Murió Piero, el histórico cantante de “Mi viejo” y “Soy pan, soy paz, soy más”

Tenía 81 años y estaba internado en el Hospital Italiano. Fue un gran referente de la canción popular. Nacido en italia, dejó un repertorio que combinó baladas y las denominadas canciones de protesta, como “Para el pueblo lo que es del pueblo”.

Alos 81 años murió Piero. El músico se encontraba internado desde hacía unos días en el Hospital Italiano y el deceso se produjo en la mañana de este miércoles 7 de octubre.

“Hoy tengo nublada la sonrisa, país de cielo, país de tiza. Piden las paredes libertades, la calle espera, la gente sabe”. Comenzaba la década del setenta y la poesía de José Tcherkaski, con la música y la voz de Piero, eran grandes llamados de atención entre los estertores de las canciones nuevaoleras, la resistencia tanguera de viejos valores y el naciente rock nacional (rebelde, pero no comprometido políticamente). Piero encarnaba en aquellos años la canción de protesta que se expresaba de manera absolutamente directa. No recalaba en la poética folklórica de manifiestos, como el del Nuevo Cancionero. Buscaba rumbos y modos propios, apenas emparentados con expresiones punzantes, como la de Horacio Guarany con su “Si se calla el cantor”.

Piero siempre fue “manso y tranquilo” (como reza el título de su propia canción) para decir las cosas que pocos se animaron. “Comer bien era muy raro, comer poco era normal, comer era subversivo…, para el señor militar”, entonaba en “Para el pueblo lo que es del pueblo”. “Es un buen tipo mi viejo, que anda solo y esperando. Tiene la tristeza larga, de tanto venir andando”, susurraba en “Mi viejo”.

Letras con tono social explícito en la voz de un veinteañero que apenas abría la boca de generosa dentadura para lanzarlas como dardos.

«Para el pueblo lo que es del pueblo» es uno de los máximos himnos de la canción de protesta latinoamericana, compuesto por el cantautor ítalo-argentino Piero De Benedictis junto al poeta y periodista José Tcherkaski.

La canción da título a su cuarto álbum de estudio, editado originalmente en 1974 bajo el sello CBS. Fue concebida como una fuerte crítica social y política frente a los regímenes militares que azotaron a la Argentina entre 1966 y 1973 (Onganía, Levingston y Lanusse), además de incluir una dedicatoria al músico chileno Víctor Jara. Debido a su combativa letra que denunciaba el autoritarismo («Libertad era un asunto mal manejado por tres, libertad del almirante, general o brigadier«), la obra fue completamente prohibida y censurada durante la última dictadura militar argentina (1976-1983). Con el regreso de la democracia a finales de 1983, la canción fue reeditada y entonada de manera masiva como un símbolo de liberación popular.

Obviamente, eso le costó el exilio, entre 1976 y 1981 (la mayor parte del tiempo que duró la última dictadura militar). A su regreso, quizá sus canciones no tenían el mismo tono combativo, pero eso no les quitó el peso testimonial de su mensaje.

Ya en la década de los 80, su mensaje fue más pacífico. El gran ejemplo de esa etapa es «Soy pan, soy paz, soy más», una de las canciones más emblemáticas de la música popular latinoamericana, compuesta por el cantautor italo-argentino con letra del poeta uruguayo Luis Ramón Igarzábal.

El tema cobró un significado histórico colosal a principios de la década de 1980, transformándose en un himno de libertad, rebeldía y renacimiento en Argentina. Musicalizó con esperanza el final de la última dictadura militar y el regreso de la democracia, convirtiéndose en una catarsis colectiva para dejar atrás los años de horror. Su arraigo popular creció todavía más cuando la mítica Mercedes Sosa la adoptó en su repertorio y la transformó en un clásico indiscutible tras su regreso del exilio.

En su disco del 83 que llamó Hombre común habló, justamente, de esa gente de a pie. “Un hombre común tiene un paladar, olor a vino. Un gesto, un apellido, un hijo muerto, un asesino”. O de los inundados en el norte del litoral argentino: “(…) Nadie me explica lo que pasó, pa´que explicar si pobre soy, y el agua sube sin preguntar, si soy el Pedro, si soy el Juan. (…) Hasta cuando el que manda sigue olvidando. Para cuando, nos juntamos para arreglarlo. Otra vez, los de abajo vamos a esperar, lo que los de arriba van a olvidar”.

Era diciembre de 1983 y Piero estaba sobre el escenario del microestadio de Atlanta con su grupo Prema que, de algún modo, lo insertaba en una de las ramas del rock nacional. El público, envalentonado por la Democracia que se acababa de recuperar semanas atrás, con Raúl Alfonsín como flamante presidente, coreaba: “Olé lé, o la lá, si este no es el tano el tano donde está” y Piero respondía: “Está acá y se queda. Esperemos que esta canción sean de esas cosas que pasan. Que tengan que ver con el pasado y que nunca más”. Así, otra vez volvía a sonar su canto de barricada (y de cancha) por excelencia: “Para el pueblo lo que es del pueblo”.

Fuente: La Nación