Teatro, en crisis. La pandemia noqueó la escena mundial y no hay fecha de regreso

Fueron los primeros en cerrar y serán los últimos en reabrir: tanto en Buenos Aires como en Berlín, Madrid o Nueva York, la actividad quedó clausurada con un futuro incierto

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Times Square, epicentro de Broadway y capital del teatro comercial, completamente vacía

La escena se repite en una ciudad como en otra. La cartelera de los grandes teatros como de la de los escenarios alternativos están dominados, todos, por un único título en cartel: cese total de actividades. ¿Teatro de la pandemia? El concepto lo profundizó hace unas semanas el director Juan Coulasso en un texto que pasó de las redes a la revista Anfibia. Entre otros puntos se pregunta: “Si el teatro ha sido, desde sus más lejanos inicios, un espacio para encontrarnos, en vivo, para tocarnos, en vivo, para vernos, en vivo, ¿de qué forma vamos a servirnos de lo que el teatro nos dio para compartirlo desde este aislamiento? ¿De qué forma esa herencia nos va a ayudar a llegar a ese otro hoy tan lejano? ¿Cómo vamos a tocarnos ahora que no nos podemos tocar?”

En una ciudad como otra, una vez establecida la cuarentena una de las primeras respuestas de los teatros fue subir contenidos propios a la red con la ilusión, tal vez, de mantener un vínculo artístico y social definido por el vivo, por el encuentro del público con los artistas. Las redes pasaron a dominar este nuevo escenario de la cuarentena. Pasó en los grandes teatros públicos europeos y pasa en Buenos Aires. Bajo esta nueva realidad quedaron expuestas otras capas de esta misma situación que antes no eran tan visibles.

Por ejemplo, que ni el Complejo Teatral de Buenos Aires ni el Teatro Nacional Cervantes (pero tampoco el FIBA ni los centros culturales San Martín y Recoleta ni el Instituto Nacional del Teatro, ni…) habían desarrollado una política de archivo fílmico de calidad de sus obras o de sus clases magistrales a lo largo del tiempo que les hubiera permitido afrontar de otro modo este escenario de excepción permanente.

Como síntomas de estos tiempos sin manuales de estilo para apelar a protocolos ya probados, la misma sobresaturada red fue la que se transformó, de golpe, en un mecanismo de presión del mismo sector que liberó sus contenidos. Sucedió la semana pasada, en España. Según un informe de la Unión de Actores y Actrices de dicho país, a partir de una encuesta entre 1500 profesionales, el 23 por ciento de los intérpretes que estaban trabajando en teatro, cine o televisión cuando sobrevino la crisis se han quedado sin empleo (el 85 por ciento de estos sin indemnización) y calculan una pérdida a corto plazo de casi siete millones de euros. El futuro es más negro para las pequeñas compañías y creadores experimentales. Vale señalar que la actividad artística en su conjunto representa en España la cuarta industria del país en la que trabajan 720.000 personas.

En medio de este panorama el ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, habló la semana pasada y, en vez de calmar al sector con medidas puntuales, encendió el fuego. Parafraseando a Orson Welles dijo: “Primero la vida y después el cine”. Para que no quedaran dudas dejó en claro que no había ninguna medida concreta para paliar la crisis de un sector que fue uno de los primeros en cerrar y que será uno de los últimos en abrir. A partir de esas palabras los diversos colectivos bajo el hashtag #apagónCultural, parte de los agentes culturales, especialmente las asociaciones de trabajadores y las compañías artísticas y salas pequeñas e independientes decidido reivindicarse frente al ministro al mismo tiempo que le recordaron que el Ministerio de Deporte había activado un plan de ayuda de 50 millones de euros para las federaciones deportivas. Así fue como el viernes se concretó el apagón. La bailaora Eva Yerbabuena fue una de las que se sumó a la iniciativa. Dijo: “Lo primero es salvar vidas, por supuesto. El colectivo de artistas no ha negado eso nunca, pero para vivir hay que comer”.

El director y dramaturgo argentino Pablo Messiez, radicado desde hace años en España, narra el panorama. “Aquí todo es incertidumbre. Aún no se sabe cómo y cuándo volverá la actividad. A esta situación se suma la sensación de desamparo del sector después de la primera (y lamentable) intervención pública del Ministro de Cultura en la que básicamente no dijo nada. Mientras que en Inglaterra, Alemania o Francia, los gobiernos ya han comunicado medidas de apoyo contundentes específicas para el sector, aquí seguimos así, a la espera de que la cultura pueda ser vista en su singularidad (dada la intermitencia de los trabajos) que la deja fuera de las medidas generales adoptadas por el gobierno”, explica.

El escenario de teatros cerrados se repite en todo los países europeos comoamericanos.Noasílasreacciones de los gobiernos. Así como en España prima el descontento el gobierno alemán incluyó a la cultura entre los bienes de primera necesidad y ha hecho que la industria cultural pueda acceder a la línea de liquidez ilimitada. “La cultura no es un lujo y ahora estamos comprobando cuánto nos hace falta si tenemos que prescindir de ella”, sostuvo Monika Grütters, la ministra del área, quien ha reconocido que la situación es una enorme carga para las industrias culturales y creativas. Desde Berlín, en donde por ahora la cuarentena se mantiene hasta el 2 de mayo, la coreógrafa argentina Constanza Macras aporta su visión: “El paciente cero en Berlín se dio a conocer el 26 de febrero coincidiendo con nuestro estreno de The West, en el Volksbühne. Los teatros hasta la temporada que viene dudo que abran sus puertas. La producciones teatrales, exhibiciones, giras, festivales se vienen cancelando sistemáticamente. En este contexto, la ministra de Cultura de la Nación resaltó la importancia de las artes y de sus agentes estableciendo dos subsidios de “rescate” para artistas independientes que rondan los 5000 euros. Mi compañía recibió unos 15.000 euros, que es lo máximo estipulado, que nos sirve para pagar el alquiler del espacio. Hay que reconocer que el gobierno está protegiendo a los trabajadores independientes y a los pequeños comerciantes de la quiebra y en esa clasificación entran los artistas independientes y sus estructuras. El fondo se llama Ayuda Inmediata y realmente lo es (se llena un formulario online en 30 minutos y, si todo sale bien, se deposita el dinero en tu cuenta en tres días). Mientras tanto, los teatros estatales recibieron un soporte económico para poder pagar a todos los artistas a los que se les cancelaron funciones”.

Todo esto sucede mientras, como cuenta desde su casa esta creadora que desde 1995 vive en Alemania, los parques berlineses están llenos. “Hay gente que acata y otros que no, más allá de las multas de 500 euros. Pero los grupis que siguen ahí, tirados en el pasto cerveza en mano y sin máscara. También hay corona parties, fiestas a las que va gente infectada para que los no infectados busquen contagiarse y conseguir inmunidad”, cuenta sin salir de su asombro.

En algunas líneas semejante a lo que sucede en Alemania, la asamblea de Portugal votó a principios del mes una propuesta impulsada por la izquierda por la cual todas las entidades culturales de espectáculos cancelados deben pagar lo acordado como si hubieran tenido lugar. Claro del otro lado del Atlántico, en Nueva York, la Metropolitan Opera House, canceló el resto de su temporada y suspendió el pago de la orquesta, el coro y otros empleados sindicalizados a fines de marzo. “La pandemia de coronavirus ha tenido implicaciones económicas abrumadoras para el Met y nuestra capacidad para continuar brindando actuaciones incomparables”, dice el comunicado.

Simultáneamente, los productores de Broadway llegaron a un acuerdo para pagar a los actores, músicos y el resto del personal de la industria, mientras que el coronavirus mantiene los teatros cerrados. Claro que el acuerdo entre las partes fue por tres semanas y aseguró el pago parcial más un mes de seguro médico para cientos de actores, músicos y actores. Pero, como en todo esto, los escenarios se van decidiendo minuto a minuto. En Nueva York la cuarentena debería haber terminado este lunes, pero continúa. De hecho, la 74ª edición anual de los Premios Tony, programada para el 7 de junio, se pospuso hasta una fecha indeterminada. Según los registros de los diarios, el panorama actual de Times Square, epicentro teatral de esta ciudad gobernada por el demócrata Andrew Cuomo, tiene algo de fantasmal provocando una fuerte impacto económico en el turismo como en la actividad teatral.

Mucho más cerca en términos regionales, en Montevideo, según un artículo de El Observador, el mítico teatro El Galpón puso a sus 40 empleados a seguro de paro. Según detalló Washington Sassi, presidente de la Federación Uruguaya de Teatros Independientes, ya a fines del mes pasado dos salas alternativas tuvieron que cerrar porque no pudieron afrontar el pago del alquiler.

No es muy distinto a lo que sucede en Santiago de Chile. Lo cuenta Verónica Tapia Courbis, presidenta de la Red de Salas de Teatro y directora de la sala de la Universidad Católica. “Hay algunas que están atravesando un momento muy crítico porque no tienen ninguna ayuda estatal. Esas diez están a punto de cerrar porque para sostener sus costos fijos se veían manteniendo con la taquilla y los cursos, pero a un mes de estar cerradas están en un momento muy comprometido. De la Red hay seis salas, que dependen de otras instituciones, que se está pudiendo pagar los sueldos. Siento que sin estos diez teatros habrá otra crisis cuando volvamos a la actividad porque los elencos, las compañías no van a tener dónde trabajar. Y hay que pensar que venimos de una doble crisis (en referencia a la crisis política que tuvo a la ciudad en estado de sitio) y eso ha afectado mucho a todos estos espacios”, cuenta a La Nacion poniendo en eje el real o ficticio de la disyuntiva entre lo sanitario y lo económico. El gobierno de Sebastián Piñera, vía el Ministerio de Cultura, lanzó un plan de ayuda para artistas, compañías e instituciones pero, hasta ahora, según cuenta Tapia Courbisde, no se hay dicho de qué manera se va a instrumentar esa ayuda.

En el plano local la Asociación de Profesionales de la Dirección Escénica Argentina, Apdea, realizó un censo que fue voluntario. De un total de 564 obras registradas por esa base de datos (que no da cuenta de toda la actividad en el país sino de los que participaron del censo) hasta principios de esta semana hubo 239 funciones suspendidas, 285 estrenos no concretados y 40 giras pospuestas o canceladas hasta el viernes pasado. El comunicado dado a conocer culmina así: “Lo que se reclama es una ayuda específica para este sector de las artes escénicas, tradicionalmente invisibilizado, y otras medidas relacionadas con las entidades públicas de fomento, como flexibilizar las condiciones para rendición de subsidios o el adelantamiento del cobro de los mismos”. En el plano del gobierno nacional impulsó para el sector dos líneas de ayuda. Una, a través del Instituto Nacional del Teatro, con una inversión de 100 millones de pesos. Y otra, desde el Ministerio de Cultura del poder central, con una línea de crédito de 30 millones para clubes de música en vivo; salas de teatro, danza y circo; espacios de arte y diseño; y peñas y milongas.

Minuto a minuto el panorama va cambiando. En Nueva York, en Madrid, en Santiago de Chile, en nuestro país. Lo único que se preservan son las fachadas de las salas con barbijo.

Fuente: La Nación