Día Internacional del Jazz: Tres generaciones y una misma pasión compartida

Del mismo modo que representan a tres generaciones del jazz, los pianistas Jorge Navarro (81) y Ernesto Jodos (47) y la saxofonista tenor Camila Nebbia (33), que suma una saludable brisa fresca al paisaje local.

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Son músicos que vienen señalando un camino de libertad artística en el que día a día se suman nuevos valores.

Y los tres, convocados para «celebrar» el Día Internacional del Jazz, que se festeja este viernes 30 de abril, coinciden en destacar la vitalidad del género a través de una escena en constante crecimiento.

“Hay muchos músicos en la actualidad y muy buenos. Para mí son un misterio las razones de que haya tantos artistas en la escena del jazz local, donde hay pocos lugares para tocar”, señala Navarro, que lleva 64 años tocando y sigue siendo un modelo para las generaciones posteriores.

Por su parte, Jodos, gurú del piano jazzístico en Buenos Aires, donde desde hace poco más de 30 años anima la escena, considera que esa importante aproximación de estudiantes y jóvenes músicos al jazz también sucede en otros géneros como el folclore y el tango. 

«Sí, hay una enorme cantidad de estudiantes y de músicos de jazz, pero también los hay en la música clásica, el tango, el folclore y ahora también en la música contemporánea», asegura.

Más músicos y más lugares para tocar, aún en tiempos de restricciones, hacen del jazz un género que sigue ampliando su territorio en Buenos Aires. Fotos Emmanuel Fernández

Más músicos y más lugares para tocar, aún en tiempos de restricciones, hacen del jazz un género que sigue ampliando su territorio en Buenos Aires. Fotos Emmanuel Fernández

Y amplía su idea: «Creo que hay tres factores que pueden explicar lo que sucede en el jazz: hay una gran circulación de música que permite acceder rápidamente a cualquier artista, la educación musical pública es importante en tamaño y calidad».

Pero, además, Jodos contrasta su mirada con la de Navarro al señalar que hay muchos lugares para tocar. «No son suficientes, pero hay muchos», dice, y cierra: «Pobreza de espacios había a principios de los ’90, con dos o tres lugares dedicados al género. Eso era el desierto”.

Para Nebbia, que no tiene ningún lazo de parentesco con Litto, el interés de los jóvenes por el jazz se debe que se trata de una música abierta. «Eso es lo más interesante; esa amplitud sin límites es la que atrae todo el tiempo a estudiantes”, sentencia.

Nebbia, que debutó en 2001 se ha convertido en una de las expresiones más potentes de nuestro medio. Durante 2020, la artista lanzó dos discos, por el sello Ear&eyes Records. Aura, una verdadera joya con un ensamble de diez músicos y música escrita por la saxofonista, e In Another Night, In Another Wolrd, en trío, también con música original.

Jorge Navarro, uno de los pioneros

Desde el otro lado de la línea, Navarro hace rápido racconto de su carrera como músico. Comenzó a estudiar piano clásico a los seis años, pero a los 14 escuchó un disco de dixieland de Bob Crosby (hermano de Bing) y su vida cambió. “Me enamoré de esa música, me enamoré del jazz”, confiesa.

Debutó en 1957 con los Swing Timers, en los que estaban Jorge “Negro” González y Mauricio Percán, fundadores del grupo. “No seguía a ningún músico en especial, por aquella época. Iba al Hot Club y al Bop Club, ahí escuchaba mucho a (Horacio) Malvicino y a Gato (por Barbieri) y a su hermano Rubén», recuerda.

Jorge Navarro: 64 años poniéndole su toque al jazz en la Argentina. Foto Martín Bonetto

Jorge Navarro: 64 años poniéndole su toque al jazz en la Argentina. Foto Martín Bonetto

El músico cuenta que el Hot Club fue su primer reducto, hasta que un día se animó a subir a tocar en el Bop Club. «Fue muy recibido lo que toqué, aunque en realidad tenía muchas dudas», admite.

Y explica el motivo: «Tocaba swing, escuchaba mucho a Teddy Wilson, con Benny Goodman que era el estilo de los Swing Timers… Pero me arreglaba bastante bien en los dos ámbitos. En 1958 fui elegido como el Mejor Pianista del Año en el Bop Club, con medalla y todo”, recuerda.

Si bien eran bastantes antagónicos, el Hot con el Bop (algún que otro encuentro terminó a los sillazos), Navarro encontró un estilo idóneo para ambos lugares.

“No había muchas diferencias cuando tocaba en uno o en otro. Por ejemplo, el Mono Villegas no venía mucho a tocar; no lo escuché tanto, quizás un poco más en los ’60, cuando creo que empezó a tocar más seguido. Pero tenía mucho trabajo en esa época y casi nunca nos cruzamos”, añade.

Baby López Fürst y Jorge Navarro unieron sus talentos para homenajear a George Gershwin en un espectáculo inolvidable.

Baby López Fürst y Jorge Navarro unieron sus talentos para homenajear a George Gershwin en un espectáculo inolvidable.

El pianista, ya más cerca en el tiempo compuso un dúo histórico con otro pianista, Baby López Furst, con el que hizo un espléndido tributo a George Gershwin en la obra El hombre que amamos, dirigida por Ernesto Acher.

“Soy un músico absolutamente autodidacta. Aprendí, como una gran parte de mi generación, en la cancha. Tocando, escuchando discos, pasándonos lo que cada uno podía descubrir. Había muchísimo trabajo, tocábamos todo el tiempo en boliches, confiterías, en los entreactos del cine», reconoce Navarro.

Para el artista, el aprendizaje era tocar y tocar. «Lo hacíamos de lunes a lunes pero además nos gustaba mucho juntarnos a tocar improvisar en jam sessions, que eran muy comunes. Siempre había músicos bien dispuestos a una juntada de esas”.

En 1969, Navarro viajó a los Estados Unidos. Era el sueño del pibe aunque se llevó una desilusión muy grande. “Esperaba encontrar mucha música de jazz en radios, televisión, clubes… Bueno, nada de todo esto», cuenta.

Y pinta el cuadro de situación: «En la radio había rock, country, música comercial, y poquísimos clubes de jazz. Los músicos vivían de hacer giras por Europa, por aquella época, por Europa. Estuve en un grupo comercial, con arreglos cuidados. Un grupo vocal y banda”, agregó.

Pero a cambio de aquella frustración, como miembro de La Banda Elástica, un grupo que combinaba calidad y humor y que cosechó un éxito inmediato, Navarro encontró una nueva horma para su zapato.

“No hacíamos temas de jazz pero todo tenía ese color. Todo estaba tocado de manera jazzística. Nos divertimos mucho y la gente la pasaba muy bien”, resalta el músico, que sigue activo a tal punto que este domingo 2 de mayo, a las 17, tocará con el contrabajista Arturo Puertas, el Aldo’s Palermo, en Arévalo 2032, para presentar un material de cuidados standards.

Ernesto Jodos y la generación de compositores

Ernesto Jodos encarna una segunda generación de músicos de jazz, género al que llegó escuchando fusión a través de un compañero. “Él tenía un profesor de música que ponía a Weather Report y a la Mahavishnu Orchestra. Por esa época todos escuchábamos rock, y hacía poco que había empezado a estudiar piano», dice.

Finalmente, a los 16 debutó tocando en un grupo, a instancias de su profesor Edgardo Beilin, en el que estaban el saxofonista Gustavo Cámara y el trompetista Juan Cruz de Urquiza, que eran más grandes que él. Era 1989.

Jodos no se anima a declararse «seguidor», pero sí destaca haber escuchado bastante a Horacio Larumbe y al Mono Fontana. «Sobre todo -aclara- cuando tocaba en trío en el viejo Oliverio. También escuchaba a Jorge Navarro; a Baby López Fürst lo escuché muy poco”, agrega.

Ernesto Jodos fue desde sus comienzos un pianista acostumbrado a tomar riesgos y correr sus propios límites.

Ernesto Jodos fue desde sus comienzos un pianista acostumbrado a tomar riesgos y correr sus propios límites.

En 1990, con 17 años, el pianista ganó una beca para la escuela de música Berklee, en Boston. “No había muchas escuelas de música y menos que dieran becas. Si bien estéticamente no me contenía, fue una gran experiencia estudiar los dos años de mi carrera», reconoce.

«Allá estaban estudiando Urquiza, Marcelo Gutfraind, Richard Nant. Fue una época súper importante para mí”, recuerda el artista, que en 2020 editó los álbumes Earlier Trips y Um Viaggio, ambos por el sello Ear&eyes Records.

Sin embargo, a la hora de componer, Jodos, que tiene más de 15 discos editados, no utilizó las herramientas que le dio Berklee.

«Es verdad que hay un aspecto muy marcado de mi generación, que es la composición. Pero creo que no se debe tanto al estudio como a que venimos del rock, donde se compone mucho y eso está muy presente. Se lo atribuyo más a lo generacional que a lo académico”, señala.

Al regresar de Berklee comenzó a tocar con músicos más experimentados, como Norberto Minichillo, Carlos Lastra, Enrique Norris, Hernán Merlo, Pepi Taveira, que le transmitieron una experiencia importante.

“En lo musical, mi primer disco con el sexteto, en 1999, fue decisivo para mí. Armé el grupo, preparé la música, todo corrió por mi cuenta. Enseguida armé el trío Cambio de Celda, con Martín Iannaccone en violoncello y Sergio Verdinelli en batería. Duró sólo un año y medio pero teníamos ensayos fijos y había un ambiente de exploración muy motivante. Después, miro mi camino musical como un continuo, con diferentes etapas”, expresa el artista.

Ernesto Jodos compartió música y escenario con el saxofonista Tim Berne, entre otras grandes figuras de la escena internacional del jazz. Foto Lucia Merle

Ernesto Jodos compartió música y escenario con el saxofonista Tim Berne, entre otras grandes figuras de la escena internacional del jazz. Foto Lucia Merle

El círculo en Jodos se cierra por el lado de la docencia. “Me inicié dando clases en el Sindicato de Músicos (Sadem). Al poco tiempo empecé a hacer trabajos comerciales, hice reemplazos en la calle Corrientes, y no me gustó nada esa parte de la vida de músico profesional», admite.

«Me di cuenta que estaba mucho más cerca de la docencia», cuenta el pianista, que reconoce haber tenido muchos alumnos, tanto en la Escuela de Música Contemporánea como en el Conservatorio Manuel de Falla, donde es coordinador de la Carrera de Jazz desde hace quince años.

Camila Nebbia y un viaje sin retorno del punk al jazz 

Nebbia comenzó a tocar el saxo a los 9 años y se acercó al jazz por una caja de discos con música de Lester Young, Charlie Parker y Billie Holiday que había en su casa. Tenía 11 años y el interés por esta música la marcó como intérprete y compositora.

Su debut, a los 15 años, fue tocando el bajo en una banda punk del colegio. Pero poco a poco se fue instalando con diferentes ensambles y pequeños grupos en la variada escena del jazz local.

“Comencé tocando jazz en centros culturales y en casas que se abrían para un concierto. Escuchaba a la pianista Paula Shocron, a los saxofonistas Luis Nacht, Ricardo Cavalli y Rodrigo Domínguez, y también a la cantante Bárbara Togander”, comenta la saxofonista.

Camila Nebbia debutó a los 15 años, y ahora reside en Estocolmo. Foto Gentileza Prensa

Camila Nebbia debutó a los 15 años, y ahora reside en Estocolmo. Foto Gentileza Prensa

Nebbia llegó a la composición en proyectos colaborativos y en grupos, como un proceso de experimentación. «A partir de estas experiencias me puse a escribir. Respecto de Aura, por ejemplo, fue hermoso hacerlo. Es un disco muy importante para mí. Ahora sería muy difícil poder repetir este tipo de experiencias”, reconoce.

Radicada desde enero de 2021 en Estocolmo, donde cursa un master en música contemporánea orientada hacia la composición y que incluye multimedia, la artista planea viajar en junio a Francia para continuar con su estudio, y en 2022 irá a Alemania.

“Es un momento muy particular para mí. No conozco a nadie, tampoco hay muchos conciertos, pero la gente que voy conociendo es abierta. Hay ‘musiques’ increíbles que generan un ambiente excelente”, cierra la saxofonista, que este lunes 26 de abril hizo un streaming en cuarteto con David Bennet, Mats Dimming y Axel Filip desde su ciudad actual.

Una celebración que cumple 10 años

Establecido por la Unesco en 2011, el 30 de abril se celebra el Día Internacional del Jazz, como un género que estimula una forma de conexión entre distintas culturas y que promueve la paz, el diálogo y la cooperación

La declaración del Día del Jazz también lo propone como valor educativo y de intercambio cultural. Uno de las cualidades más evidentes es su aspecto inclusivo muy presente desde su nacimiento a comienzos del Siglo XX, en Nueva Orleans, cuna del género.

A pesar de la pandemia, el jazz local encuentra la manera de seguir sonando en Buenos Aires. Fotos Emmanuel Fernández

A pesar de la pandemia, el jazz local encuentra la manera de seguir sonando en Buenos Aires. Fotos Emmanuel Fernández

La Unesco, Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, también sostiene que el jazz es una herramienta para generar cambios sociales y que rompe barreras, creando así oportunidades para el debate, el diálogo y la tolerancia.

En cuanto a su aspecto innovador dice que permite crear nuevas ideas orientadas al mundo de las artes, ya que es un género que facilita la interpretación para que nazcan nuevos estilos musicales y permite la libertad de expresión.

Por último, la Unesco afirma que el jazz fomenta las relaciones de diferentes comunidades y facilita la integración de los jóvenes con las poblaciones marginadas.

Fuente: Clarín