La resurrección del patrimonio de Elvis

Los ídolos de la música constituyen un negocio gigante desde hace tiempo y el caso de Elvis Presley es un fenómeno especial, aunque sus números vienen en descenso.

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El hombre que nació hace 86 años –un 8 de enero-en Tupelo, Mississippi, fue considerado el primer rockstar de la historia y el que abrió las puertas de la popularidad a la generación que hizo explotar el rock.

Desde su muerte en 1977 en Memphis, Tennessee, aún joven pero en completo derrumbe físico y artístico, sus fans y sus legiones de admiradores convirtieron su casa (Graceland) en un templo, destino de peregrinaje, sobre todo cada 16 de agosto. Existe una devoción genuina y que sí se va renovando sobre el arte de Elvis, desde el rock hasta sus baladas que lo llevan a la dimensión de un clásico.

Y también Forbes difunde un curioso ránking anual con las ganancias que generan aquellos que ya no están. Michael Jackson fue el número 1 de esa lista el año pasado con 48 millones de dólares y Elvis es infaltable en el top 5 desde hace veinte años. Lideró entre el 2001 y 2008. En 1973, el entonces manager de Elvis, el legendario y controvertido Coronel Parker, vendió el catálogo de mil canciones para afronta las deudas que habían acumulado y los gastos que demandaba el agitado tren de vida del cantante. Recaudó apenas 5,4 millones de dólares, mientras que hoy el valor del Patrimonio Elvis asciende a los 500 millones. Solamente Los Beatles (mil millones) y Queen (575 millones, después del revival con la película Bohemian Rapsody) alcanzan un valor patrimonial superior en el ambiente de la música.

Con ese patrimonio, el Authentic Brands Group – el administrador- genera unos 40 millones de dólares anuales, lo cual definen como “increíble para alguien que murió hace más de 40 años y cuyo nombre ya no figura en el radar de las nuevas generaciones”. Una encuesta reciente en Gran Bretaña difundida por The Guardian indicó que el 30% de los jóvenes de 18 a 24 “nunca escuchó una canción de Elvis” y cifras similares se encuentran en otros países que marcan tendencia musical. La periodista y escritora Alanna Nash, autora de varios libros biográficos, definió a Elvis como “la estrella musical más importante de todos los tiempos. No se puede discutir el hecho de que no solo cambió, sino que dirigió el curso tanto de la música popular como de la cultura popular de los años 50″.

"El Rey Elvis, muerto", tituló The Sun. "Tenía 42 y estaba solo", decía. Tan famoso y simbólico fue que su muerta fue la noticia principal en varios medios.

«El Rey Elvis, muerto», tituló The Sun. «Tenía 42 y estaba solo», decía. Tan famoso y simbólico fue que su muerta fue la noticia principal en varios medios.

Los últimos estertores de esa grandeza se vieron en los recitales de Las Vegas en 1969 ya que, a partir de allí, el declive fue imparable: las drogas, los trastornos alimenticios, recitales patéticos, sesiones de espiritismo. Hasta que Ginger Alden, su pareja de ese momento, lo encontró muerto en el baño de su mansión. Más de cien mil personas asistieron al funeral y enseguida afloraron las teorías conspirativas, al punto que muchos creían que Elvis seguía vivo (algunos aún hoy lo creen). Bono es uno de los más famosos admiradores de Elvis, le dedicó un emotivo poema y también, en un texto para Rolling Stone, señaló que “en Elvis, tienes el plan para el rock & roll: la alteza, los máximos del Evangelio. El barro, el barro del Delta, el blues. Liberación sexual. Controversia. Cambiando la forma en que las personas se sienten sobre el mundo. Todo está ahí con Elvis”. Y concluyó: “¿Por qué queremos que nuestros ídolos mueran en una cruz que ellos mismos hicieron, y si no es así, queremos que nos devuelvan nuestro dinero? Pero ya sabes, Elvis se comió América antes de que América se lo comiera a él”.

A principios de los 80, Priscilla –la ex mujer de Elvis- tomó el control de ese patrimonio y la apertura de Graceland, en 1982, fue un hito, llegaban a recibir 700 mil visitantes para que vieran su casa, su colección de autos y sus armas. Facturaban 15 millones de dólares por año. En 1993, al cumplir 25 años, Lisa-Marie, la hija de Elvis, asumió la herencia y formó Elvis Entreprises, que también fue vendida. Vinieron distintos fiascos económicos y distintas compañías, hasta que el Authentic Brands compró los derechos en 2013. De los 60 millones anuales que facturaban al principio, han bajado cerca de un 30%. Sus negocios, además de Graceland (cerrado durante el último año por la pandemia) son la venta de discos, las licencias del nombre E.P., el streaming y los objetos de colección. Pero también estos vienen en descenso: de 4 millones de dólares que generaban en 2017 sólo quedaron en millón y medio en 2019. Dentro del campo del streaming, los temas de Elvis tuvieron casi 550 millones de reproducciones en el último año, siendo “Blue Christmas” y “Can’t Fell in Love…” los preferidos, aunque Michael Jackson o Frank Sinatra, por citar ídolos también muertos, tienen números más altos.

Graceland, donde Lisa Marie se mantiene como dueña, se convirtió en un parque de diversiones con museo, restaurantes y teatro, y ahora cuenta con un lujoso hotel cinco estrellas (“The Guest House”). Las entradas al parque cuestan desde 42 hasta 180 dólares y así Graceland sigue siendo el negocio más lucrativo de la marca Elvis. Una reciente presentación de Jamie Salter, el CEO del grupo, promete que este año “tal vez sea el más grande de la historia de Elvis”. Y para eso proyectan desde un filtro en Spachat hasta un video animado en The Dodo y una serie en Netflix, reflotar shows televisivos y una película biográfica con dirección de Baz Luhrmann. “Las marcas mueren cuando van envejeciendo y es porque la generación más vieja también se va. Hay que empujar esas marcas hacia una generación más joven, si no la marca también va a morir. Y eso es lo que estaba sucediendo con Elvis”, declaró a la revista Rolling Stone, al lanzar un agresivo plan de branding. Su compañía también representa los patrimonios de estrellas de aquellos tiempos como Marilyn Monroe y Muhammad Ali. “Modernizar” a Elvis no es una tarea sencilla y ya lleva varios fracasos, incluyendo un musical en Broadway (“All Shook Up” duró apenas seis meses) y un show del Cirque du Soleil (“Viva Elvis”) de limitada repercusión.

Fuente: Clarín