Seguramente el lector ha pasado más de una vez por una nota de recomendaciones que lleva por título “películas para ver con los chicos” o “para disfrutar en vacaciones”. Pero los que escribimos esas notas solemos cometer el error de pensar que existe algo llamado “cine infantil”, es decir, una especie de género o forma pensada especialmente para la infancia. Y aunque sí hay quienes utilizan ese criterio para hacer películas, la verdad es que lo mejor es compartir con los chicos films que puedan volver a ver de adultos, aquellos que los adultos podríamos disfrutar, además, sin ellos al lado.
Una buena película genera ganas de seguir viendo y descubriendo el cine, algo que ponemos para que haga ruido en la pantalla y evite el ruido infantil por un rato, que no necesariamente se consigue. Así que decidimos aquí recomendar diez films que sirven para compartir y provocar el gusto por las películas, y que el mayor a cargo puede disfrutar viendo cómo disfrutan los chicos que las descubren.
Algunas salvedades: la primera, no quisimos caer en lo más obvio. Por supuesto que cada película de Hayao Miyazaki -todas disponibles en Netflix– cabe en la dorada categoría de “para grandes y chicos, para generar deseo de conocer más cine”. Pero ustedes ya saben de la existencia de obras maestras como Mi vecino Totoro, El viaje de Chihiro o El increíble castillo vagabundo. Cabe entonces recomendarles las menos citadas (Laputa-Castillo en el cielo o Nausicaa en el valle del viento), que son especialmente dinámicas y bellas. Por la misma razón la lista no incluye los largos animados en Disney+, aunque es claro que ver Fantasía, Pinocho, La Bella Durmiente, La Bella y la Bestia o Lilo y Stitch (animado todo, para no confundirnos) o joyas de Pixar como Toy Story 3, Ratatouille, Monsters Inc. o Los Increíbles también son puertas de entrada al cine y obras maestras. El conjunto que vamos a recomendar, en cambio, va por carriles menos previsibles.
Segunda salvedad: “infantil” no es “pueril”. Lo segundo es eso que se hace cuando un productor inescrupuloso cree que los niños son seres a los que se les habla como tontos y quieren colores y ruido. Nada más alejado: la infancia es esa época donde todo parece posible y nos tomamos todo en serio, donde queremos saber, donde todo se disfruta y duele más. Otra vez, este conjunto de películas dista de ser “infantil” en ese sentido, aunque algunas juegan con la idea de la infancia como punto de vista.
Dado que en otras notas las hemos mencionado, sería el ejemplo de la gran belleza Meteoro, de las hermanas Wachowski (Netflix, HBO Max) o de la disparatada comedia Nacho libre (Netflix), con muy poca suerte en los cines. Por último, la lista incluye poca animación (sólo dos grandes películas) y elude ciertos géneros como el western y el terror, aunque en el primer caso un chico de 10 años puede perfectamente disfrutar de Río Bravo (HBO Max) o de la saga Alien, la primera incluida (Disney+). Les dejamos la idea, ustedes decidirán a qué edad se pueden ver estas películas [nota personal: hijo del autor de esta nota vio Alien a los 8 años y le gustó incluso asustarse con el monstruo, pero cada chico es diferente].
Arranquemos por las dos películas de animación, que suele considerarse elección obvia. La primera es Trolls (Prime), producción de DreamWorks dirigida por Mike Mitchell en 2016.
En primer lugar, el film se destaca por un diseño muy bello, de colores puros y formas fantasiosas que recuerda la ilustración de libros infantiles de fines de los años sesenta y primera mitad de los ochenta. Hay algo de psicodelia en los personajes. En segundo lugar, es una comedia musical sobre el pop, y la banda de sonido tiene tanto un par de covers extraordinarios (“September”, de Earth, Wind & Fire y “The Sound of Silence”, de Simon & Garfunkel) como temas compuestos por el coprotagonista Justin Timberlake, incluido el hit “Can’t Stop the Feeling”. Y por último, el cuento de hadas de unos ogros que se alimentan de los pequeños trolls porque imaginan que es la única manera de reírse. Se pregunta -y contesta- por el sentido y el origen de la alegría. Al final de la película, se siente el golpe de endorfinas.
La otra es Lego Batman: la película (HBO Max) que es, sin ninguna exageración ni ganas de provocar, la mejor del superhéroe.
No sólo porque están todos y cada uno de los personajes, no sólo por el gran trabajo de voces de Will Arnett, Michael Cera, Rosario Dawson, Zach Galifianakis y Ralph Fiennes, sino porque, respetando al extremo la mitología del personaje, se ríe de sus lugares comunes y sus absurdos. Pero no es (o no solo es) una parodia: a través de la risa y situaciones muy cómicas, llega a la raíz emocional de Batman, a qué lo motiva, de un modo que ninguna otra película logró antes (ni después). Es, por mucho, la mejor de las “películas Lego”, y se hace cargo de que un superhéroe es un deseo infantil, algo que surge de la imaginación y el juego. Además de que es muy -pero muy- cómica.
Vamos con tres comedias. La primera es una auténtica película infantil porque habla de la infancia y de cómo la miran los adultos. También de cómo algo de esa infancia queda en esos adultos y cómo es una bendición descubrirlo. El film en cuestión, realizado con inteligencia y sensibilidad, es Escuela de rock (Paramount+), ya un clásico de Richard Linklater en el que Jack Black interpreta a un músico que desea imperiosamente triunfar y, tras ser expulsado de su banda y fingir ser maestro de un colegio primario elitista, forma su propio grupo con esos chicos.
No sólo hay una gran banda de sonido, sino que ni los chicos son mirados como “rarezas”, ni los adultos son pintados como infalibles. Y las secuencias finales son tanto festejo de la magia del descubrimiento como -y esto es raro en cualquier obra- un perfecto documental sobre la felicidad: no hay alegría fingida allí.
Las otras dos están en Mubi y seguramente cueste convencer a niños del universo digital de sentarse a disfrutar dos obras que tienen cien años, son mudas y están en blanco y negro. Sin embargo, hemos comprobado que la desconfianza del niño se disuelve muy rápido y, si es sensible, pedirá más. Las dos películas se llaman El moderno Sherlock Holmes y Las siete oportunidades, ambas creaciones de uno de los mejores cineastas de todos los tiempos, Buster Keaton. En la primera, el operador de un cine enamorado se duerme y sueña ser el héroe de una película de aventuras. Lo interesante es tanto el uso que hace Keaton de la inventiva cómica como los mil y un trucos (muchos de ellos mezcla de acrobacia e ingenio mecánico) que implican una explosión de inventiva.
La segunda es la historia de un tímido que, para heredar una millonada, debe casarse antes de cierto plazo. La última media hora, en la que cientos de mujeres con trajes de novia persiguen a Buster por toda una ciudad figura entre las invenciones surrealistas más grandes que dio el cine. Lo más increíble es que no perdió nada de su comicidad.
Medievales
Dos fantasías medievales ampliamente satisfactorias, ambas clásicas. La primera es una de las grandes películas de aventuras de los años cincuenta, Los Vikings, de Richard Fleischer, protagonizada por Kirk Douglas, Janet Leigh y Tony Curtis. Siglo IX, una tribu vikinga cuyo liderazgo está en crisis, una princesa, un malísimo rey y el ataque de los nórdicos a las costas británicas. Aunque sí tiene algo que ver con la historia real (la toma de la fortaleza de York en 866) y hubo investigación para reproducir algunas costumbres vikingas, es sobre todo una película de acción notable, especialmente el desenlace. También tiene algunas crueldades, pero están siempre fuera de campo, nada de sangre de más ni de menos. Y es una superproducción muy bien hecha.
Como lo es la otra, la Robin Hood protagonizada por Kevin Costner en 1991, dirigida por Kevin Reynolds. Por un lado, amplía la historia contada infinidad de veces desde que Errol Flynn se calzó el traje verde (esa versión clásica es altamente recomendable para ver con chicos pero no está en plataformas hoy), y aquí tiene un tratamiento más espectacular. No sólo por el elenco -además de Costner están Morgan Freeman, Christian Slater y Mary Elizabeth Mastrantonio, todos en su prime– sino por el villano, ese Sheriff de Nottingham interpretado por Alan Rickman, que decidió mezclar al Ricardo III de Shakespeare con el Pierre Nodoyuna de Los Autos Locos. El resultado es divertido, vibrante en color y clásico en todo sentido. Sí, también está la canción de Bryan Adams. Nada es perfecto.
Del espacio
Dos películas “del espacio” casi opuestas. Una es la que plasma de la mejor manera en el cine un concepto que en la Argentina se denomina “lo atamo’ con alambre”: Apollo 13 (Netflix). La historia real de la misión que no pudo llegar a la Luna y que puso en riesgo mortal a los tres astronautas que en la película interpretan Tom Hanks, Kevin Bacon y Bill Paxton es apasionante. La resolución paso a paso, la necesidad de aguzar el ingenio, la comunicación entre esa base en Houston con el lejano e indefenso pequeño pedazo de lata en el oscuro vacío del espacio, el humor que surge más de una vez y, sobre todo, el suspenso, hacen que el viaje valga la pena. El espectador de estas pampas comprende como pocos, de paso, ese momento en el que Ed Harris le dice a sus científicos que cierto componente roto se hizo con una boca redonda, pero lo que tiene que entrar allí se fabricó cuadrado. Y de hecho, la dirección de Ron Howard subraya esos absurdos durante todo el film. Spoiler: termina bien, por si el niño al lado se pone nervioso.
La otra es quizás la única película de Brian De Palma que pueden ver los chicos, la produjo la Disney y se llama Misión a Marte (Disney+). También es una obra maestra: la historia de un grupo de astronautas que llega al planeta rojo y sufre algo inesperado, y de otra misión que los va a rescatar. Pero no es lo único que sucede: de hecho, hay un secreto fantástico (aquí sí estamos en el terreno de la ciencia ficción) que descubre el misterio del origen de la Humanidad. Sin embargo, lo que más se destaca de la película es la amabilidad constante, que los personajes -todos y cada uno- son puntualmente buenos (la única película de De Palma sin villanos) y que la aventura se desarrolla con un tono entre el drama y la comedia que recuerda al mejor cine de John Ford.
La capacidad de De Palma para crear momentos de suspenso está aquí en un nivel muy alto. El elenco (Don Cheadle, Tim Robbins, Gary Sinise y Connie Nielsen) logra crear verdaderos seres humanos.
Fantasías
Y para terminar, dos fantasías. La primera es uno de los mayores fracasos de Hollywood y, al mismo tiempo, de los films más adorables que hiciera Terry Gilliam, Las aventuras del Barón Münchausen (SonyOne), que lleva a la pantalla a la manera de un relato dentro de un relato (dentro de otro relato…) el famoso libro sobre un mentiroso del siglo XVIII con muy poderosos amigos.
La versión de Gilliam con elenco multiestelar (Robin Williams, Eric Idle, Uma Thurman, Oliver Reed, Sting y una casi debutante y aún niña Sarah Polley, compañera del barón interpretado por John Neville) se basa en el rococó y en el humor desaforado del cartoon, y salta de una aventura a otra con una alegría que, en aquel 1988 de su estreno, parece que nadie quería compartir. La ausencia de efectos digitales le otorga una belleza y un aspecto alegre que hoy ya no se consigue.
Por último, un film del creador de Los expedientes secretos X, Rob Bowman, llamado El reinado de fuego, que fue destrozado por la crítica pero tiene mucho para disfrutar. La historia se sitúa en el futuro (Disney+), luego de que una torpeza humana liberase a los dragones de fuego que asolaron a la Humanidad y destrozaron gran parte de la civilización. Los sobrevivientes viven escondidos, como en la Edad Media, y sus cuentos de hadas son las historias de Star Wars. A uno de estos campamentos llega un grupo de soldados llenos de tecnología que deciden enfrentar a los lagartos, y se desata una guerra desigual. La protagonizaron un Matthew McConaughey que aparenta estar loco, y un muy amable Christian Bale.
Es cierto que tiene sus problemas, pero las peleas humanos-dragones son muy buenas, tiene varios momentos de suspenso y tensión, y realmente parece un cuento de hadas del futuro. O del presente, cuando en lugar de narrar historias alrededor del hogar a leña, las vemos, grandes y chicos, acurrucados en sillón y en la pantalla de casa. Que se diviertan.
Fuente: Leonardo M. D’Espósito, La Nación

