25 años sin Marguerite Duras, la escritora que contó la vida de su amante chino y abrió el camino de la autoficción

De carácter fuerte y muchas veces polémica, la escritora francesa creó novelas inspiradas en sus propias vivencias: en “El amante” cuenta la historia de una adolescente de 15 años y su relación amorosa con un empresario chino bastante mayor.

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Muchos la conocieron por El amante, la película de Jean Jaques Annaud estrenada a comienzos de los ’90, que contaba la apasionada historia de un amor ilegal entre una jovencita francesa de 15 años y un millonario chino, en la Indochina de los años 20. Entonces supieron, seguramente, que la historia era semiautobiográfica y quizás fueron en busca de la novela del mismo nombre que a poco de ser publicada, en 1984, superó rápidamente el millón de ejemplares vendidos y fue aclamada por la crítica. Es que gran parte de la vida de la escritora Marguerite Duras, de cuya muerte en París se cumplen este miércoles 25 años, fue volcada a una obra literaria compuesta por cerca de 40 novelas entre las que se destacan El vicecónsul y El amor y el célebre guión de Hiroshima, mon amour. Toda una obra en la que prevalece la operación literaria denominada “autoficción”, de gran circulación y popularidad en la escena literaria de la actualidad.

“Un día, ya entrada en años, en el vestíbulo de un edificio público, un hombre se me acercó. Se dio a conocer y me dijo: ‘La conozco desde siempre. Todo el mundo dice que de joven era usted hermosa, me he acercado para decirle que en mi opinión la considero más hermosa ahora que en su juventud, su rostro de muchacha me gustaba mucho menos que el de ahora, devastado’”. Así comienza El amante, obra que, si bien no ha sido considerada por la crítica como el libro más logrado de Duras, consiguió catapultarla a un reconocimiento mundial, con más de tres millones de ejemplares vendidos y traducciones en más de 40 lenguas. El amante la hizo a merecedora del prestigioso Premio Goncourt a las letras francesa, en 1984.

En gran parte, el suceso de esta novela se debió a la técnica de la “autoficción” o ficción biográfica, donde un autor toma hechos de la propia vida y los narra en clave de ficción. Al momento de escribir su obra más reconocida, Duras tenía 70 años, por lo que la obra constituye una remembranza de tinte erótico, una evocación de más de medio siglo que transporta al lector a los 15 años de la autora, la misma edad de la heroína de la novela.

Marguerite Duras, en 1955, en una ventana de París.

Marguerite Duras, en 1955, en una ventana de París.

Podría afirmarse que la historia, hasta aquí, es bien conocida. Sin embargo, quizás no tantos lectores están al tanto de la continuación de la saga. El amante chino de Duras –cuyo nombre verdadero era Lee Von Kim– la localizó muchos años después, siendo ya Duras una escritora célebre. Von Kim llamó por teléfono al departamento donde la escritora vivía en París y le dijo que aún la amaba.

En 1990, Duras se entera del fallecimiento de su antiguo amante, hecho que la impulsa a escribir El amante de la China del Norte, que vio la luz al año siguiente. Lo último que escuchó de él fue que se había convirtió en cristiano, se había casado con aquella mujer con quien su padre había arreglado el matrimonio y había formado una familia. Murió y fue enterrado en la misma ciudad de Vietnam donde ambos vivieron, durante un año y medio, su romance.

Veinticinco años después de su muerte, la escritora Marguerite Duras sigue siendo un mito literario. Foto EFE/ Marguerite Duras / John Foley / P.O.L

Veinticinco años después de su muerte, la escritora Marguerite Duras sigue siendo un mito literario. Foto EFE/ Marguerite Duras / John Foley / P.O.L

Nacida en Saigón, Vietnam, en 1914, la de Marguerite Duras fue una vida impetuosa y obstinada, atravesada por acontecimientos que, irónicamente, parecen sacados de la imaginación de un novelista. El desamor de su madre, con quien pasó su infancia en la por entonces Indochina francesa, marcó profundamente la vida de la escritora e hizo de ella un personaje controvertido en el que se entremezclaban las exigencias del corazón y los caprichos del cuerpo.

A los 18 años volvió a Francia, donde pasó por varias carreras universitarias antes de empezar a escribir. A los 29, cambió su apellido –Donnadieu– por el del pequeño pueblo francés, que albergaba la casa paterna: Duras, un poblado en el sudoeste de Francia. Se casó con el escritor Robert Antelme en 1939, pero poco después comenzó una relación paralela con el ensayista Dionys Mascolo, con quien tuvo un hijo.

Un film clásico. Emmanuelle Riva y Eiji Okada, en “Hiroshima mon amour” (1950).

Un film clásico. Emmanuelle Riva y Eiji Okada, en “Hiroshima mon amour” (1950).

Participó de la Resistencia Francesa durante la Segunda Guerra Mundial y su esposo fue enviado al campo de concentración de Dachau, en la Alemania nazi. Muchos de los contratiempos que Duras y Antelme vivieron a la vuelta de éste del campo de concentración fueron narrados posteriormente en la novela El dolor. De esa época son La impudicia y La vida tranquila, sus primeras obras.

Su narrativa está plagada de pasajes y frases que rozan lo poético, como “muy pronto en mi vida fue demasiado tarde”. Este rasgo se hace visible en su capacidad reflexiva, en los libros en los que, como una lúcida pensadora, reflexionó en torno a las artes de la escritura, donde afirmó que “un escritor es algo extraño, es una contradicción y también un sinsentido. Escribir es también no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido”.

"Hay películas que permanecen, hay otras que se disipan en las horas que siguen a su visión", observó Marguerite Duras.

«Hay películas que permanecen, hay otras que se disipan en las horas que siguen a su visión», observó Marguerite Duras.

La destrucción, el amor, la alienación social, son algunos de los grandes temas de Duras, visibles en toda su narrativa. La suya fue una historia tormentosa, de soledad y escritura, de palabras y de silencios que convivieron con intensos deseos.

Rebelde, inconformista, transgresora, Duras fue una escritora que se adelantó décadas a su tiempo. Hasta sus últimos días se involucró en debates políticos y sociales, afirmándose como una mujer decidida y fuerte, capaz de enfrentarse a la opinión de la mayoría, plantando cara al machismo de la época.

Su infancia y adolescencia en la antigua Indochina acentuaron también ese sentimiento de no ser como los demás. Tal vez este carácter polémico, sumado a la potencia de una obra inescrupulosa que esquivó cualquier tipo de cliché, es el responsable de que, a lo largo de sus 82 años, su obra literaria contara con tantos detractores como seguidores.

Algunos pasajes de su controvertido carácter han marcado a fuego el recuerdo de una anciana excéntrica y al borde de la locura. El más desagradable es sin duda un artículo en el diario Libération donde señalaba a la madre de un niño asesinado, Grégory Villemin, como supuesta autora de un crimen que sacudió al país en los años 80 y sigue sin resolverse.

Además de novelas, Marguerite Duras también escribió guiones.

Además de novelas, Marguerite Duras también escribió guiones.

Sus problemas con el alcohol, su relación con un hombre 38 años menor que ella y su soberbia manera de hacer prevalecer su opinión tampoco ayudaron a la imagen que el público guarda de ella.

«Escribir ha sido siempre lo único que llenaba mi vida, lo único que me separaba de la locura», confiesa en su ensayo Escribir. Además de su obra novelística, fue una notable guionista, precursora en la dirección de cine.

En respuesta a la personalidad explosiva y contestataria de la que se la acusaba, Duras se refugiaba en razón de ser, anteponiendo su oficio a cualquier otra realidad. «Yo soy una escritora, no vale la pena decir nada más».

Fuente: Clarín