El legado de Oliverio Girondo y Norah Lange se va del país rumbo a México

La albacea de la pareja de escritores argentinos más vanguardista de la primera mitad del siglo XX se lleva a la capital mexicana unos mil libros, piezas de arte y fotografías; “No tengo confianza en nadie”, dice la heredera


En parte debido a la performance de los funcionarios del área, la historia cultural del país sigue internacionalizándose. La albacea y heredera de las obras de Oliverio Girondo (1890-1967) y Norah Lange (1905-1972), Susana Lange, que se autodefine como “la guardiana de sus obras”, se fue del país en mayo. En pocos meses, los libros y objetos del legado de ambos escritores que conserva en su casa de Martínez viajarán en barco, cuidadosamente embalados en un contenedor, rumbo al barrio mexicano de Tizapán, al suroeste de Ciudad de México, donde reside actualmente.

“En Talcahuano 638 vivían la madre y hermanas de Norah -recuerda la sobrina de la escritora-. Tras la muerte de Oliverio, Norah se mudó de Suipacha a Talcahuano al 700, para estar cerca de ellas. Cuando Norah murió, se vendieron muchos libros de la biblioteca de la pareja. Los objetos de Norah pasaron a su hermana Haydée y los libros a mí”, cuenta Susana Lange a LA NACION.

Girondo llegó a tener unos seis mil ejemplares; en 1970, la escritora hizo una donación al Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco; tras la muerte de Lange, la firma Adolfo Bullrich y Cía. vendió una gran cantidad. La sobrina de los escritores conservó un 25% del total de la biblioteca.

Susana Lange no confía en ningún funcionario del área de cultura en la Argentina para donar el legado material de Oliverio Girondo y Norah Lange
Susana Lange no confía en ningún funcionario del área de cultura en la Argentina para donar el legado material de Oliverio Girondo y Norah LangeGentileza Susana Lange

Aproximadamente, saldrán del país mil libros (entre otros, la colección de libros de arte de Girondo y ejemplares de las primeras ediciones de títulos del escritor y de Lange), además de objetos, como un caballo de calesita que Norah Lange tenía en su biblioteca, cajitas de música, fotografías y una “mesita que no parece demasiado fina” adornada con ídolos precolombinos de tela hechos por Girondo. “La casa de ellos era fantástica, un museo; a los dos les gustaban cosas diferentes”. Algunos de esos materiales formaron parte de la muestra Oliverio Girondo. Exposición homenaje 1967-2007, que se presentó en 2007 en la Fundación Xul Solar (Malba hizo el catálogo).

Portada de un ejemplar de "Calcomanías" que viajará en barco rumbo a México
Portada de un ejemplar de «Calcomanías» que viajará en barco rumbo a México

En ningún momento pensó en vender o donar ese tesoro a instituciones públicas o privadas de la Argentina. “La experiencia de personas conocidas que lo hicieron no fue buena; los materiales quedaron olvidados en depósitos y no quiero que pase lo mismo -dice-. Mientras esté viva, quiero tenerlos conmigo. No tengo confianza en nadie”. Lange, de 83 años, cuenta con la ayuda de sus tres hijos (uno vive en la Argentina, otro en México y una hija en Estados Unidos) y de su sobrina, Nora Z. Atucha, que reside en Ituzaingó. “En la Argentina ya no se puede vivir; acá es más tranquilo y la gente te saluda por la calle cuando salgo a pasear con el perro”, dijo desde su nuevo hogar.

El libro favorito de los escritos por su tía es Cuadernos de infancia. “Es verídico y en él se menciona a mi padre, que en ese momento era un bebé -revela-. Antes que mueran es más fantasioso pero también tiene su realidad”. Después de la muerte de Girondo, Norah Lange “se dejó estar”, cuenta la sobrina y albacea. “Siempre decía que después de la muerte de Oliverio ella solo quería vivir cinco minutos; también, que la muerte era el postre que se deja para el final”. Lo sobrevivió cinco años.

Susana Lange, que administra una página web dedicada a Girondo y Lange, colabora actualmente con el investigador y profesor Martín Greco, que prepara un trabajo crítico sobre la obra de Girondo y una biografía. También está prevista la publicación de un rico epistolario entre la pareja de escritores, y con artistas y escritores como el chileno Pablo Neruda y el español Federico García Lorca, “al que Norah le pidió que no volviera a España porque lo iban a matar [el 19 de agosto de 1936 Lorca fue fusilado en Viznar]”, agrega la hija de Juan Carlos Lange, hermano menor de la escritora.

También hay cartas a amigos de la pareja, como los escritores Enrique Molina, Leopoldo Marechal y Francisco Madariaga y los artistas Emilio Pettoruti y Xul Solar. “Julio Llinás decía que pertenecía al grupo pero no era tan amigo”, acota. Susana Lange aprovechó su experiencia de décadas como secretaria ejecutiva de grandes empresas para organizar el legado de Girondo y Lange. La heredera precisa que la fecha de nacimiento de Girondo no es la que aparece en libros y páginas web (el 17 de agosto de 1891) sino 1890. “Tengo los certificados de nacimientos de ambos”, informa.

Susana Lange, al lado de una caricatura de Oliverio
Susana Lange, al lado de una caricatura de OliverioGentileza Susana Lange

Consultada por el destino del legado de Borges y Kodama, que también recayó en sobrinos, Lange responde que no puede creer que la viuda del escritor no haya dejado un testamento. “Quiero desmentir una vez más ese rumor que echó a rodar el escocés Edwin Williamson en Borges: una vida, que no me gustó nada,de que Borges se había enamorado de Norah; insisto en que ellos se conocían de chicos, eran primos y como él era más grande era el chaperón de su hermana y de mi tía; a la que sí le propuso matrimonio fue a mi tía Haydée. Williamson quería probar algo que no se podía probar”, resume.

La sobrina de la pareja también deplora el descuido editorial de la obra de su tía, una de las escritoras más interesantes y vanguardistas del país (elogiada y “deselogiada” por Borges, bien ponderada por escritoras como María Luisa Bombal, César Aira y Sylvia Molloy, y estudiada por críticas como Adriana Astutti, Nora Domínguez, Leonor Silvestri, Tania Diz, Lucía De Leone y Marisa Martínez Pérsico, entre otras). No obstante, su obra aún se lee poco. Las lecciones literarias del pasado podrían ser útiles a la hora robustecer la imaginación contemporánea.

Para leer a Norah Lange: poemarios y narraciones
Para leer a Norah Lange: poemarios y narraciones

“Es una escritora que se inicia en el ambiente de las vanguardias de comienzos del siglo XX y esto la marca en su literatura, en su poesía y en su narrativa, e incluso en libros donde trabaja el cruce y el entrevero de los géneros -dice la escritora Graciela Batticuore a LA NACION-. Además, fue una gran formadora de ambientes, crea atmósferas y climas, es muy escenográfica. Los personajes que van apareciendo en sus textos, a partir de Cuadernos de infancia, van hundiéndose en esas atmósferas sofisticadas y enrarecidas por momentos”. Para Batticuore, la obra de Lange está destinada a un público sensible a esas formas poéticas no tan explícitas. “Ese tono, entre intimista y estrafalario, que logra Norah en sus diversos textos es muy personal y tan diferenciado de otros tonos de la época; el modo en que ella vuelve a la infancia es distinto del de otras autoras y también cultiva una poética del fragmento -remarca-. Su literatura es muy visual, espacial, climática; en su obra, los personajes femeninos se singularizan”.

En librerías se pueden encontrar algunos títulos de la escritora, como sus tres poemarios –La calle de la tardeLos días y las noches y El rumbo de la rosa– publicados por Eudeba (con prólogo de Diz), Cuadernos de infancia (Losada), Papeles dispersos(Beatriz Viterbo, sello que aún distribuye algunos ejemplares del tomo 1 de las Obras completas) y 45 días y 30 marineros (Interzona). “La foto de tapa no tiene nada que ver con el carguero en el que viajó Norah -dice su sobrina-, pero entiendo que la que pusieron tiene más gancho”. Libros de la autora de ascendencia noruega fueron publicados en Italia, Holanda, España, Estados Unidos y el Reino Unido e incluso Turquía, donde hay muchos lectores subyugados por esta pionera literaria.

Fuente: Daniel Gigena, La Nación