Ana María Shua presenta «El cuerpo roto», una colección de doce relatos sobre las transformaciones y padecimientos del cuerpo humano.
Cuerpos padecientes. cuerpos gozantes. Cuerpos que cambian, que mutan, que pasan a otra etapa vital. Que se rompen y sanan. Cuerpos que cuidan, que se cuidan, que son cuidados. Que asoman al mundo o los que, sabiéndolo o no, se despiden. En “El cuerpo roto” (Páginas de espuma) Ana María Shua relata los avatares del cuerpo humano en doce cuentos. Considerada en España “la reina del microrrelato” por su enorme producción en ese género, Shua se consagró con novelas y cuentos, además de la microficción.
Mientras hablamos con ella, de regreso de una presentación de “El cuerpo roto” en España, comenta sobre la actualidad, con ese dejo de ironía que le caracteriza, “me parece que este no es el mundo que esperábamos, ¿no?, no nos imaginábamos que íbamos a ver el mundo y el país en este estado ¿no? ¿qué pasa con el retorno del péndulo? “
Periodista: Con los cuentos de “El cuerpo roto” regresa al mundo de la medicina, uno de los géneros más populares de la literatura, tema de “Soy paciente”, su divertida primera novela.
Ana María Shua: “Soy paciente”, historia de un tipo que se interna en un hospital, surgió de las cosas disparatadas que nos contó una persona que le había sucedido en un hospital en su internación. Eso daba para una novela kafkiana y con humor. Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que buena parte de lo que escribí tiene que ver con temas médicos, por ejemplo “La muerte como efecto secundario” o “El peso de la tentación” y aparecen en algunos cuentos como “Que tengas una vida interesante” o en los microrrelatos.
P.: Si bien los temas médicos son la sustancia de uno de los subgéneros más populares de la literatura, la epidemia del covid impulsó a algunos escritores a contar situaciones médicas.
A.M. Sh.: El interés por lo médico va más allá de la literatura como lo confirman películas y series de televisión. Es un tema que hicieron clásico escritores como Chejov o Thomas Mann. Si bien la epidemia impulsó a escribir a muchos, en mi caso venía haciéndolo desde siempre. En mi literatura no es algo que empezó a partir del covid, y en “El cuerpo roto” dos cuentos tienen que ver con la pandemia.
P.: El primero cuento, “Un canto a la vida”, remite a la literatura del yo. ¿Tiene que ver con usted?
A.M. Sh.: Son totalmente autobiográficos tanto ese como el último “Después de la muerte”. “Un canto a la vida” tiene que ver con lo que me pasó en 2001. Escribí un texto mientras la quimio me lo permitió. Pensé que nunca lo iba a publicar, pero cuando me puse a trabajar en “El cuerpo roto” a partir de ese texto armé un cuento de lo que me pasó en aquel momento. Los remedios extraños, alternativos, disparatados, que me proponían la gente. El título “Un canto a la vida” es claramente irónico, es lo que se dice en esas películas donde un cuadripléjico sobrevive de alguna manera o a una persona a la que le pasan cosas terribles y se las arregla para seguir, y eso es un canto a la vida.
P.: “Después de la muerte” habla de los sentimientos ligados al final de la vida.
A.M. Sh.:Trata del velorio de mi papá en 1975, debo haberlo escrito cerca de esa época y no me atrevía a publicarlo porque me parecía demasiado íntimo, pasaron treinta años, muchos de los personajes ya no están, sentí que le había llegado el momento. Todos los cuentos tienen su historia secreta.
P.: ”Casi una crónica” cuenta una jornada en la zona de emergencias de un hospital, ¿la impulsó por las admirables obras de Leila Guerriero? ¿Pasó 24 horas tomando notas en una Guardia?
A.M. Sh.: (Ríe) En modo alguno, no hice nada de eso, un buen informante me contó muchas cosas con mucho detalle, y luego estructuré el relato con otras historias que fui juntando.

La autora retoma temas médicos recurrentes en su obra, explorando desde situaciones hospitalarias hasta reflexiones sobre el final de la vida.
P.: Vuelve a los ‘60 para mostrar los padecimientos que vivían las chicas en esa época sobre cómo actuar sexualmente…
A.M. Sh.: Me divertí rescatando fragmentos de “Técnicas sexuales modernas” de Robert Street que era como nuestra biblia. La sexualidad que proponía era terriblemente machista, en ese momento no me daba cuenta de que era un horror con las mujeres. Lo leíamos con mi novio y tratábamos de adaptarnos a las “normas” que indicaba (ríe).
P.: Algo infrecuente en su obra son los cuentos que tratan de la dictadura, acá hay dos, uno es “Los Gasparidos” con un militante que se vuelve paranoico…
A, M. Sh.: Hable con médicos y hay psicosis que llevan a estar mucho tiempo en Terapia Intensiva recibiendo grandes cantidades de cortisona, y a alguien que logró escapar de ser secuestrado por la Dictadura el terror por lo que le podía haber pasado le queda para siempre. En “Selva y el Diablo” esa madre que hace que su hija jure sobre el cadáver de su padre dejar la militancia parte de un hecho familiar.
P.: En España la han bautizado Reina del microrrelato. ¿Cómo hace pasar de la novela al cuento y a la microficción?
A.M. Sh.: Trabajo con partes del cerebro muy diferentes en el microrrelato y el cuento, son para mí cosas radicalmente distintas. Cuando termino un libro de microrrelatos tengo que dejar pasar varios años antes de empezar otro, necesito dejar en barbecho esa parte del cerebro para que pueda volver a funcionar. Mi libro “Todos los universos posibles”, que reúne todos mis libros de microrrelatos (menos “La guerra”, el último) es mi “Libro Gordo de Petete” de la microficción. En los cuentos soy realista y en la microficción predomina lo fantástico.
P: ¿Ahora en qué está?
A.M. Sh.: Ahora estoy en la bicicleta (ríe), haciendo bicicleta. Luego vuelvo a el texto de un taller sobre leyendas y cuentos populares que tengo que dar en Mar del Plata, y estoy revisando una traducción al inglés de“Mecánica del caos”, que me llevó muchísimo tiempo. En fin, tengo una cantidad de trabajo poco creativo, bueno, también viene bien tomarse un descanso. El libro nuevo que voy a sacar este año es uno para chicos sobre la mitología nórdica.
P.: Uno de los temas de Borges…
A. M. Sh.: Borges se mete con las Eddas, pero el interés de Borges no son Odin, Thor, Loki, Freya, Heimdall y todos esos personajes a él más bien le interesa los Nibelungos, las sagas y las metáforas contenidas en las palabras, la etimología, lo que dicen, por ejemplo, que a la sangre se le dice el agua de la espada, para eso se dedicó a estudiar islandés antiguo. Nunca lo oi a Borges hablando de Odin, Thor, Freya, que son más bien del universo Marvel, de Tolkien y compañía.
Fuente: Ámbito

