Bruno Gelber, un genio del piano que conoce a la farándula y aún se pone nervioso al tocar

Dice que no piensa en el retiro y que le gustaría morirse sobre el teclado. La fama, las traiciones y el concierto que se verá el domingo 13 por streaming.

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Bruno Gelber, uno de los mejores pianistas del mundo y con cinco mil conciertos a lo largo de su vida, atiende a Clarín vía telefónica desde un piso alto en su departamento en el barrio de Once. Es de noche, tarde. “Me encanta la noche –dice con voz vivaz y pícara-. No por lo que normalmente se hace de noche, sino porque los ritmos circadianos están al mínimo y aflora mucho más lo espiritual. Cuando estas indagando en tu alma para ser digno de lo que estás interpretando, es más fácil”.

Su generosidad y cualidad inconfundible de buen anfitrión se proyectan aún en la mediación de la conversación telefónica. De inmediato, se instala un clima distendido. “Ponete tranquila –dice apena comienza la conversación- trátame como quieras y pregúntame lo que quieras”. Se crea la ilusión de una conversación cara a cara, en el living de su casa, aunque sin sus conocidos banquetes pantagruélicos con los que suele recibir a quien lo visite. “Yo contesto como quiero. Seamos libres los dos”, concluye.

Se escucha la televisión de fondo. Por las voces, parece un programa de algún canal abierto. Gelber conoce al detalle la farándula vernácula. En principio parecería incompatible que el mundo de la música clásica, donde se supone que todo es elevado y trascendente siempre, conecte con ese otro mundo. Pero Gelber desmiente ese prejuicio y en él se conectan de manera inusual, tan inusual como su grado de popularidad. “Yo trascendí el límite natural de la música clásica -explica el pianista-, que desgraciadamente es restringido. No se han hecho esfuerzos como en las otras músicas. Bien enviada, la música clásica hubiera sido tan conocida como la otra. Hay de todo en la música clásica: cosas de muy fácil acceso y comprensión”.

Bruno Gelber habló con Clarín vía telefónica desde su casa en el barrio de Once. No le escapó a ningún tema. Foto Juano Tesone

Bruno Gelber habló con Clarín vía telefónica desde su casa en el barrio de Once. No le escapó a ningún tema. Foto Juano Tesone

-¿A qué creé que se debe que lo conozca todo el mundo, aún la gente que no frecuenta la música clásica.

-Creo que hay algo misterioso, no sé por qué yo he trascendido. Me conocen la cara. Te voy a contar algo gracioso. Desde el 10 de marzo fui una sola vez al médico (por ninguna enfermedad, sino por un detalle), cuando entré estaba con barbijo y enseguida se me acercaron dos: “¡Bruno Gelber! ¿Qué viene a hacer?” ¡Hasta con barbijo me reconocen! Y pregunté cómo me reconocieron y me respondieron que por los ojos. Creo que tengo una cara que la gente recuerda fácilmente; mis cejas en acento circunflejo.

-Le gusta mirar televisión, de hecho comentó más de una vez que estudia técnica en el piano mientas mira películas viejas o algún programa. En una oportunidad fue a la emisión de Daniel Tognetti, se suponía que su intervención duraría apenas un cuarto de hora y terminó quedándose hasta el final. No parece tener prejuicios con los que se considera trivial, al menos los relacionados con la cultura televisiva.

Lo que pasa es que estoy acostumbrado a saber lo que digo. No digo lo que no quiero decir y no me dejo manejar. Hay distintos caminos para llegar a la gente. A mí me gusta también lo que es trivial o las cosas llamadas divertidas. No se puede vivir en un solo plano. Además, no podés cargar en tus brazos a los demás para llevarlos siempre a eso. Tenés que inspirarles lo necesario para que suban a ese plano.

-¿Le pesa cuando se refieren a usted como una leyenda viviente?

-Te hacen tener conciencia de que no naciste ayer. Hace un año, cuando di el último concierto en Paris, en la Revista Clásica me pusieron “París recibió una leyenda viviente”. Es muy lindo el título, aunque, más bien, están señalando que ya no tenés 20 años. Pero la única manera de vivir es tomar años, así que hay que conformarse. Hago todo lo que puedo para guardar una buena cara. Hasta ahora la guardo. Amo la vida, amo los seres, amo al público. Mirá, he tenido una vida azarosa. Alrededor del éxito y de los aplausos, los viajes, ser ciudadano del mundo, me han sucedido muchísimas cosas que me han dolido. Pero siempre tuve la fuerza, gracias a Dios, de seguir para adelante.

Bruno Gelber en el Teatro Colón, con la Orquesta Filarmónica de buenos Aires, en la Temporada 2018./Foto Prensa Teatro Colón

Bruno Gelber en el Teatro Colón, con la Orquesta Filarmónica de buenos Aires, en la Temporada 2018./Foto Prensa Teatro Colón

-¿Qué le molesta más de la fama?

-A veces piensan que el famoso es una persona con determinadas taras, y no es cierto. Juro que el hecho de ser conocido -para ser justo, más que modesto– no me da derecho a nada diferente que a los demás. Ahora, lógicamente, por ahí estamos acostumbrados desde chicos a cosas que son distintas. Lo de mi pierna me ayuda (NdR: sufrió poliomielitis de niño), me sostienen una puerta, me hacen pasar. Hay un montón de malcrianzas, que no tienen ninguna importancia, y que para nosotros a veces son normales.

-¿Cómo está llevando la cuarentena? ¿Tuvo o tiene temores?

-Estoy acostumbrado por mi trabajo a estar entre cuatro paredes. Lo único que me falta es que me vengan ver a mis amigos a la noche, a cenar, como lo hacían generalmente. Por otro lado, yo soy el resultado de una pandemia. Es una cuestión increíble, porque yo empecé con una gripe grande, me quedé en cama, en el cuarto contiguo al de mi hermana. Y ella no se contagió la polio y yo sí. Todavía conservo la sensación exacta de correr. Era muy movedizo, me encantaba correr y brincar. Pero me acostumbré a la inmovilidad. Al final, a esa pobre pierna la aprendí a querer, a pesar de que es fea y más flaca. Mi gran alegría fue mi primer concierto en el Teatro Colón, con pantalones largos para que no se viera la pierna. Toqué el concierto de Grieg, a los 14 años. Me llevó por todo el mundo y decenas de años he dado vueltas al mundo con esta pierna. ¡La admiro!

-¿De dónde creé que le viene esa fuerza para reponerse a todo?

-Creo que del amor a la vida. Como decía Rubinstein, gran amigo, (hice un capitulo en su filme L’amour de la vie, dirigida por François Reichenbach) no apesadumbrarse por las cosas y no pensar en el pasado; hay que mirar para adelante, guardar la experiencia de lo que dan los años vividos, pero seguir, seguir y seguir. Y agradecer a Dios cada día que te despertás por el hecho de poder estar vivo y hacer cosas.

Bruno Gelber habla del modo en cómo encara las partituras de Beethoven y de Mozart. Foto Prensa Teatro Colón

Bruno Gelber habla del modo en cómo encara las partituras de Beethoven y de Mozart. Foto Prensa Teatro Colón

-¿Se considera una persona religiosa?

-No religioso de ir a la iglesia todos los días a golpearme el pecho, pero profundamente creyente. Creo que la figura de Jesús es sublime. Creo en algo superior, y creo que hay que portarse bien porque de todas maneras, si te portás bien, y hay algo después, la vas a pasar bomba.

-Me parece que usted ya lo tiene ganado. A partir de ahora podría dedicarse a hacer maldades.

-No, fijate que no tengo el placer de eso. Tengo la conciencia de haberme portado mal una vez.

Bruno Gelber, al piano, junto a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, en el Colón. Foto Prensa Teatro Colón

Bruno Gelber, al piano, junto a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, en el Colón. Foto Prensa Teatro Colón

-¿Cuándo?

– (Se ríe) Estaba muy enamorado de alguien y esa persona tomó otro rumbo. Entonces acepté a alguien que me idolatraba, y aunque no me movía un pelo (sí en la amistad), acepté todo porque era la mejor manera para salir del dolor que estaba pasando.

-¿Duró mucho tiempo?

-No, un año.

-¿Quiénes son sus afectos más cercanos?

Tengo un amigo que vive conmigo. Somos amigos hace 25 años -solamente un amigo, y sigue siendo un amigo nada más, y así será siempre- me conoce súper bien y tenemos esa cosa de total independencia. Nos entendemos bien. Llevarse bien es un arte que no tiene nada que ver con el cariño. Es una cosa aparte, que concuerden las maneras de vivir, es lo más difícil.

Gelber, en su hogar. El pianista vive con un amigo hace 25 años. Y remarca que son sólo amigos y siempre lo serán. Foto Juano Tesone

Gelber, en su hogar. El pianista vive con un amigo hace 25 años. Y remarca que son sólo amigos y siempre lo serán. Foto Juano Tesone

-Hablando de convivencia, su relación con la música, y con algunos compositores en particular, lleva más de 70 años. ¿Cómo la vive?

-Honestamente, lo juro por mis manos, tengo música en mis oídos todo el tiempo. ¡A veces me harta! Nací casado con la música. Además fui parido en el sitio justo. Mi casa era el infierno musical: papá daba sus clases a la mañana o a la tarde, según sus ensayos en el Teatro Colón, y mamá tenía sus alumnos. Había tres músicas distintas conviviendo en un mismo momento. Y fue mi madre la que tuvo la inteligencia de no malcriarme por lo que yo despertaba. Siempre me dijo (tengo sus palabras en mis oídos): «Si querés ser pianista es porque vos querés. Y tenés que merecer eso trabajando mucho».

-¿Sintió alguna vez que tenía algo así como una misión?

-Nuestra misión es llegar a hacer sentir el centro vital al oyente en el momento en que estamos interpretando. La cuestión es sentir, lógicamente, pero no quedarse muerto de emoción, derretido, hay que guardar una parte de lucidez enorme para recordar que luego hay que pasárselo a los demás lo que uno siente. En el amor sentís y te morís de amor, y si no pensás en la otra persona, la otra persona se queda tejiendo.

-Este año se celebran los 250 años del nacimiento de Beethoven. ¿Cómo es Beethoven según Bruno Gelber?

-Aparte del genio sublime que todos saben que es, lo venero porque realmente sufro pensando en él por todo lo que ha sufrido. Se me han caído lágrimas viendo en el museo de la casa de Beethoven en Bonn todo lo que trataba de fabricar para poder oír. ¡Pobrecito!. ¿Sabías que estaba envenenado?

Bruno Gelber se siente decepcionado con un libro que escribió Leila Guerriero sobre él. Foto Juano Tesone

Bruno Gelber se siente decepcionado con un libro que escribió Leila Guerriero sobre él. Foto Juano Tesone

-No sabía. ¿Con qué sustancia?

-Los pescados del Rin tenían plomo porque las fábricas tiraban sus deshechos sobre el río. Y lo supieron porque un joven admirador le corto un mechón de pelos a Beethoven, antes de que lo enterraran. Ese mechón fue pasando de mano en mano, hasta que un día fue vendido a alguien más rico, en los Estados Unidos. Allí analizaron ese mechón y descubrieron que tenía plomo. Pero más allá de esto, lo que es maravilloso y tremendo, es ese sufrimiento tan viril de su parte. Y ese implorar amor que tiene, sobre todo, en las últimas obras. Es algo… Te lo cuento y me emociono.

-¿Qué se gana y qué se pierde con los años como pianista?

-¿Como artista o como pianista?

-Como pianista.

-Bueno, a lo mejor, se va perdiendo… Depende quién, del talento físico y la buena técnica que hayas usado. A lo mejor hay un deterioro de las octavas, son menos rápidas. Depende de lo que vas tocando, no hay una regla general. Yo escuché un recital maravilloso de Rubinstein los 88 años. A mí, hasta ahora, no me pasó. Marthita Argerich vino a escucharme, hace un año y medio, en Bélgica, el Tercer concierto de Rachmaninov. Y no te puedo decir lo que me dijo porque pecaría de una enorme…

-Cuéntelo, por favor-

-No. Preguntáselo a ella.

-¿Se reconoció en algún aspecto en el retrato que hizo la periodista Leila Guerriero en su libro Opus Gelber?

-No lo leí. Es difícil contártelo, porque no quiero ofender a nadie. Yo creí en su cariño, en su amistad, y testimonió hasta el mínimo centímetro cuadrado de mi casa, toda la gente…

Vivir con todo. Gelber dice que el único concierto en el que no se puso nervioso fue en el primero que dio, con sólo siete años. Foto Juano Tesone

Vivir con todo. Gelber dice que el único concierto en el que no se puso nervioso fue en el primero que dio, con sólo siete años. Foto Juano Tesone

-¿Se sintió traicionado?

-Me sentí defraudado y desilusionado. Cuando veo un micrófono, sé manejarme. Pero cuando se cerraba ese micrófono, yo hablaba… Le había tomado un profundísimo cariño a ella… No sabía que seguía registrando todo lo que pasaba, como poner los remedios que trajeron de la farmacia o lo que había en la repisa del baño. Es que lo que había en la repisa del baño, una parte era de Esteban y la otra mía. Me dolió mucho. La chica que trabajaba en casa lo leía y me decía: “¡Ay, señor Bruno!» Entonces me contaba los episodios indiscretos, que no eran contados por mí en el momento del reportaje. La cuestión fue así: ella me hizo varios reportajes para España, América, etc. Y, en un momento, me dijo que tenía material para hacer un libro. «¡Hacelo!», le dije. Le había tomado una enorme amistad. Salió un libro que no era testimonio exacto de lo que teníamos pautado en los momentos de la entrevista.

-Si tuviese oportunidad de hacer otro libro, ¿Cómo le gustaría que fuera?

-¡Ay! No me siento lo suficientemente interesante como para hacer un libro sobre mí.

-Se va a poder ver a través de la plataforma del Teatro Colón su interpretación del concierto nº 21 de Mozart, con la Orquesta Filarmónica, del 2018. ¿Se volvió a ver? ¿ Cómo es su relación con Mozart?

-No me volví a ver. Tengo que estar muy bien para disfrutar su genialidad absolutamente. Con todo el respeto que le tengo a su genio, hay obras que siento que las hizo porque tenía que hacerlas, y otras que son sublimes y está llevado por la inspiración Como el concierto que interpretó en el Teatro Colón y que la gente va a poder disfrutar próximamente.  Sí, divino.

-¿Lo pasó bien en ese concierto?

-No.

– ¿Por qué?

-Porque estaba nervioso. ¿Sabés lo que pasa? Tuve un solo concierto en mi vida donde no estuve nervioso: a los 5 años, el primero de mi vida. Después tenés la mochila del ser conocido y tenés la obligación de tocar bien.

-¿Pero por qué nervioso en este concierto de Mozart en particular?

-Lo que pasa es que estás desnudo, en Mozart. Entonces, tiene que ser de una elevación, con un sonido sublime, que pase la luz absolutamente. Realmente el estado normal no es con el que podés tocar bien Mozart. Hay que estar muy lúcido. Si pagás el tocarlo bien con nervios y susto, no importa. Uno paga un impuesto a todo.

-¿Pensó o piensa en su retiro?

Yo no pienso en el retiro. Le ruego al Señor que me saque de este mundo terminando un concierto, que me muera sobre el teclado. Sufrir el deterioro debe ser espantoso. Creo que el gran drama va a ser si llego a estar consciente de no poder tocar decentemente, como es debido, en un momento. Nadie sabe lo que le va a pasar al segundo siguiente. Hay que tener la modestia de aceptarlo.

El concierto del Colón

El concierto del pianista Bruno Gelber, junto a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires bajo la dirección de Ezequiel Silberstein (Concierto de la Temporada 2018), podrá verse este domingo 13 de septiembre a las 20, a través de la plataforma digital del Teatro Colón www.teatrocolon.org.ar/culturaencasa.

El programa contempla Mozart: Obertura de Don Giovanni, K. 527; Sinfonía No 39 en Mi bemol mayor, K. 543, y Concierto N° 21 para piano y orquesta en Do mayor, K. 467.

Fuente: Clarín