Secretos y misterios del Palacio Barolo y su mito incomprobable

Fue el primer rascacielos de Latinoamérica y es una pieza inevitable de la arquitectura porteña. ¿Está o no inspirado en la Divina Comedia?

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Sic vos non vobis mellificatis apes. 
Así vosotros abejas hacen la miel para otros.

Su inauguración fue silenciada por los medios de la época y su estética, fuertemente criticada por los arquitectos del establishment, incluso la cúpula fue comparada con una «verruga». El Concejo Deliberante de aquellos años ordenó la demolición de la torre, porque excedía los metros de altura permitidos sobre Avenida de Mayo. Y lejos del estilo dominante de principios del 1900, el Beaux Arts, la Galería Barolo -tal su verdadero nombre- rompió todos los moldes. Obra inclasificable. Languideció durante décadas y muchos de los ornamentos de su fachada se perdieron por falta de mantenimiento. El faro estuvo sin uso 40 años.

Sin embargo, en los 90 resurgió de la mano de una historia cautivadora, que se transformó en mito: cuenta que su autor, el arquitecto Mario Palanti, se inspiró en los versos de la Divina Comedia, de Dante Alighieri, para diseñarlo. Y que su comitente, Luis Barolo, pretendía traer a la Argentina las cenizas del escritor italiano para salvarlas de una Europa en guerra.

​A partir de esta teoría, nada volvió a ser igual para esta mole con mellizo uruguayo. Fue restaurado y lo visitan 3.000 personas por mes. El mito se agiganta, trasciende las fronteras y la ciudad, sus vecinos y los turistas se apropiaron de una versión de la historia que para algunos puede ser descabellada, pero para otros es, y será, motivo de estudios, investigaciones, teorías conspirativas, documentales y notas periodísticas, claro.

Sic vos non vobis nidificatis aves.
Así vosotros pájaros construyen nidos para otros. 

Su único dueño fue el empresario textil de origen italiano, don Luis Barolo. Contrató a otro italiano para materializar esta mega inversión inmobiliaria. Eso fue en su origen el Barolo. Eran tiempos en los que no existía la ley de Propiedad Horizontal.

​Fue una combinación de galería comercial con edificio de oficinas, para renta. Pero estos dos italianos, juntos, fueron más allá: Barolo soltó riendas, y dinero, y Palanti hizo magia. Barolo se había vuelto millonario con la venta de insumos de lana e hilo a una Europa en guerra; poseía también tierras cultivables en Chaco. Y tuvo el afán de diferenciarse de los terratenientes nativos, obsesionados con los palacetes franceses.

Y Palanti logró materializar en su obra más importante en Argentina, no solo el primer rascacielos de Latinoamérica -explorando las posibilidades del hormigón- sino también el más enigmático de los edificios porteños. Porque a la sombra de este edificio conviven un entramado de historias: las reales, las imaginadas y las que lo transformaron en mito urbano. Y quizás la poca documentación existente sobre el origen, los diseños y la inspiración que llevaron a Palanti a construirlo, han alimentado la fama de este Monumento Histórico Nacional, símbolo de la Ciudad y de la Avenida de Mayo.

Ut portet nomen eius coram gentibus.
Para que se lleve su nombre ante la gente. 

Del lado de las certezas, se sabe que no hay planos de la obra. Los únicos disponibles los tiene AySA, vinculados con las instalaciones y los permisos sanitarios. Se pueden ver en los archivos que tiene la empresa en el Palacio de Aguas Corrientes.

El arquitecto Fernando Carral trabaja en el edificio y fue el encargado de volver a poner en funcionamiento el faro: «Palanti se fue de Argentina y se llevó con él todos los planos e información sobre el edificio». Carral tiene las llaves de cada puerta. El Barolo es su oficina, el sitio en el que trabaja. Pero no ha llegado el día en que este edificio se torne indiferente para él.

Lo que graba, lo hace con pasión, cuenta anécdotas y cuando llega al faro, aunque subió mil veces y más, vuelve a sorprenderse. Es que la vista es definitivamente única y no solo porque desde aquí se pueden identificar hasta 60 cúpulas. Sino porque no debe tener muchos faros en medio de una ciudad y menos aún, uno que tenga almohadoncitos. Aquí hay lugar para sentarse y sentir el abrigo de esta burbuja de vidrio. El faro recuperó el funcionamiento para el Bicentenario y Carral cuenta que quedó conmovido con la cantidad de personas y empresas que ayudaron cuando se propuso el desafío de restaurarlo. 

Palacio Barolo, el primer rascacielos de Latinoamérica y su mito más famoso: ¿está inspirado en la Divina Comedia?
Foto: Guillermo Rodríguez Adami

Palacio Barolo, el primer rascacielos de Latinoamérica y su mito más famoso: ¿está inspirado en la Divina Comedia? Foto: Guillermo Rodríguez Adami

Fundata est supra firmam
petram.

Fundada sobre piedra firme.

Cuando lo enciende, le gusta iluminar una de las cúpulas más lindas de Avenida de Mayo: la del hotel Chile, en la esquina de Santiago del Estero. En 1988 fue devorada por un incendio, pero el año pasado -dentro del marco de obras de restauración de la avenida- fue reconstruida por los Dörfler. Con fotos antiguas, esta familia de expertos en cúpulas y techos de pizarra, lograron la recreación, con todas sus curvaturas y reminiscencias bizantinas.

Que no haya planos del edificio no frenó a Carlos Hilger. Es arquitecto y docente, y es la persona que desarrolló la teoría sobre la vinculación del edificio con el Dante y su obra maestra, La Divina Comedia, y también con el posible destino de las cenizas del autor italiano. Una y otra vez explicará: según su visión, los rastros de la obra literaria no se encuentran en la estructura, sino en la espacialidad, en lo simbólico. Y para dar un ejemplo contrapuesto, enfatiza sobre la obra «La Puerta del Infierno», del escultor August Rodin, en donde sí se representa parte de la historia de la Divina Comedia de manera concreta.

Palacio Barolo
Palacio Barolo
Mapa Edificio Barolo

Nocet empta dolors voluptas.
Perjudica el placer comprador con el dolor. 

La teoría de Hilger es polémica y ha sido muy discutida. Pero su principal preocupación no es esa, sino que no se desvirtúe. Por ejemplo, con datos relacionados a los masones: «No hay absolutamente nada que vincule a Palanti y a Barolo con la masonería. Solo una A -con símbolos que podrían ser masones- en los ascensores. A partir de esto se tejieron teorías que no tienen sustento», aclaró. «Sí, en cambio, tanto el Dante como Palanti pertenecieron a la hermandad católica conocida como Fede Santa».

Hilger recita para Clarín su teoría, mil veces replicada en artículos, documentales, videos, libros y folletos turísticos: «Cien son los cantos de La Divina Comedia, cien los metros del edificio; la mayoría de los cantos comprenden 11 a 22 y los pisos del Barolo están divididos en 11 módulos por frente, 22 módulos de oficinas por bloque. La división general del edificio y del poema es ternaria: Infierno, Purgatorio y Cielo. Nueve son las bóvedas de acceso al edificio -numerados y descriptos con frases en latín en cada bóveda- como el número de jerarquías infernales. Siete las divisiones del Purgatorio, como los pisos de la torre, que lo representa».

Trabit sua quemque voluptas.
Cada uno se ve arrastrado por su propio placer. 

¿Importa o no la veracidad de esta visión en el origen del edificio? ¿Qué hubiera sido del Barolo sin esta historia enigmática y encantadora? ¿Cautivaría por igual si su arquitecto, o su mecenas, hubieran dejado todo documentado? «Estamos en la época de la posverdad. En un punto ya no importa qué es verdad y que no. Es un dato menor. En el caso del patrimonio, si este mito permitió darle un significado especial al edificio y que se conserve, bienvenido sea», sentencia el arqueólogo Daniel Schávelzon. Es docente y dirige el Centro de Arqueología Urbana de la FADU-UBA. Y casi que no le queda rincón de la Ciudad por excavar.

«El patrimonio enfrenta una cruda realidad, que es la destrucción. El mantenimiento de este tipo edificios es tremendamente caro. Si estas historias, o estas verdades a medias, sirven para que la gente lo aprecie, lo admire, lo visite y se conserve, me parece genial. Ahora, creo que es obligación de todos contrastar las teorías, que haya voces disidentes», opina Schávelzon.

Qui fecit opus-ut est-up ipse mallet novit.
Quien hizo la obra la conoce tal como es, así como él la preferiría. 

El arqueólogo trabajó en San Telmo con una de las atracciones más importantes del Zanjón de Granados, la Casa Mínima. Publicó un trabajo de investigación y removió cada centímetro cúbico de tierra en ese sitio. La historia barrial cuenta que en esa construcción -considerada la casa más finita de Buenos Aires- vivió un esclavo liberto. «Esa versión salvó a la construcción del ostracismo, bienvenido sea. La casa se resignificó, se le dio un nueva vida y esto permitió salvarla. Pero puedo asegurar que no vivió allí ningún esclavo liberto», sentencia.

Después de la construcción del Barolo, Palanti continuó su carrera entre viajes de ida y vuelta a Italia. A los pocos años construyó un gemelo, en Montevideo, el Palacio Salvo. Se acercó al dictador italiano Benito Mussolini, a quien le propuso construir un mausoleo dos o tres veces más grande que el Barolo -de un aspecto muy similar-, en medio de Roma. Aquí construyó otro edificio de una tipología muy particular: el Chrysler, hoy Palacio Alcorta, ubicado en Figueroa Alcorta y Ortiz de Ocampo. En su terraza tuvo una pista para probar autos.

El Palacio Barolo en sus primeros años. Foto:  Archivo General de la Nación

El Palacio Barolo en sus primeros años. Foto: Archivo General de la Nación

Homines quam maxime homines.
Que los seres humanos sean lo mejor posible. 

Eduardo Lazzari es historiador. Todos los domingos, desde las 10 hasta las 20, organiza visitas guiadas por el Barolo. Tiene sus oficinas en el piso 17, en donde se ubica uno de los balcones mas pintorescos del edificio. «Los mitos del edificio tienen que ver con lo simbólico, una teoría que se desarrolló luego de su construcción. No existe documentación que indique nada relacionado con esta teoría. Pero los vecinos y los turistas vienen en búsqueda de esa historia. Nosotros la contamos, pero como historiadores, tenemos que ser prudentes», sentencia.

En las visitas, Lazzari hace hincapié en la singularidad del edificio: «Fue moderno y novedoso -el primer rascacielos, el método constructivo, la galería pasaje que une dos calles y tiene en el cielorraso frases bíblicas y de los poetas latinos Horacio y Virgilio – pero al mismo tiempo, se hace antiguo a los pocos años, porque ingresa al país la corriente modernista. Y luego Palanti adquiere un carácter controversial, por su vinculación con el facismo».

Palacio Salvo. El edificio gemelo al Barolo que el mismo arquitecto construyó en Montevideo.

Palacio Salvo. El edificio gemelo al Barolo que el mismo arquitecto construyó en Montevideo.

Ars homo additus naturae.
El arte es el ser humano agregado a la naturaleza. 

¿Qué le dice a los visitantes cuando le preguntan cuál es el estilo arquitectónico del edificio? «Ecléctico. Podemos encontrar rastros de Neogótico, Neoclásico, Neobarroco, algo del típico estilo inglés, italiano e hindú. Pero básicamente les digo que disfruten y que se dejen sorprender», cuenta Lazzari.

Este edificio es tan particular que cada rincón tiene algo que vale la pena descubrir. En su origen llegó a tener 27 empleados de mantenimiento; debajo de sus cimientos corre un arroyo, el antiguo Tercero del Medio, y aún hoy es posible escuchar cómo corre el agua; sus ascensores fueron también diseñados por Palanti, y algunos conservan un vitraux original, que deja pasar la claridad; las escaleras de la planta baja, de mármol de Carrara y ubicadas frente a los ascensores, dan dimensiones de un diseño de curva y contracurva difícil de encontrar en otros edificios; aunque vacías, tienen adornos interiores que son macetas, y un sistema de riego interno, porque es casi imposible llegar hasta ellas; su faro jamás funcionó como tal, ya que fue prohibido porque podría confundir la navegación por el Río de la Plata.

Díttora occidit, spíritus vivificat.
La letra mata, es espíritu vivifica. 

Aunque la Secretaría de Inteligencia (ex SIDE) negó durante décadas la existencia de oficinas, se cree que llegó a tener siete u ocho. Jamás se sabrá con certeza cuál fue el uso: ¿administrativo o de espionaje? En marzo, una de ellas fue vendida en 215 mil dólares, a través de una subasta pública.

En 2016 Clarín reveló un extraño episodio que ocurrió en el Palacio: cuatro personas, que usaron guantes y taparon las cámaras de seguridad, ingresaron a 11 oficinas y se llevaron bolsas en las que habrían metido archivos y equipos electrónicos. Aunque el organismo de inteligencia negó que esas oficinas fueran propias, otras fuentes le confirmaron a este diario lo sucedido.

Malis tibi placere quam pópulo.
Prefiere agradar a ti mismo antes que al pueblo.

Definitivamente, el misterio está en el ADN del edificio. Y una de las figuras más enigmáticas es una escultura que desapareció en los años 90. Es la de un cóndor con las alas desplegadas, que lleva en su lomo un hombre moribundo. Ahora hay una réplica en la planta baja, realizada por Amelia Campbell, madre del administrador del edificio, e hija de Carlos Jorio, uno de los primeros inquilinos del Barolo (y de quien se conserva una oficina con mobiliario y objetos antiguos). Sobre esta escultura hay dos teorías: la primera sostiene que Barolo la encargó para guardar allí las cenizas del Dante; la segunda dice que es un homenaje al «soldado desconocido» de la Primera Guerra Mundial.

Por supuesto que la obra de Palanti tiene un antes y un después del Palacio Barolo. Pero toda su obra fue tan importante que hay muchos profesionales que estudiaron su genio y su vida.

​Una de ellas es Virginia Bonicatto, investigadora del Conicet (en el Instituto de Historia, Teoría y Praxis de la Arquitectura y la Ciudad, Hitepac FAU UNLP) y docente en la misma universidad. De hecho, Palanti fue su tesis y en breve se convertirá en libro. Entre los documentos que exploró sobre el arquitecto hay postales públicas sobre el edificio. En ellas Palanti lo llama Mole Palantiana. «También le puso su apellido a un sistema constructivo de viviendas accesibles (Palandomus), que fue aprobado para su uso en lo que el gobierno peronista bautizó como Segundo Plan Quinquenal», cuenta la investigadora. 

Palacio Barolo, el primer rascacielos de Latinoamérica y su mito más famoso: ¿está inspirado en la Divina Comedia?
Foto: Guillermo Rodríguez Adami

Palacio Barolo, el primer rascacielos de Latinoamérica y su mito más famoso: ¿está inspirado en la Divina Comedia? Foto: Guillermo Rodríguez Adami

Omis pulchritudins forma únitas est.
La unidad es el molde de toda obra de arte.

Bonicatto no dejó resquicio en la vida de Palanti sin investigar. Incluso viajó a Italia y conoció a la familia, que también compartió documentos con ella. «A partir de la lectura de su obra, se puede comprender de manera explícita cómo él busca despegar al Barolo de la imagen de los rascacielos estadounidenses, pensados como mera especulación inmobiliaria. Él diferencia al Barolo y le agrega una carga simbólica, conceptos del arte y los valores de la arquitectura. Sin embargo, y en relación a la Divina Comedia, yo no he encontrado documentos que lo vinculen. Pero como investigadora también debo decir que esto no quita que algún día se encuentre un documento que sí lo pruebe», concluye.

Por otra parte, Bonicatto cuenta que Palanti fue un personaje muy inquieto: diseñó un submarino, le interesaban el desarrollo automotriz y la fotografía, y sirvió en la Primera Guerra Mundial. Y siente que la teoría sobre la relación entre el Dante y el Barolo postergó un aspecto muy importante sobre este edificio, que es el trabajo de investigación que llevó a cabo el arquitecto. «Este debate en parte soslaya la importancia del ensayo técnico, estructural y tipológico puesto a prueba por Palanti. Es un edificio que no se puede identificar con otras formas de arquitectura. Él reinterpreta elementos de la historia de la arquitectura y crea un arte nuevo. Además, fue un gran estudioso de las capacidades constructivas del hormigón. Y tuvo en Barolo el comitente ideal, porque le dio rienda suelta», explica.

Entre la élite arquitectónica de aquellas épocas, la dupla Barolo – Palanti era observada de reojo. El edificio fue muy criticado, entre otras cosas porque en ese momento se discutía sobre la necesidad de generar una arquitectura nacional y también por prejuicio, porque consideraban que Barolo «era poco educado en el arte» y, Palanti «condescendiente».

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Corpus animun tegit et détegit.
El cuerpo a veces oculta el alma, otras la revela.

«Pensemos en el caballo blanco de San Martín. Hay una cuota de realidad y otra de ficción. Pero esta historia ha creado identidad y nos ha transmitido a todos una visión cultural. Esto ha sucedido con el Barolo. Podemos creer a rajatablas en la historia, o no. Pero ahí está para recordarnos que además de bello tienen un sentido», ayuda a reflexionar el antropólogo Iván Cherjovsky, docente en la Universidad Abierta Interamericana. 

Certeza o narración maravillosa, Palanti​ legó a Buenos Aires un edificio insoslayable en su acervo arquitectónico. Y quizá se anticipó a este debate, dejando un rastro en otra de sus obras.

En 1922, un año antes de la inauguración del Barolo, construyó la «Casa Redonda», ubicada en la esquina de Eduardo Costa y Ortiz de Ocampo, frente al Palacio Alcorta. Allí, un magnífico portón de dos hojas tiene tallado en madera dos rostros. Los de un hombre y una mujer: Dante y Beatriz, su amor imposible, a quien inmortalizó en la Divina Comedia. 

Casa Redonda. Otra obra de Palanti en Buenos Aires

Casa Redonda. Otra obra de Palanti en Buenos Aires

Fuente: Clarín