En Santa Clara del Mar, un niño de 8 años encontró en la costa un cráneo de un animal prehistórico

El pequeño paseaba con su familia cuando advirtió los restos, que tendrían entre 400.000 y 700.000 años de antigüedad

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MAR DEL PLATA.– “Tiene el ojo bien entrenado”, reconoce y elogia Matías Taglioretti, curador de la muestra del Museo de Ciencias Naturales Lorenzo Scaglia, cuando habla de Vicente Di Iorio, el niño de 8 años que hace una semana descubrió en cercanías de la vecina localidad de Santa Clara del Mar un cráneo casi completo de una especie de camélido, pieza que se estima tiene entre 400.000 y 700.000 años de antigüedad.

El nene, acompañado de su padre, olfateó que algo importante había más allá de esa primera porción de fósil que advirtió allí donde inicia la bicisenda lindera a la ruta 11, una zona que deriva en acantilado y sobre la que la erosión marina avanza centímetro a centímetro, tanto en ancho como en profundidad.

El cráneo del camélido de entre 400.000 y 700.000 años
El cráneo del camélido de entre 400.000 y 700.000 años

Detrás de ese apéndice óseo pudo advertir la dentadura, por lo que de inmediato se pusieron en contacto con Taglioretti, a quien ya conocían por otro hallazgo que el mismo niño había logrado también en zona costera, pero en el otro extremo del distrito, más cerca de Chapadmalal.

No se escarbó más hasta que llegaron los especialistas del museo marplatense, espacio donde se exhiben piezas y réplicas y se preparan otras que se logran siempre en esta zona, rica en restos de animales prehistóricos.

Taglioretti, en función de elementos detectados a primera vista, arriesga que ese cráneo corresponde a un ejemplar de hemiauchenia o paleolama, dos de las versiones de camélidos que habitaron el sur del continente americano aunque eran originarios del extremo norte, arribados durante lo que se llamó el gran intercambio biótico americano.

La especie en cuestión se extinguió hace 10.000 años y, según el profesional, hoy podría ser comparable con un guanaco o una vicuña, que tienen sus versiones domésticas como son la llama y la alpaca.

El pequeño Vicente no se detuvo mientras los especialistas trabajaban sobre la pieza que él mismo había hallado unos momentos antes y siguió de recorrida por ese sector de costa, donde pudo marcar otros pequeños fósiles no tan relevantes como los de este camélido.

El equipo de paleontólogos junto con Vicente (a la izquierda), su hermano y su padre
El equipo de paleontólogos junto con Vicente (a la izquierda), su hermano y su padreGentileza

“Empezó como cualquier chico, buscando piedras y caracoles en la playa. Hasta que un día encontró algo distinto, me preguntó, parecía y era un hueso de mucha antigüedad. Así fue el primer contacto con la gente del Museo Scaglia”, explicó Daniel Di Iorio, padre de Vicente y de Benjamín, de 5 años, que anda detrás de los pasos de su hermano, atrapado por estos testimonios del paso de particulares especies por aquí hace decenas, cientos de miles de años.

Tiempo después y algo más al sur, en la zona de Arenas Verdes, partido de Lobería y próximo al límite con Necochea, Vicente volvió a dar con otras pequeñas piezas. Según destaca su papá, el niño tiene bien claro “la particularidad de estos óseos, bien diferenciables en la tierra tosca en la que suelen estar semiocultos”.

El hallazgo ocurrió en cercanías de Santa Clara del Mar, en una zona donde la erosión marina avanza centímetro a centímetro
El hallazgo ocurrió en cercanías de Santa Clara del Mar, en una zona donde la erosión marina avanza centímetro a centímetro

El sector de Santa Clara del Mar donde apareció el fósil del camélido –que ha perdido mucha superficie– viene dejando al descubierto no solo este tipo de restos, sino también lo que se conoce como paleocuevas, una suerte de madrigueras que abrían y habitaban distintas especies para resguardarse y descansar.

El cráneo se encuentra casi completo e incluso cuenta con una primera vértebra. No dudan que el resto del esqueleto debe estar tapado por esas mismas tierras, pero por el momento no hay plan alguno ni previsión para cavar e ir por más.

Estiman que en poco más de una semana podrían estar trabajando sobre la pieza para tener mayor detalles de su estado de conservación, características, identificación de especie y otra información de gran interés científico que se podría lograr, ya que no es de las más frecuentes que aparecen en la región.

Fuente: Darío Palavecino, La Nación