Cuarentena por coronavirus: el artista que llevó 7.000 arañas a un museo y mostró todos los hilos que nos conectan

En 2017, Tomás Saraceno le abrió la puerta a nuevas percepciones en una exhibición con miles de telarañas, tejidas en penumbras durante seis meses, que aludían al cosmos, al trabajo cooperativo y al vínculo con la naturaleza. Retrato en la convocante muestra de Saraceno en el Museo de Arte Moderno.

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Por qué te lo recomendamos. Tomás Saraceno es uno de los artistas contemporáneos argentinos más destacados y en 2017 causó impacto en Buenos Aires con su metáfora creada con telarañas.

La propuesta de "Cómo atrapar el universo en una telaraña". / Archivo

La propuesta de «Cómo atrapar el universo en una telaraña». / Archivo

Habían vivido (y trabajado) durante seis meses, en secreto, en una de las grandes salas del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Siete mil ejemplares de la colonia de arañas Parawixia bistriata, trasladadas desde el Norte argentino por expertos del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia y por el equipo del artista. Luego, volvieron a su hábitat. Pero el resultado que dejaron fue sorprendente: enormes telas que formaban vínculos y dibujos en el aire, un mapa tramado con «hilitos de plata». La muestra de Tomás Saraceno (San Miguel de Tucumán, 1973) se extendió desde el 7 de abril de 2017 al 19 de marzo de 2018 y fue un éxito de público. Se llamó Cómo atrapar el universo en una telaraña y también aludió al trabajo cooperativo y a los vínculos con la naturaleza.

Saraceno, durante la exhibición.

Saraceno, durante la exhibición.

En una entrevista con Clarín, antes de aquella inauguración, el artista radicado en Berlín explicó que se trataba de «encontrar otras formas de percibir el mundo, pequeños puntos en común que nos permitan sensibilizarnos» y que «el encuentro con otras especies te hace recordar que vos también formás parte de una especie, y del mismo ecosistema».

El público, en una propuesta que convocó. / Archivo

El público, en una propuesta que convocó. / Archivo

En una sala en penumbras en la que se veían enormes tejidos perceptibles solo por los foquitos de luz cuidadosamente dirigidos, la experiencia estimulaba lo sensorial: telarañas sensibles a cualquier movimiento del aire. Saraceno lo sintetizaba así: «La pregunta es siempre hasta qué punto entramos en contacto con universos imperceptibles».

Otra toma de aquel recorrido. / Archivo

Otra toma de aquel recorrido. / Archivo

Tiempo después, el artista mereció una enorme muestra en París y llevó adelante otros proyectos con la conciencia ecológica como ingrediente. Pero esta exhibición quedó particularmente en el recuerdo. 

Fuente: Clarín