Shakespeare también estuvo en cuarentena y escribió tres grandes obras

Una peste asolaba Inglaterra y el autor se tuvo que recluir. Aquí el director Rubén Szchumacher cuenta la magnitud de lo que hizo.

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Así como en los siglos XVI y XVII el físico, teólogo, alquimista, inventor y matemático inglés Isaac Newton (1642-1727) logró de desentrañar la Ley de Gravitación Universal trabajando en su casa cuando apareció la peste bubónica en Londres (1665-1666), alto más atrás en el tiempo nada menos que su compatriota, el célebre poeta, dramaturgo y actor William Shakespeare​ (1564-1616) llevó a cabo su obra maestra desde el aislamiento logrando superar no solo una, sino dos grandes epidemias.

Hacia fines del siglo XVI, toda actividad social y teatral debió suspenderse a raíz del avance de la peste en Londres, cuando las ratas y el mal olor invadieron la ciudad: esta plaga mataría entre 70 y 100.000 personas.

Cuando la cuarentena obligó a los ingleses a modificar sus hábitos y a trabajar desde sus casas, en lugar de debilitarse, el creador de Hamlet Romeo y Julieta aprovechó para inspirarse.

 “La peste fue la fuerza más poderosa que moldeó su vida y la de sus contemporáneos», escribió Jonathan Bate, uno de sus biógrafos.

Así fue como en la primera peste (1592-1594) escribió los poemas Venus y Adonis (1592); La violación de Lucrecia (The Rape of Lucrece, 1594) y también los Sonetos (1596-1597). Se trata de una producción poética que no requiere de actores ni interpretación arriba de los escenarios. 

Pero en la segunda peste, que arrancó en 1605, Shakespeare compuso nada menos que El Rey LearMacbeth Antonio y Cleopatra. Las tres fueron escritas en 1606, en pleno aislamiento, cuando los teatros londinenses estaban cerrados. Los críticos y especialistas señalan que las dos primeras representan la obra cumbre del genial dramaturgo y poeta inglés.

“No se puede negar que escribió grandes obras en la segunda peste, como El Rey Lear Macbeth, afirma el actor y director teatral Ruben Szuchmacher.

Hamlet. Joaquín Furriel en la versión que dirige Rubén Szuchmacher en el San Martín.

Hamlet. Joaquín Furriel en la versión que dirige Rubén Szuchmacher en el San Martín.

De reconocida trayectoria teatral, Szuchmacher es una de las voces autorizadas para hablar sobre los trabajos de Shakespeare, ya que dirigió cuatro obras del escritor inglés: Sueño de una noche de Verano (1988) en el Teatro San Martin, Rey Lear con Alfredo Alcón y Joaquín Furriel en el Teatro Apolo (2009), Enrique IV (segunda parte) en el teatro The Globe de Londres (2012) y Hamlet, en el Teatro San Martín (2019). Su trabajo le permitió el reconocimiento como Personalidad Destacada de la Cultura de Buenos Aires (2013) y el Premio Konex – Diploma al Mérito como uno de los cinco mejores régisseurs de la última década en la Argentina (2019).

Los clásicos de Shakespeare forman parte de la literatura de todos los tiempos. Son dos grandes tragedias que fueron escritas en plena peste y reclusión en Inglaterra, donde resalta la lucidez del autor.

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«Esto significaba que sus días estaban libres, por primera vez desde principios de la década de 1590, para colaborar con otros dramaturgos», dijo James S. Shapiro en su libro The Year of Lear: Shakespeare in 1606.

El Rey Lear cuenta la historia del rey de Bretaña, que llega a la vejez y decide dar su poder y sus tierras a dos de sus hijas, Gonerilda y Regania. Pero la tercera (Cordelia, la más chica), ofendida por la hipocresía de sus hermanas, había sido desheredada. Entonces, Lear decide dejarles su reino a los duques de Albania y de Cornualles, los esposos de Gonerilda y Regania, respectivamente.

En esta composición Shakespeare marca un quiebre ya que en la obra sobresale la ingratitud, la vejez y la locura.

Actorazo. Alfredo Alcón como Rey Lear.

Actorazo. Alfredo Alcón como Rey Lear.

El Rey Lear es una de las grandes obras. Es la entrada de Shakespeare a la pura modernidad en la medida de lo que está planteando es el final de la Edad Media. Rey Lear como el gran Rey de la Edad Media, no como una obra histórica sino como una obra de ficción. De alguna manera, es el final de pensar la política y el mundo”, explica Szuchmacher.

Macbeth es otro de los grandes clásicos de Shakespeare, una tragedia que cuenta con cinco actos. Macbeth y Banquo son generales de Duncan, el rey de Escocia. Al regresar de una victoria contra los rebeldes, se encuentran en una llanura con tres brujas que profetizan que Macbeth será primer barón de Cawdor y luego se convertirá en el rey de Escocia. Pero, inmediatamente llega la noticia de que Macbeth, por el valor mostrado en la batalla, había sido nombrado barón de Cawdor.

“Desde el punto de vista de la estructura, Macbeth es una obra más clara, es más precisa a mí entender”, analiza Szuchmacher. Y agrega: “Quizá sea la obra perfecta, no le falta ni le sobra nada. Es como una obra sin malezas. Es la historia de un hombre a la cual la bruja le dice que va a ser un rey. Para muchos es una obra sobre el deseo del poder. Para mí es una obra sobre la apariencia y sobre que lo que es no es, y lo que no es, es. Es sobre aquello que parece ser”.

Por último, el director califica a Antonio y Cleopatra como una obra de las “excesivas” de Shakespeare. “El personaje ya había aparecido en Julio César. Es probable que le quedara material dando vueltas por ahí. Es una extraña historia de amor entre Antonio y Cleopatra. Es una obra romana, de las obras más exóticas en el mundo”.

¿Podría Shakespeare haber escrito estas tres obras monumentales en tiempos de coronavirus​? Tal vez no.

“Estamos absolutamente estimulados por un montón de cosas. Tenemos aparatos para entretenernos en cualquier tiempo. Esto no le pasaba a los isabelinos: si alguien tenía las ganas de escribir tenía la tranquilidad de hacerlo, ya que no tenía un mundo alrededor que estaba molestándolo o estimulándolo para hacer otra cosa”, indica Szuchmacher.

“No se puede comparar a cualquier persona de hoy con Shakespeare. ´Él también fue una excepción; no todos los ingleses de la época fueron Shakespeare, no todo el mundo tenía su capacidad. El arte se da en algunas personas, no en todas. Es decir, si le daban ganas de escribir, escribía. No todo el mundo puede ser Shakespeare. Son circunstancias de época”.

Fuente: Clarín