Regresó la ópera al escenario del Teatro Colón: se estrenó una Theodora non sancta

Alejandro Tantanian, textos de Franco Torchia y lecturas de Mercedes Morán, propone caminos poco ortodoxos de la fe, con presentaciones hasta el 3 de octubre.

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Theodora

Hace poco más de 270 años, Georg Friedrich Händel –a esa altura ya casi un patrimonio cultural de Inglaterra– estrenaba en Londres uno de sus últimos oratorios, Theodora, sobre textos de su colaborador Thomas Morell. Pese a que el compositor lo consideraba una de sus obras más logradas, sabía que el tema (el martirio de una cristiana del siglo III que se rebeló contra la idolatría impuesta por el emperador Diocleciano) iba a resultar atípico e incómodo.

De la mano de una relectura que infunde nuevos sentidos y conexiones, Theodora llegó este martes 28 de septiembre a la temporada lírica del Teatro Colón. En rigor, no se trata de una ópera sino de una producción semi-escenificada, con dramaturgia y puesta de Alejandro Tantanian, textos de Franco Torchia, que traerán al público la figura de la teóloga argentina Marcella Althaus-Reid en lecturas de la actriz Mercedes Morán. Integran el elenco la coreana Yun Jung Choi y los argentinos Martín Oro, Florencia Machado, Santiago Martínez y Víctor Torres.

Después de Beatrix Cenci en 2016, el proyecto de que Tantanian volviera a poner en escena una obra en la temporada lírica del Teatro Colón se fue postergando. Tras la suspensión de otro título de Händel, (la ópera Serse, programada para el 2020), el director propuso la realización de Theodora, más sencilla de montar en el contexto de la pandemia. Las restricciones del presupuesto, el protocolo escénico y la duración fueron el disparador de caminos alternativos a una versión tradicional.

“Empezaron a aparecer ideas que buscaban sostener la línea narrativa del material, como la de una actriz que pudiera reponer la información que por los cortes no quedara clara”, revela Tantanian, de quien se recuerda una gestión virtuosa e inconformista en el Teatro Cervantes en la gestión nacional anterior. “Paralelamente, nos interesaba anclar el material al presente, generar una mirada contemporánea, que no podía estar en el anclaje escénico porque estamos trabajando con materiales preexistentes en el Teatro. Al no tener la posibilidad de generar un vestuario con un signo epocal, surgió la idea de trabajar con un discurso paralelo al de la pieza, que se pusiera en diálogo con el material de Händel y Morrell. Así fue que convoco a Franco Torchia. La obra de la teóloga Marcella Althaus-Reid es una cantera de ideas que hace un juego muy atractivo con Theodora”.

Si bien Althaus-Reid es desconocida en la Argentina, su producción teórica es referencia en el mundo. “Su trabajo es polisémico –explica a Ñ el reverendo y doctor en Teología Hugo Córdova Quero, amigo y discípulo de la experta argentina–. Esa polisemia es fruto de la interseccionalidad de varios paradigmas, incluidos lo feminista y loqueer pero también lo poscolonial, la critica a las ideologias de raza/etnia, clases sociales y nacionalimos”. Así, a partir de la matriz de la teología de la liberación, desarrolló un enfoque en el que toman un rol protagónico cuestiones de sexualidad y estudios de género, así como el feminismo.

Aunque se trata de una apuesta artísticamente osada, Tantanian no parece inquieto por la eventual reacción de un público conservador como puede ser el del Teatro Colón: “No hay un ánimo de pelearse con el público o de llevar la contra. Es la manera en que sentí la obra. A nosotros nos importa mucho que la figura de Marcella Althaus-Reid entre en foco, porque es una pensadora argentina desconocida para el 99% de los argentinos, y pese a que ya ha muerto está la posibilidad de que esos discursos sean muy transformadores para las disidencias sexuales. Cuando uno revisa los clásicos, es necesario ver a quién le estaban hablando, con quiénes discutían. Es la manera de poder volver a decir hoy cosas que son de otro orden pero que tienen el mismo basamento. La mirada de la puesta en escena está más en lo discursivo; algo del concepto de espectáculo que está atravesado por ese discurso friccionado, a cargo además de una actriz con el renombre de Mercedes Morán. Ella aceptó esta aventura, y está feliz de pertenecer al trabajo”, afirma.

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Las trampas de la fe

Una semblanza de la rosarina Marcella Althaus-Reid publicada en un medio argentino y una entrevista que él mismo le hizo al artista colombiano Carlos Motta llevaron a Franco Torchia a tomar contacto con la figura de esta teóloga muy reconodida en el exterior. Esa fascinación latente parecía estar esperando su oportunidad y esta llegó cuando Torchia fue convocado por Tantanian para colaborar en el espectáculo: “Cuando leo Theodora rápidamente advierto que la historia de esta mártir del siglo IV tenía mucho que ver, como cristiana perseguida, con la historia de Marcella como cristiana pervertida muchos siglos más tarde -dice Franco Torchia-. Altaus-Reid es la iniciadora de lo que conocemos como teología indecente. Creo que la historia de los mártires no reconoce siglos, y frente al poder religioso y al poder político, siempre hay determinados cuerpos que son primeras víctimas. A la cabeza, indudablemente está el cuerpo de las mujeres. Ahí hay un denominador muy claro en la desobediencia de Theodora frente a ese poder y la historia de Marcella, que es la de una desobediente que advirtió que la obediencia y la diferencia no pueden ir de la mano. Por eso, la única alternativa que le quedó fue desarrollar de una manera personal su fe y postular un sistema colectivo para esa fe. Este pasaje de una cristiana perseguida a una cristiana pervertida (con un sentido muy especial de la palabra perversión que le otorga Althaus-Reid, que no es solo lo que entendemos como perversión sexual sino también etimológicamente per vertir, es decir otro punto de partida) se introduce primero entre los actos de la obra, y luego usando recursos que habrá en escena”.

De la emoción a la acción

Foto: German García Adrasti.

Foto: German García Adrasti.

Otra de las peculiaridades que impuso la pandemia a esta singular producción fue la necesidad de que el trabajo del director musical, Johannes Pramsohler, empezara a distancia, primero desde París (donde reside) y luego desde su hotel, en su cuarentena obligatoria. A pesar de todo, esa restricción tuvo sus ventajas. “Me ha permitido preparar de otra manera”, dice Pramsohler. “Cuando uno llega a una producción de ópera, el primer día ve a todos y no los conoce. Aquí tuve dos semanas en las que podía ir conociendo al equipo, ver como cantaban, hablar con ellos… Fue mucho más paulatino”. Ya instalado en el Teatro, destaca el buen clima en todo el equipo y la riqueza del intercambio de ideas y lecturas. Agreguemos que el espacio y vestuario fueron concebidos por la directora de arte Oria Puppo (argentina radicada en París, autora también del video junto a Matías Otarola). La iluminación es de Rubén Conde y la dirección musical de Johannes Pramsohler.

A pesar de que el director y violinista proviene del ámbito de la interpretación históricamente informada y con instrumentos de época, su desempeño aquí será al frente de la Orquesta Estable del Teatro Colón. “El trabajo con orquestas modernas me gusta porque para ellos es un enfoque estilístico que normalmente no hacen, sobre todo en el uso del arco, la articulación, cómo se piensa la música. Este trabajo les encanta a las cuerdas. Es una música que viene del texto, y se busca una expresión más inmediata”, afirma.

–Händel cultivó el formato de la ópera seria, que es estático a nivel dramático, y al mismo tiempo sus oratorios son muy teatrales.

– Se sabe que ya los oratorios italianos de Händel eran casi escenificados. Lo que él consigue en los oratorios es una acción mucho más rápida respecto de la ópera. En Theodora hay una acción sencilla, no hay historias paralelas, pero es muy satisfactorio para un director de escena porque hay menos arias da capo y recitativos y más ariosos que en sus óperas.

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Forma y contenido

Desde París, donde vive desde hace más de 15 años, Oria Puppo brinda detalles del concepto visual y escénico del espectáculo. “Es ésta la historia de una mujer que confronta y adquiere una dimensión fuera de tiempo y época, y así la abordamos. Tiene actualidad en cualquier época en la que se monte y es indispensable liberarla de su contexto e interpretaciones históricas para que pueda brotar su carácter actual debajo de ese barniz. Esta mujer, lo que atraviesa y cómo lo vive y se posiciona, la coloca en un hoy fulgurante, borrando épocas y contexto social. Y justamente reformulando creencias”.

–La escenografía está completamente trabajada en base al reciclaje de materiales existentes en el Teatro. ¿Fue una elección o una necesidad?

–La propuesta fue hecha así desde el Teatro por la crisis sanitaria y económica. A nosotros nos tocaba darle sentido y poesía. Hicimos de este pedido un desafío con dos puntales: por un lado, dar prioridad en los tiempos en los que vivimos a poder seguir creando; por el otro, hace unos años participo activamente con una postura eco-crítica que toma conciencia de las condiciones ecológicas de nuestras producciones artísticas y propone alternativas sostenibles. Por último, considero que los elementos genéricos en un teatro tienen una riqueza infinita, y hace ya unos 15 años que exploro su uso de forma visible: ver nevar en un escenario, pero viendo la nieve caer y al mismo tiempo la zaranda haciendo caer la nieve, y al maquinista que mueve los tiros-sogas que la hacen caer. Una nueva forma a lo Bertolt Brecht pero que en vez de denunciar el efecto teatral le ofrece nuevo estatus poético. Y este concepto es perfectamente adaptable a esta puesta.

–¿Qué ventajas y desventajas tiene este formato, y qué soluciones encontraron?

–Al ser un oratorio y semi-escénico, gran parte de los protocolos no producen mayor conflicto. Y agudizan los medios visuales (pictóricos por vía del video) al señalar o ampliar situaciones dramáticas sin ser ejecutadas físicamente. La obra de Marcella Altahus-Reid tiene un impacto directo en lo visual. El diálogo que se genera entre Theodora y Marcella tiene tal nivel de contundencia que, con solo plasmar esas palabras en forma escrita, escénicamente abrimos un campo poético, visual y material.

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OPINIÓN

Impulso creativo en unos años de medianía

Por Laura Novoa

De los seis títulos programados para 2021 en el repertorio lírico, sólo dos tendrán versiones integrales con escenografía, producción luminotécnica y vestuario: La finta Giardinera, de Mozart, y El Cónsul, de Gian Carlo Menotti, que era parte de la programación 2020. En rigor, habrá que esperar hasta octubre y noviembre para disfrutarlas. Entretanto, para su temporada lírica, el Teatro Colón hizo su apuesta por versiones de concierto, algunos con propuesta semi- escénica. Aún no está confirmada Cavalleria Rusticana/ I Pagliacci, también en versión de concierto.

La raquítica temporada abrió con Altri Canti, Tres pequeños dramas en música, en julio. La calidad musical de la obra de Monteverdi fue inobjetable. Y, aunque sus creaciones no estuvieran destinadas a la escena, lo mismo vale para la lectura del régisseur Pablo Maritano sobre la teatralidad de las obras vocales del compositor. Sin embargo, lo que podría reprocharse es si el popurrí que se hizo con las obras de Monteverdi; más allá del resultado, corresponde con la escala y los recursos del teatro que la albergó. Una desproporción susceptible de proyectarse en Theodora, de Händel, que subirá en versión semi-escénica, una instancia mayor del oratorio, para una actriz, cinco cantantes y orquesta, con versión dramatúrgica y régie de Alejandro Tantanian.

Se verá si el golpe de efecto con la introducción de Marcella Althaus Reid, la autora de Teología indecente y El dios queer, alcanza para sacudir el formato de una programación deslucida y atravesada por un escaso esfuerzo imaginativo.

Nos hacemos algunas preguntas. Las conceptualizaciones estimulantes enunciadas sobre la obra, bajo el imperativo de una visión contemporánea, ¿no podrían haberse desplegado bajo la perspectiva experimental del CETC? Ah, pero es que el el Centro de Experimentación del Teatro Colón está fuera de juego. Actualmente, el CETC quedó reducido a las convocatorias para proyectos futuros y, por otro lado, a trabajar en la sistematización de lo producido durante 30 años, con la idea de organizar encuentros de reflexión sobre el tema más adelante. Las autoridades del Teatro Colón, María Victoria Alcaraz y Arturo Diemecke, argumentaron que el CETC no tiene actividad programada en su sede por razones sanitarias, dadas las condiciones de la sala. No obstante, una vez más, parece tratarse de desidia ante el repertorio contemporáneo. Es bueno recordar que en más de una oportunidad, el CETC organizó con gran éxito programación extramuros, en distintas salas de la ciudad durante el Festival Nueva Ópera Buenos Aires (FONOBA).

Es cierto que el pulso de la pandemia marcó una austeridad y una prudencia que terminó por imponerse en la programación de la temporada actual del Colón. Pero más allá del Covid, hay que decir que la imaginación y la audacia artística están lejos de ser la marca de la gestión actual.

Algunos teatros del mundo, como en Ginebra, Zúrich o Madrid, pusieron a prueba toda su capacidad creativa y lograron producciones a puertas cerradas y sin público, pero emitiéndolas en streaming para sus abonados. Y se puede citar otros casos locales: Dido y Eneas, la primera ópera completa estrenada en pandemia, fue una coproducción entre el Teatro Empire y Música en escena; El Cimarrón fue la primera ópera estrenada en 2020 por streaming, realizada para Xirgu Espacio Untref y para ser transmitida a través dela plataforma opera21.live.

Ante el vacío en la programación y con las aspiraciones artísticas en un segundo plano, el Colón se convirtió en centro de testeo en la nueva etapa de vacunación desde enero de 2021.

“En esta oportunidad, necesitamos que estés cumpliendo un nuevo rol, dando soporte a la campaña Detectar”, se lee en el texto que la Directora General Alcaraz envió al equipo de trabajo, instando a “seguir trabajando” en 2021 en la lucha contra el coronavirus.

Más allá de las autoridades del Colón, es quizá probable que las inofensivas capacidades creativas y las aspiraciones austeras, con un mínimo compromiso imaginativo, resulten prácticas para un proyecto político en el que es preferible que las demandas culturales o los pronunciamientos estéticos estorben lo menos posible.

Fuente: Clarín