Como si fueran reales: las esculturas que ponen de pie fotos virales de un presente convulsionado

MIRÁ LA GALERÍA DE IMÁGENES. Como si fueran fantasmas. Martín Di Girolamo trabajó a partir de fotos que giraron por el mundo en los últimos años. Su exposición está montada pero no se puede entrar.

ASDSADSA

Un año atrás, cuando Martín Di Girolamo pensaba que Viral podía ser un buen nombre para la muestra que inauguraría en Galería Maman en marzo del 2020, el coronavirus era apenas una ficción distópica. El nombre obedecía a algo sugestivo, el deseo de señalar el carácter de muchas de aquellas imágenes de las que Di Girolamo partía para modelar sus esculturas. Fotografías que se propagaban velozmente por las redes y condensaban, en la expresión de los cuerpos, los dramas del mundo.

Son imágenes que vimos: un nene llevando a otro entre escombros en plena guerra siria, la nena que le tapa los ojos a su muñeca para que no vea el horror, una mujer forcejeando con un hombre que tiene colgada una ametralladora, Ahed Tamimi, la palestina que le mordió la mano a un soldado israelí.

Que no vea el espanto. La nena que protege a su muñeca, en la escultura de Di GIrolamo

Que no vea el espanto. La nena que protege a su muñeca, en la escultura de Di GIrolamo

La foto original. La niña con su muñeca. Se llama Zeliha y es turca.

La foto original. La niña con su muñeca. Se llama Zeliha y es turca.

Cuando el Covid-19 se convirtió en una realidad con ribetes de pesadilla, Di Girolamo ya había decidido cambiar el nombre del conjunto de la muestra. Ni así y todo pudo, empero, evadirse de que éste encarne un involuntario presagio: con todas las esculturas emplazadas en el espacio de Maman y un día antes de la inauguración, Get out –“salí”, en español, y como finalmente se llamó la muestra- quedó encerrada, cumpliendo la cuarentena obligatoria dentro de la galería.

-Las obras tienen una carga dramática muy impactante y han quedado “atrapadas” en esta nueva situación social de la pandemia​. ¿Creés que cuando puedan verse se leerán de una manera distinta? ¿Es posible que actualicen su sentido?

-En este momento aparece la pandemia como tema excluyente y da la sensación de que nunca más podremos hablar de otra cosa que no sea el coronavirus, pero obviamente eso no sucederá, como tampoco dejaremos de padecer los dramas y tragedias que existían antes. Por otro lado, creo que gran parte de los problemas sociales, económicos, geopolíticos, incluido el coronavirus, tiene causas que se emparentan estrechamente. La muestra se iba a llamar Viral porque las obras referencian imágenes viralizadas, y porque al mismo tiempo pensaba en las migraciones (y en los niños, que son el eje de la muestra, bajo estas circunstancias) como algo virósico, imparable. Quiero pensar que ahora las obras van a ser leídas desde una perspectiva de mayor empatía y solidaridad.

Palestina. Ahed Tamimi le muerde la mano a un soldado israelí, en la obra de Martín Di Girolamo.

Palestina. Ahed Tamimi le muerde la mano a un soldado israelí, en la obra de Martín Di Girolamo.

Ahed Tamimi. La foto original, de 2012. / AFP

Ahed Tamimi. La foto original, de 2012. / AFP

-Hay un significativo cambio de tono entre tus esculturas de hace algunos años atrás  (figuras femeninas hipersexuadas) y estas. ¿A qué se debe?

-Siempre el eje estuvo en los cuerpos. Y creo que mi mirada sobre los cuerpos estuvo siempre en íntima relación con mi experiencia de vida. Cuando era pequeño mis dibujos eran sufridos, oscuros, torturados. Yo tenia 10 años en el 76… En los 90 con “la muerte de las ideologías” y el “pensamiento único” sobrevino una especie de escepticismo y frivolidad muy asociado al placer inmediato, del aquí y ahora. Ese fue el momento en que empecé a trabajar alrededor de la imagen de las mujeres.

Contra sí mismo. Niños a los que les regalan armas, escultura de Martín Di Girolamo.

Contra sí mismo. Niños a los que les regalan armas, escultura de Martín Di Girolamo.

-¿Cómo?

-Trabajé sobre estereotipos de belleza, modelos y porn stars, una especie de galería de heroínas del Disney para adultos, que es como yo veía la pornografía. Ya en el año 2000 esas imágenes empezaron a cargarse de otra manera. Primero con El Anhelo de Berenice, una escultura en tamaño natural que representaba a una chica de conurbano que limpiaba vidrios en los semáforos de Buenos Aires, luego la serie Sola, donde las mujeres yacían con lágrimas en los ojos y el rímel corrido. Unos años después hice la serie Pathological Beauty, donde a partir de cuerpos anoréxicos trabajaba la relación entre lo supuestamente bello y lo profundamente patológico.

La performer chilena. Los carabineros que la sostienen no están en la obra de Martín Di Girolamo.

La performer chilena. Los carabineros que la sostienen no están en la obra de Martín Di Girolamo.

-Pero cambió.

-En 2013 necesité un quiebre. Fue arriesgado, pero absolutamente liberador. Después realicé la escultura de un niño muerto en las costas del Mar Mediterráneo. Esa obra, completamente blanca a diferencia de las anteriores, dio pie a una serie de esculturas que se organizaron en duplas antagónicas: en una punta el niño que se lanzó al mar buscando salvación y a quien finalmente nadie rescató, y en la otra un rock star lanzándose a su público desde el escenario, siendo recibido y adorado por cientos de manos… La muestra que montamos en Maman y que lamentablemente el Covid 19 no nos dejó inaugurar es una continuación en esta línea de trabajo. 

“Pathological Beauty”. Una obra anterior de Martín Di Girolamo. / Prensa

“Pathological Beauty”. Una obra anterior de Martín Di Girolamo. / Prensa

-El pasaje de la policromía al blanco tiene una inevitable referencia a lo clásico, pero también enfatiza más aún este nuevo tono (una especie de drama silencioso o mudo) y es muy sugestivo …

-Sí. Es cierto. El blanco lo utilizo cuando quiero despojarme por completo de cualquier otro elemento que distraiga. Para quitar ruido extra. Hay veces que siento que el color suma, y otras en las que resta. Como en una fotografía, cuando el color no te aporta es mejor verla en blanco y negro.

Fuente: Clarín