He-Man: el héroe que nació de una conveniente mentira regresa por la nostalgia y en busca de nuevos fans

El guardián de Eternia regresa a la pantalla chica en una producción capitaneada por el director Kevin Smith, con una propuesta sólida que busca hacerle justicia

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Invocar la imagen de He-Man es referirse a uno de los grandes íconos de la industria infantil de los ochenta. Las mil batallas del poderoso guardián de Grayskull hicieron las delicias de millones de niños, hoy convertidos en adultos que siguen con atención y recuerdan con nostalgia esa época de muñecos y aventuras televisivas. Ese sentimiento, sumado a la idea de darle una continuidad a la historia del rubio héroe, derivaron en que el director Kevin Smith se pusiera a trabajar en una nueva serie animada, que ya se encuentra disponible en Netflix.

Una mentira, en el momento justo

El nacimiento de He-Man, tiene a George Lucas como protagonista involuntario. En 1976, mientras producía el primer film de Star Wars, el director le ofreció a Mattel la posibilidad de licenciar personajes basados en esa saga. Pero la industria no esperaba suculentas ganancias derivadas de esa película, y el director de la empresa juguetera, Ray Wagner, rechazó comprar la licencia por 750 mil dólares. La oferta finalmente quedó en manos de Kenner, una juguetera muy pequeña que luego del estreno de Episodio IV, se convirtió en una mina de oro a base de vender toneladas de Darth Vaders. Ante ese escenario, desde Mattel la orden fue prestarle mucha atención a posibles nuevas licencias destinadas a niños.

El diseñador Mark Taylor dibujó a este guerrero bárbaro, que sirvió como puntapié inicial para el concepto de He-man.
El diseñador Mark Taylor dibujó a este guerrero bárbaro, que sirvió como puntapié inicial para el concepto de He-man.

En julio de 1981, la empresa firma contrato para una línea de seis muñecos basados en el inminente film de Conan, protagonizado por Arnold Schwarzenegger. Esta vez sí, todo estaba orquestado para lanzar muñecos que acompañaran el que prometía ser un éxito en cines, pero inesperadamente, tuvieron que dar marcha atrás. La película obtuvo una calificación prohibida para menores, debido a su elevada violencia y escenas de índole sexual. Eso impedía que los niños pudieran verla en cines, y en consecuencia, interesarse por esos juguetes. En Mattel decidieron entonces comenzar una línea que no se basara en material preexistente, y con ese fin, se barajaron tres alternativas: o un luchador salvaje, o un soldado de la guerra, o un héroe de ciencia ficción. El éxito de un dibujo animado de la época, llamado Thundarr el bárbaro, inclinó la balanza a favor de un un guerrero de otros tiempos.

Diseños iniciales de los muñecos, con el título "Lords of the Power"
Diseños iniciales de los muñecos, con el título «Lords of the Power»

El 24 de diciembre de 1981, por las oficinas de Mattel comenzó a circular un memo sobre una reunión para definir al héroe de una nueva línea de juguetes, cuyas aventuras se desenvolvían en un mundo de magia y de fantasía. La idea del protagonista tenía que ver, según figura en ese texto, con que “a las madres les gustaban estas temáticas, porque permitían que sus hijos lidien con escenarios de buenos contra malos, y puedan identificarse con un protagonista noble”. La ilustración que marcaba el punto de partida de ese mundo, era una realizada por un dibujante de la compañía llamado Mark Taylor, que mostraba a un guerrero de aspecto vikingo. Bajo el nombre genérico de He-Man, y luego de infinidad de bocetos descartados, apareció finalmente el guerrero rubio, junto a algunos de sus aliados y su principal rival, Skeletor. Inicialmente la colección iba a llamarse Lords of the Power, pero luego ese nombre fue descartado por posibles “connotaciones religiosas”. De ese modo, dieron con el título Amos del universo.

Con los tapones de punta, Mattel lanzaba una publicidad que destacaba la figura de He-Man, pegándole a Star Wars y a G.I. Joe, otras de las licencias jugueteras más rentables de esa época.
Con los tapones de punta, Mattel lanzaba una publicidad que destacaba la figura de He-Man, pegándole a Star Wars y a G.I. Joe, otras de las licencias jugueteras más rentables de esa época.

Una pata imprescindible al momento de lanzar una nueva serie de figuras, es contar con el apoyo de las grandes cadenas de jugueterías. Con ese objetivo, el director de marketing de Mattel, Mark Ellis, convocó a los nombres más importantes del sector para promover la llegada del todopoderoso He-Man a las tiendas. En esa reunión, el ejecutivo les informó que los muñecos iban a contar con una mini historieta y con otros cómics editados por DC, como forma de publicitar la línea. Pero uno de los empresarios cuestionó esa estrategia: “Los chicos de cinco años no leen, así que eso no sirve”. Instantáneamente, Ellis improvisó una respuesta: “Claro, pero todavía no les hablé sobre los especiales animados para televisión que estamos produciendo”. En ese momento, el clima de la reunión se distendió, y todos confiaban en que He-Man podía ser un éxito. El único problema, es que en el afán de vender la idea, Ellis les había mentido.

Una serie eterna

Sí o sí había que poner en marcha una serie de especiales animados de He-Man, y con esa idea en mente, Ellis se puso en contacto con distintas compañías del rubro. Luego de varios rechazos, entre ellos de Hanna- Barbera, el empresario se reunió con Filmation, una productora de mediano calibre, responsable de algunos pequeños éxitos como Tarzán, o los dibujos de Star Trek. El director de esa compañía, Lou Scheimer, vio rápidamente el potencia de la propuesta. Lejos de querer limitar el negocio a un par de especiales, Scheimer propuso darle a He-Man una serie de televisión.

El primero de diciembre de 1982, las figuras de He-Man llegaron a las jugueterías de Estados Unidos, y en septiembre de 1983 debutaban sus dibujos animados. La calidad que Filmation aplicaba a sus animaciones, no era la mejor. En comparación a otros estudios, He-Man se sentía con movimientos menos fluidos, los episodios reciclaban varias veces los mismos planos, y los fondos rara vez tenían un acabado detallado. Pero nada de eso importaba, porque la llegada de los Amos del universo fue una bocanada de aire fresco. El enorme carisma de los personajes, las batallas en un mundo fantástico, la creatividad en el diseño de los héroes y villanos, y el encanto del clásico planteo sobre la lucha del bien contra el mal, cautivó a los más chicos. Poco tiempo después, gritar “yo tengo el poder” y tararear la reconocible melodía, se había instalado entre los niños como una suerte de himno generacional.

Entre Mattel y Filmation había una sana convivencia, pero de límites claros. Ambas firmas lucraban con el nombre He-Man, y si bien la empresa juguetera era la dueña, la productora de animación imponía reglas claras. La más importantes de todas era que ellos no estaban obligados a respetar o a incluir lo que sucediera en el plano de los muñecos. De esa manera, muchas figuras o vehículos que salieron a la calle, no aparecían en los dibujos animados si desde Filmation consideraban que no eran atractivos para la pantalla chica (los casos más emblemáticos al respecto, fueron los de Stinkor y King Hiss). De esa manera, los Amos del universo se convirtió en una marca muy rentable, que también dio pie a decenas de otros productos en materia de merchandising.

El legado del héroe

A mediados de 1984, cuando la serie llevaba poco menos de un año al aire, un artículo del New York Times dio cuenta del boom llamado He-Man, que estimativamente se veía en nueve millones de hogares en Estados Unidos. Se trató de un éxito que rápidamente cruzó fronteras, y en 1985 eran 37 los países que habían adquirido los derechos para televisarla (entre ellos, desde luego, se contaba a la Argentina). La combinación de una ficción atrapante, acompañada de una extensa galería de muñecos, fue una fórmula irresistible y millonaria. Como suele suceder en Estados Unidos, asociaciones de madres y padres siguieron muy de cerca el posible contenido violento de estas aventuras, y en Filmation fueron muy cautos al respecto. Por ese motivo, se tomaron dos medidas clave. Por un lado, el héroe rara vez iba a dar golpes de puño a un rival (solía arrojarlo por el aire), y por el otro, se incluyó al final de cada entrega una moraleja.

Luego de 130 episodios, el 8 de diciembre de 1984, la ficción llegó a su final. Sin embargo, lejos de concluir la saga, la intención fue la de cederle la posta a un nuevo proyecto. De ese modo, en 1985 llegó a los cines He-Man y She- Ra: El secreto de la espada. Ese largometraje animado presentó a una nueva heroína, que luego recibió una serie que se extendió a lo largo de 93 episodios, hasta 1986. En 1987, He-Man llegó a la pantalla grande pero en un film de acción real protagonizado por Dolph Lundgren y Frank Langella. Si bien al momento de su lanzamiento fue un sonado fracaso, el paso del tiempo lo convirtió en un título apreciado por los fanáticos del personaje.

El paso del tiempo hizo de He-Man un culto que nunca pasó se moda. Principalmente impulsado por los adultos que vieron la serie de niños, los muñecos clásicos aún hoy se revenden a precios elevadísimos, mientras que otras empresas constantemente relanzan nuevas figuras inspiradas en los moldes originales o en nuevos diseños. En 2010 también nació la fundación The Power and the Honor, una entidad dedicada a preservar todos los documentos vinculados a esta saga, pasando por muñecos, historietas, afiches y cualquier tipo de material gráfico y audiovisual.

A lo largo de las décadas, la saga contó con algunos intentos de continuaciones y reboots. En 1990 se estrenó la muy mediocre The New Adventures of He-Man, cuyo fracaso desalentó a otro proyecto llamado He-Ro, sobre el hijo del héroe y Teela. En 2002 se lanzó He-Man y los Amos del universo, una lograda relectura de las aventuras clásicas, pero que tampoco llegó a hacer demasiado ruido. Y a casi veinte años de su último proyecto en la pantalla chica, la nueva serie producida por Netflix supone una vuelta a las raíces y una carta de amor a los dibujos de los ochenta.

Amor del universo: Revelación: un bienvenido regreso

Desde que Netflix anunció la producción de una nueva serie basada en He-Man, la nostalgia se apoderó de los fans. El encargado de capitanear este proyecto es el director Kevin Smith, un autor muy vinculado al mundo de los cómics (fue guionista de Daredevil y de Batman), y responsable de films de culto como ClerksDogma Mallrats. Bajo esta fórmula, Amos del universo: Revelación cumple una doble función, la de devolverles un fragmento de infancia a los adultos que en su niñez disfrutaron con este personaje, y la de renovar la propuesta para atraer a una nueva generación de fans. Y alcanza con ver el primer episodio para comprobar que Smith logró captar la esencia del héroe, y revitalizar un universo de lo más fascinante.

Kevin Smith
Kevin Smith

En una entrevista, Smith expresó: “Cuando éramos chicos, muchos de nosotros fuimos tocados por estos personajes y estas historias, y nos pone muy felices volver a Eternia. Pero aunque nunca hayas enganchado un solo episodio de la serie original o no conozcas nada sobre este mundo, igualmente podés ver esto. Es una aventura épica muy clásica, sobre el crecer, sobre el poder, la magia y los descubrimientos. Y exploramos la idea del destino desde una óptica renovada”. La idea del director y guionista, no tiene que ver con relanzar la mitología del héroe, sino con continuar el camino allí donde se abandonó en 1984. La vieja serie, con episodios auto conclusivos, dejó varios interrogantes que nunca fueron resueltos, y ahí comienza este relato de aventuras mucho más ambiciosas, con una calidad de animación que presenta batallas multitudinarias, y un desfile de recordados héroes y villanos. Por todo esto es que Amos del universo: Revelación, es un título imperdible, que marca el reencuentro con un poderoso ícono cultural, que nunca perderá su lugar de importancia en la historia de la televisión.

Fuente: Martín Fernández Cruz, La Nación