Las memorias de Lenny Kravitz: una madre amorosa y un padre conflictivo, marihuana a los 11 y cuentas con el pasado de un artista “dual”

A los 56 años, el cantante relata en el libro Let Love Rule ("Deja que el amor mande") dirija los primeros 25 años de su vida, y de las influencias que lo marcaron antes de su salto al éxito.

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A los 56 años, Lenny Kravitz decidió relatar en Let Love Rule, su flamante libro de memorias, los primeros 25 años de su vida, que terminaron con el lanzamiento de su álbum debut, en 1989. La historia que cuenta no es sobre el estrellato (que vendrá después, dice), sino sobre las influencias que inspiraron su distintivo híbrido musical de soul y rock clásico.

Lenny Kravitz comenzó su carrera discográfica en una época en la que el hip-hop y el dance-pop estaban en alza. Durante años, a medida que el rap y la música electrónica se hacían más importantes, defendió resueltamente el rock’n’roll y veía como los ideales hippies de amor y paz atraían las risitas burlonas, empezó a parecer menos tonto.

Desde aquellos días, Kravitz vendió más de 40 millones de discos en todo el mundo, y a pesar de tocar música «vintage», instaló cuatro éxitos en el Top 40, incluyendo el magnífico tributo al soul de Filadelfia, It Ain’t Over ‘til It’s Over, y el funk-rock stomper, Fly Away. Desde 1999 a 2002, ganó cuatro Grammys consecutivos por su desempeño vocal en el rock masculino.

«Es el epítome de lo genial«, dijo el actor Jason Momoa, la estrella de Aquaman y Juego de Tronos. Momoa tuvo una relación con la ex esposa de Kravitz, Lisa Bonet, desde 2005, y los Kravitz, Bonets y Momoas se convirtieron en una familia extendida y fusionada. «Es triste que algunas familias no puedan llevarse bien», dijo Momoa. «Es súper tranquilo, y está lleno de amor. Cuando estoy con él, me siento especial».

Lollapalooza  Lenny Kravitz festival Lollapalooza

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La historia de los primeros años de Kravitz está llena de revelaciones. La primera llegó cuando vio a los Jackson 5 en el Madison Square Garden. Luego fue a un concierto de James Brown, al que llama su «segundo momento de cambio de vida». A los 11 años, su madre fue una de las protagonistas de The Jeffersons, la innovadora comedia interracial, y su familia se trasladó a Santa Mónica, California, donde en rápida sucesión descubrió a Led Zeppelin, los monopatines y la marihuana.

Las epifanías continuaron ocurriendo: el beso; Steely Dan; música coral; la ópera Tosca. Y, en el mismo plano de importancia que Led ZeppelinPrince. «Cuando vi a Prince, me vi a mí mismo», escribe.

Paralelamente a esta serie de hitos musicales, Lenny Kravitz desarrolló una estrecha relación con su madre, la actriz Roxie Roker, «una seductora mujer caribeña americana» que parece haber conocido a todos los artistas e intelectuales negros de los ’70; y una difícil relación con su desaprobador padre, el productor de noticias de televisión Sy Kravitz, «un judío seguro de sí mismo» cuyos padres se negaron a asistir a su boda con Roxie.

«Soy profundamente dual», escribe Kravitz. «En blanco y negro. Judío y cristiano. Manhattanita y brooklinita».

Conoció a Bonet, estrella de The Cosby Show, entre bastidores en un concierto de New Edition. Como Kravitz, ella es hija de una pareja mixta. «Era como si fuera mi versión femenina», escribe. Ella le pagó para que grabara los demos que eventualmente lo llevarían a un contrato de grabación, después de que él pasara años rechazando acuerdos que le hubieran requerido cambiar su estilo de música. Y a finales de 1988, tuvieron una hija, Zoë Kravitz, ahora actriz, cuyos papeles estelares incluyen un espectáculo sobre el fandom musical, High Fidelity.

Kravitz, de 56 años, llevaba seis meses en su casa de las Bahamas cuando hablamos a fines de agosto. Es un excursionista, así que para él estar en un lugar durante tanto tiempo «es una nueva experiencia». Respondió a una llamada de Zoom en jeans y una remera de Talking Heads, con la inscripción «Remain in Light» y habló amistosamente sobre sus memorias, sobre si puede seguir comprometido con la no violencia y sobre lo «horroroso» que su padre le dijo una vez. 

-¿Notaste algún patrón o tema en tu vida, mientras escribías tus memorias?

-Mucha aceptación y perdón. Pensar profundamente en cosas en las que no había pensado fue muy sanador. Especialmente en el caso de mi padre.

“Antes de que mi padre muriera (en 2005), hicimos las paces. Estuvo bien. Pero no puedo decir que lo entendiera todo, o que lo aceptara. Al escribir este libro, llegué a entenderlo como un hombre, en lugar de verlo como mi padre que la cagó en diferentes terrenos.”

-Cuando tenías 16 años, te echó de casa y fuiste itinerante durante unos años. ¿Seguís enojado con él?

-Antes de que mi padre muriera (en 2005), hicimos las paces. Estuvo bien. Pero no puedo decir que lo entendiera todo, o que lo aceptara. Al escribir este libro, llegué a entenderlo como un hombre, en lugar de verlo como mi padre que la cagó en diferentes terrenos. Terminé queriéndolo y amándole aún más.

-Aparte de tu padre, ¿había otras cosas que tenías que aceptar en tu vida?

-Tuve que aceptarme a mí mismo. Todo el viaje para encontrarme a mí mismo fue un camino. Pensar que quizás no era suficiente, o que mi nombre no era correcto, o que la música no era lo que debería haber sido.

Lo otro interesante es el espíritu dentro de mí que no me permitía aceptar todos esos contratos. Cuando a un adolescente se le ofrecen ofertas de discos y vive en un coche, o vive en el sofá de otra gente, sin tener nada… Realmente me sorprende que no aceptara ninguno de esos contratos. Algo dentro de mí sabía que tenía que aguantar.

-Hay diferencias sorprendentes entre tu madre y tu padre. Ella te expuso a la música, el teatro y la poesía negra. Tu padre, que era judío, no parece haber estado interesado en educarte en el judaísmo.

-No, él no era esa clase de comunicador conmigo. Y no era religioso. Como ocurría con muchos judíos en mi familia en ese momento, se trataba de la tradición y de mantenerla viva, especialmente después de lo que la gente de la familia había pasado en la Segunda Guerra Mundial. Pero aun así me expuse a eso, por ir al templo y pasar las fiestas con mi familia en sus casas.

-Hay un pasaje impresionante en el libro que involucra a tu padre. Tenés 19 años más o menos, y descubrís que estuvo engañando a tu madre. Se lo decís, y ella responde que ya lo sabía. Entonces los tres hablan, y él te dice algo horrible sobre el engaño: «Tú también lo harás».

-Sí. Hablaba con la verdad. Se escapó al ejército para salir de la casa, porque su padre le había hecho eso a su madre. Y aquí estaba repitiendo eso. Supongo que pensó: «Esta es una maldición generacional de la que no podemos salir».

Fue lo más horrible que pudo haber dicho. Esas palabras me quemaron. Me han costado la vida. ¿En esa situación? Decí una mentira. Mi madre pensó que este era su momento para decir: «Hijo, esto fue horrible. Esto está mal, y espero que aprendas de esto». El tipo de cosas que verías en Leave It to Beaver. Dijo: «Tú también lo harás», agarró su bolso y salió por la puerta principal. No podría haber sido mejor dirigido.

“Tuve que aceptarme a mí mismo. Todo el viaje para encontrarme a mí mismo fue un camino. Pensar que quizás no era suficiente, o que mi nombre no era correcto, o que la música no era lo que debería haber sido.”

-En tu álbum más reciente, Raise Vibration, de 2018, hay una canción llamada Here to Love, donde dices que el amor y la no violencia son las únicas formas de afectar el cambio. Pero en la siguiente canción, It’s Enough!, pareces dudar de que puedan funcionar. ¿Te aferraste a tus creencias no violentas?

-En última instancia, creo que es el camino. Pero (pausa larga) puedo ver ambos lados. En cierto punto, sientes la necesidad de retroceder, porque has sido no violento, has sido elegante, has sido considerado, y entonces la gente te pasa por encima. Cada año, cada década, pensé que nos estábamos alejando y llegando a un lugar mejor, lentamente. Sabía que había racistas, pero no podían ser explícitos al respecto. La gente está perdiendo la cabeza en general en el planeta.

-Uno de los contratos discográficos que rechazaste hace años fue ofrecido por John McClain, ejecutivo de A&M que quería que te unieras a una banda que sería un Black Duran Duran. Es una lástima que eso no ocurriera, porque hubiera sido increíble.

-Estábamos sentados en su oficina y dijo: «Vamos a estar en el jet-set del mundo, al sur de Francia, haciendo videos como ‘Río’, en un barco, vistiendo hermosos trajes de lino». Lo estaba vendiendo. Pero yo dije que no podía hacerlo.

Es gracioso, porque somos muy buenos amigos hasta el día de hoy. Somos como hermanos para Denzel (Washington), y Denzel me puso en contacto con John hace años. John fue quien nos unió a (Michael Jackson) y a mí cuando escribí y produje una canción para él.

Los mejores amigos: Lenny Kravitz y Zoë, en la llegada a la 82 entrega de los Premios Oscar, en 2010. /REUTERS/Mario Anzuoni

Los mejores amigos: Lenny Kravitz y Zoë, en la llegada a la 82 entrega de los Premios Oscar, en 2010. /REUTERS/Mario Anzuoni

-Vos y Zoë son muy cercanos. Cuando ella crecía, pasabas mucho tiempo de gira y en el estudio. ¿Qué clase de padre eras?

-Sí, entraba y salía, iba de gira. Pero entonces Zoë se mudó conmigo, cuando tenía unos 11 años. Se fue de gira conmigo, tuvimos profesores en el trayecto, la llevé por todo el mundo. Creo que esa experiencia, y la casa de su madre, la exposición a las artes, le dieron cierta fuerza y conocimiento. Somos los mejores amigos. No hay nada de lo que no hablemos.

A veces la llamo demasiado. Ella bromea y me hace saber que soy un poco demasiado cargoso. Pero si no la llamo durante unos días, me va a llamar y me va a decir: «¡No llamaste!» Me encanta eso. ¡Me extrañás! Me amás, ¿verdad?

-¿El negocio de la música se ha vuelto más fácil para los músicos negros que quieren tocar rock ‘n’ roll?

-No veo mucho de eso. El rock’n’roll en general, ¿dónde está? En blanco, en negro o de otra manera. Se ven niños en Instagram tocando la guitarra eléctrica. No quieren escuchar trap o hip-hop, quieren a los Stooges, el MC5, Bowie, Marc Bolan. Estoy seguro de que algo va a salir de eso. Siempre tengo esperanzas.

-Fumaste marihuana todos los días desde los 11 años hasta los 35. Luego dejaste de hacerlo por un tiempo. ¿Fumas ahora?

-Fumaba como Bob Marley. Estaba en ese nivel. Supongo que ahora se podría decir que como Snoop Dogg, ¿verdad? Así era yo, desde el momento en que te despiertas hasta el momento en que te duermes. Luego tuve que dejar de fumar, y lo hice. Me di cuenta de que la vida era un viaje. Una vida normal, sin estar high, era como estar drogado. Necesitaba sentir las cosas de una manera diferente. Ahora lo hago cuando lo siento.

-Aquí hay una teoría psicológica. Describes tu infancia como «dorada» y dices que fue la época más feliz de tu vida. ¿Tu amor por la música en la que creciste es también una forma de aferrarse a esa infancia?

Probablemente. Anoche, estuve conectado a YouTube durante horas, viendo material de Jackson 5, Motown, cosas diferentes. Soy muy nostálgico en ese sentido. Es un trabajo increíble. Pero sí, me hace sentir de cierta manera. Me hace pensar en crecer en Nueva York cuando era niño. Estaba viendo las imágenes, pensando: «¿Qué pasó con la música? ¿Qué pasó con el romance?» Hemos perdido toda esa sutileza.

-Tus memorias terminan cuando tienes 25 años, y lanzas tu primer álbum. Escribes: «No sabía entonces que la vida de una estrella de rock es en igual medida una hermosa bendición y una peligrosa carga». ¿Es seguro asumir que habrá un segundo libro que entre en la dicotomía de bendición y carga?

-Este libro es sobre el viaje para encontrar mi voz. El próximo será muy complicado. Todo cambió. No tenía un mundo que me mirara, o gente que proyectara sus ideas de quién soy. Entonces, te lanzan a ese escenario mundial. Y eso a lo que tienes acceso te vuelve loco.

Fuente: Clarín