La historia desconocida del club que fundaron 43 inmigrantes y que esconde un renovado restaurante

En el barrio de Caballito, el club portugués, creado en 1918, se alza como un faro de la cultura y la identidad lusa en la ciudad

Traspasar su puerta es adentrarse en un mundo casi desconocido. La entrada, la biblioteca y las escaleras son un vestigio de aquellos emigrantes que atravesaron el Atlántico para abrazar el Río de la Plata como su hogar. La antesala, con su vitral imponente que filtra la luz, conduce al secreto mejor guardado del club: su restaurante.

Las banderas argentina y portuguesa en un salón del club
Las banderas argentina y portuguesa en un salón del clubSantiago Cichero/AFV

Esta cantina resguarda los sabores de la tradición culinaria portuguesa, con el bacalao como estrella y los pasteles de nata como un pequeño tributo a su identidad. El bacalao, protagonista de la gastronomía lusa, es un pescado seco y salado que se prepara en innumerables recetas tradicionales, mientras que los pasteles de nata son pequeñas tartas de hojaldre rellenas de crema suave y caramelizada. Además, el restaurante ofrece espectáculos de fado y exposiciones.

Durante sus más de 106 años de existencia, la casa lusitana ha sido escenario de momentos deportivos y culturales memorables, así como de visitas de grandes figuras de la cultura y política portuguesa, entre ellas Eusebio, Amália Rodrigues, Eugenia Lima, António Guterres y José Saramago.

Antesala del club portugués
Antesala del club portugués

Fundada el 13 de octubre de 1918, bajo el nombre de “Centro União Portuguesa” por 43 inmigrantes visionarios, esta institución comenzó como un humilde refugio cultural que cambió varias veces de sede, hasta adquirir, en 1952, la casona que ocupa hasta el día de hoy en el 1468 de la Avenida Pedro Goyena, en el barrio porteño de Caballito.

Fachada del club portugués, ubicada en el número 1468 de la Avenida Pedro Goyena, en Caballito.
Fachada del club portugués, ubicada en el número 1468 de la Avenida Pedro Goyena, en Caballito.Santiago Cichero/AFV

En su plenitud, la institución tuvo más de 3500 socios y socias. Entre sus vecinos de Caballito, el club era famoso por su capacidad de reunir a la comunidad en fiestas icónicas, como el día de la primavera, el aniversario del club y las celebraciones de los santos populares, fiesta típica de Portugal. En ese entonces, se realizaban procesiones en las que se cerraba la Avenida Pedro Goyena y desfilaban carritos, como suele hacerse en Portugal durante los santos populares.

Algunos de los eventos realizados en el salón del club portugués.
Algunos de los eventos realizados en el salón del club portugués.Santiago Cichero/AFV

En 1967, Fernando Farinha, cantante famoso de fado, conocido como «el miúdo de Bica», hizo una parada en el club durante su gira por Argentina, donde permaneció varias semanas. «Como agradecimiento por su estadía, compuso el himno del club, que hoy en día sigue vigente y es cantando por el coro de nuestra institución», relata Rocío Victoria Machado, secretaria general del club portugués desde 2021.

Fernando Farinha pasó por el club y firmó en el libro de oro el 15 de junio de 1967.
Fernando Farinha pasó por el club y firmó en el libro de oro el 15 de junio de 1967.Santiago Cichero/AFV

Un año después, en agosto de 1968, Eusebio da Silva Ferreira, apodado la “Pantera Negra” y Balón de Oro de 1965, llegó junto al plantel del Benfica en medio de una gira que incluyó un partido amistoso contra Boca Juniors. Por el lado Xeneize, había figuras como Roma, Rattín, Rojitas y Meléndez. El encuentro, disputado en la Bombonera, terminó 1-1. La delegación cenó con más de 400 miembros del club, dejando una noche inolvidable en la memoria de la institución. Hasta el día de hoy, una pelota firmada por el plantel se exhibe en sus vitrinas.

El plantel del Benfica en el Club portugués y el balón firmado por todo el equipo.
El plantel del Benfica en el Club portugués y el balón firmado por todo el equipo. Santiago Cichero/AFV

Amália Rodrigues, ícono inmortal del fado, también marcó la historia del club con dos presentaciones legendarias. La primera, el 25 de junio de 1978, coincidió con la final del Mundial de Fútbol, donde la Argentina se consagró campeón por primera vez. El torneo se había celebrado en Argentina y la final se jugó en el estadio de River Plate. “Había más de 1000 personas; el club estaba lleno, con gente en el hall y las escaleras. El salón estaba desbordado”, recuerda José Antonio De Queiroz, vocal y miembro de la comisión directiva.

La reina del Fado en su primera presentación el 25 de junio de 1978 en club portugués.
La reina del Fado en su primera presentación el 25 de junio de 1978 en club portugués.Santiago Cichero/AFV

“La cantante tuvo que llegar muchas horas antes del recital porque las calles estaban repletas de gente. La euforia de la primera Copa del Mundo fue tal que un aficionado de la selección subió a la pared del club y tomó prestada la bandera argentina del club para celebrar en las calles. La devolvió intacta al día siguiente”, concluye De Queiroz.

En su segunda presentación, en 1981, Amália mostró su amor por el tango. Esa noche interpretó “Volver” y “Mi Buenos Aires querido” en homenaje a Carlos Gardel. La reina del fado había crecido escuchando tangos y los había incorporado a su repertorio desde joven. El fado y el tango tienen orígenes comunes. Los dos surgieron en barrios portuarios y zonas de inmigrantes en el siglo XIX. Influenciados por las migraciones, los exilios, las tripulaciones y los marineros.

La guitarra portuguesa, con sus 12 cuerdas organizadas en 6 pares.
La guitarra portuguesa, con sus 12 cuerdas organizadas en 6 pares.Santiago Cichero/AFV

El fado es un género musical tradicional portugués, caracterizado por su melancolía y emotividad, que combina letras poéticas con el acompañamiento de la guitarra portuguesa. Reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2011, expresa historias de saudade, amor y nostalgia.

José Antonio De Queiroz recuerda un episodio con la Reina del Fado antes de subir al escenario del Club Portugués: “Estaba hablando con su guitarrista cuando me miró fijo y preguntó: ‘¿Vos sabés tocar?’ Un poco, le respondí, y sin dudarlo me pasó su guitarra portuguesa. Empecé a tocar «Os Caracóis» y, para mi sorpresa, Amália, que estaba de espaldas, comenzó a cantar. Mientras seguía tocando, ella continuó la canción como si hubiéramos ensayado toda la vida. Al final, preguntó: ‘¿Sos vos tocando, Carlos?’ Cuando Carlos le contestó que no, que era ‘el pibe’, ella se dio vuelta y me dijo: ¡Muy bien para un argentino!”.

SOC - Club Portugues. Buenos Aires, 6-1-2025
SOC – Club Portugues. Buenos Aires, 6-1-2025Santiago Cichero/AFV

En su centenario, en 2018, la institución portuguesa fue homenajeada por la Legislatura porteña, que destacó su contribución cultural, social y deportiva. “En su momento, el Club Portugués contaba con un equipo de fútbol que solía participar en campeonatos con otros clubes portugueses y otras colectividades. A campeonatos internos de malla, truco, canasta y volley”, explica Marcelo Feola, exdirector deportivo y extesorero del club. Durante años para festejar la independencia de la Argentina, los 9 de julio, se organizó también el clásico entre el equipo de solteros y el de casados.

Equipos que disputaron la copa de los solteros y casados.
Equipos que disputaron la copa de los solteros y casados.Santiago Cichero/AFV

Su biblioteca, con más de 3000 libros, el 90% en portugués, fue declarada sitio de interés cultural. “Tenemos autores importantísimos, desde Camões, Eça de Queirós hasta Saramago. Es una colección única que preserva nuestra herencia literaria”, dice Delia Martins, bibliotecaria del club. El Premio Nobel de literatura de 1998 y único de la literatura lusófona también vino al club portugués en 1988.

La biblioteca Atilio Viegas Pinto celebra 83 años.
La biblioteca Atilio Viegas Pinto celebra 83 años.Santiago Cichero/AFV

Desde diciembre 2020, bajo la nueva dirección, presidida por Alejandro Joaquín Viegas, la comisión directiva del Club Portugués ha impulsado proyectos que revitalizaron su propuesta cultural y social, consolidándolo como un referente de la comunidad lusitana en Buenos Aires. La puesta en valor del edificio, la incorporación de nuevos espacios de actividades y la reapertura de la biblioteca Atilio Viegas Pinto destacan entre los logros recientes.

El club también brinda clases de portugués europeo, siendo uno de los pocos lugares en la ciudad de Buenos Aires que ofrece este servicio. Desde 2021 estas clases registran récord de estudiantes y hasta hay lista de espera.

En 2023, esta casa portuguesa lanzó una convocatoria para homenajear a las mujeres que trabajaron por el club, con su primer evento realizado en 2024. Este año, en marzo, se presentará la segunda edición.

Además, la apertura en diciembre de 2023 del restaurante típico portugués AMO —reemplazó a la vieja cantina del club— y la participación en festivales como Buenos Aires Celebra han reforzado los lazos con la comunidad porteña.

El salón principal del restaurante situado adentro del club portugués
El salón principal del restaurante situado adentro del club portugués Santiago Cichero/AFV

Hoy, el club enfrenta el desafío de atraer nuevas generaciones sin perder su esencia. “Queremos atraer a las nuevas generaciones sin perder nuestras raíces. No es fácil, pero es un desafío que estamos dispuestos a asumir”, reflexiona Rocío Machado. Las familias ya no comparten tanto en conjunto; las agendas son distintas y los espacios como el club se han ido dejando de lado. Por eso, es tan importante retomar las labores de la comunidad, reconstruir los lazos afectivos y revalorizar el trabajo conjunto, concluyó.

El presidente de la institución portuguesa más antigua de Buenos Aires, Alejandro J. Viegas, proyecta importantes iniciativas para el futuro, como una sala de streaming para crear programas en vivo y una radio. Además, el comité directivo impulsa el Proyecto ALMA (Archivo Luso de la Migración Argentina), destinado a preservar la memoria de la comunidad portuguesa en el país, incluyendo la historia del club y sus miembros. Por último, la creación de un Museo Portugués buscará exhibir y celebrar el legado cultural e histórico de la institución.

La cédula del primer socio del club Joaquín Rodrigues Gago, con el pagamento de las cuotas.
La cédula del primer socio del club Joaquín Rodrigues Gago, con el pagamento de las cuotas.Santiago Cichero/AFV

“El desafío más importante es conservar su objetivo y su función de aglutinante, como un espacio que preserva la identidad a partir de la interacción de su comunidad», explica la secretaria general. Más de un siglo después de su fundación, el Club Portugués sigue siendo un refugio de memoria y cultura que, contra viento y marea, busca perdurar.

Fuente: Sarah Mota, La Nación