en su estrategia de marketing. Los ejecutivos de la corporación adujeron una crisis de identidad relacionada con los reclamos por la falta de diversidad exhibida en sus campañas y sobre la pasarela, tras haber sido señalados por los movimientos feministas que denuncian los estándares “imposibles” de belleza.

Un caso que sorprende, es el de Viktoria Modesta, cantante y modelo sin una pierna, que también llegó a las portadas y a la pasarela:¿apertura mental o estrategia de marketing de las marcas, destinada a extremar la singularidad y la rareza?

¿Cuál es un talle normal? Una modelo, en la revista Elle, una modelo.

¿Cuál es un talle normal? Una modelo, en la revista Elle, una modelo.

En simultáneo, otras marcas de primera línea, como Dove o Natura, han impulsado campañas orientadas a mostrar la belleza de las “mujeres reales”, con su celulitis, sus kilos de más, sus “imperfecciones”. Lo que sería, acaso, todavía más revolucionario: mostrar a las mujeres tal cual son. ¿Para cuando una señora común, de mediana edad y arrugas y lentes en la tapa de una Vogue? ¿No sería acaso más rupturista? 

“Llegaremos a una síntesis positiva cuando realmente respetemos la singularidad de cada mujer y entendamos que, aunque siempre buscaremos identificaciones identitarias masivas, porque las necesitamos, la tolerancia a la diversidad debe ser una realidad y no una moda”, piensa Amado.   

Fuente: Clarín