“El país que amamos odiar”: Mariana Enriquez y todo lo que aprendió de los Estados Unidos

La escritora argentina eligió cinco textos que considera reveladores de una cultura que, dice, la formó. Por qué incluyó a Charles Manson y a quién escogería en la Argentina

Mariana Enriquez, Maya Angelou, Truman Capote, Michael Herr, Jack Kerouac y Charles Manson

Un país, dice Mariana Enriquez, que conoce más que el suyo. De eso, que lo conocía tanto, se dio cuenta la escritora cuando le propusieron elegir cinco textos que representaran a los Estados Unidos para hacer, con ellos, un libro.

Cinco textos le pidieron y ella optó por Maya Angelou, Truman Capote, Michael Herr, Jack Kerouac y Charles Manson. El libro se llamó Cinco miradas sobre Estados Unidos y lo publicó la editorial Gris Tormenta.

Maya Angelou, reconocida por su poesía y sus memorias, abordó en su obra el tema del racismo. Truman Capote, referente de la narrativa y el periodismo literario, exploró la complejidad humana y el retrato social en títulos emblemáticos como A sangre fría. Michael Herr, periodista y corresponsal de guerra, narró la experiencia estadounidense en Vietnam y su impacto cultural. Jack Kerouac, figura clave de la Generación Beat, plasmó en su obra el espíritu nómada y la búsqueda de libertad de la posguerra. Charles Manson fue el líder de una secta y fue condenado por conspiración para cometer asesinatos como el de la actriz Sharon Tate. Figura central para quien analice el lado oscuro de la contracultura de los años sesenta, le permitieron un alegato final antes de declarar,lo culpable: son esas palabras las que Enriquez escoge.

Mariana enriquez Estados UnidosFormas de ver los Estados Unidos.

Así explicó Enriquez a Infobae sus elecciones:

-¿Qué nos gusta de Estados Unidos? ¿Qué te gusta a vos?

-No sé qué les gusta a los demás, porque Estados Unidos es el país que amamos odiar, en el sentido de que mucha de nuestra cultura popular y nuestras aspiraciones tienen origen ahí, y también mucho de lo que despreciamos, rechazamos y tememos. Lo que se siente ante la potencia imperial suele ser contradictorio. A mi me gusta reconocer esa contradicción y convivir con ella. De Estados Unidos me gusta la potencia de su literatura, la música –Velvet Underground, el country, el blues–, el cine, David Lynch, Todd Haynes, Gus Van Sant, Dorothea Tanning, Georgia O’Keefe, Sarah Walker. Mi educación estética es en gran parte la que recibí de la cultura de USA.

-En el libro hablás de un viaje en micro que se pone oscuro. ¿Cuánto tiempo duró? ¿Hablaste con alguien? ¿Qué te daba miedo?

-Estaba haciendo un viaje por el Sur y tomé el Greyhound para un viaje de solo dos horas desde Louisville, Kentucky, hasta Nashville, Tenneessee. Iba con mi chico. Tenía al lado un señor que leía pornografía en Kindle, atrás una mujer adicta con dos criaturas -casi abandona a una en Kentucky-, y también unos cuantos veteranos de varias guerras, incluido un joven que tenía tatuada la palabra PSYCHO en el cuello -y que era el más amable de todos-. En una de las paradas subió un adolescente con una guitarra y una Biblia, vestido de negro. Los chicos gritaban, había varios borrachos, era todo muy límite, y el chofer solía parar o pedir tranquilidad. No hablé con nadie. Me daba miedo lo cerca que estaba la situación, muy tensa, de derivar hacia alguna violencia. Y además era todo muy raro, entre el porno necrófilo y el niño predicador.

Filba 2024Mariana Enriquez, la reina del terror, mira hacia los Estados Unidos. (Foto: Jiniva Irazabal)

-Kerouac, Angelou, Herr, Capote, Manson: cuatro hombres y una mujer, cuatro del siglo XX y todos ya muertos. ¿Qué dice esa ausencia de voces vivas y contemporáneas sobre el Estados Unidos que te interes?

-No me salió, en la selección intuitiva que me propusieron, buscar entre voces contemporáneos sino en el corazón del siglo XX, cuando me parece que Estados Unidos marcó la historia reciente, con los derechos civiles, la juventud contracultural, la cuestión gay, las estrellas de cine, el sueño hippie, la guerra contra el comunismo, la espectacularización de la violencia. Ese fue el núcleo en el que pensé y además de ahí surgen muchos escritores que me gustan. Por otro parte, creo que hacer una mirada sobre la actualidad para pensar un concepto no es lo más conveniente, creo que mirar el pasado da una mejor perspectiva sobre cómo se construye una entidad de sentido, y también sobre el presente.

-Charles Manson figura como autor junto a Maya Angelou y Truman Capote. ¿Qué justifica su lugar en esta selección y qué reacción esperabas ante ese nombre?

-Los crímenes de Charles Manson son un mito oscuro, un lado B de los años 60, cuando ser joven parecía una promesa de ser mejor, de corregir el mundo, algo que se demostró falso, y que La Familia encarnó simbólicamente. La violencia desplegada por Manson se reproduce hoy, diría que cada semana, en el Estados Unidos actual, cuando ya perdimos la cuenta de cuántas masacres y atentados ocurren, en general ejecutados por personas enloquecidas por la conspiranoia, el odio, el acceso a las armas, los microclimas del resentimiento que produce la cultura del país. El alegato de Manson tiene una lucidez horrible. Muchos iconos son monstruos. La violencia de los asesinos seriales y de los asesinos de masas es, en mi opinión, ineludible para pensar a Estados Unidos, porque en muchos casos además se los glamourizó y se convirtieron en fenómenos pop, desde Hannibal Lecter hasta Freddy Krueger, y que encima inexplicablemente se consumen en gran parte del resto del mundo.

Clan MansonCharles Manson, acusado de conspirar para cometer homicidos. (AP Photo)

-¿Aceptarías cinco miradas sobre Argentina? ¿Te animás a elegir cinco autores en un ejercicio parecido? Vivos o muertos…

-Claro. Autores que elegiría: Rodolfo Walsh -específicamente Esa Mujer o la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar-, Sarmiento, Alfonsina Storni –aunque la antología solo pedía prosa, pero me tomo la licencia–, Atahualpa Yupanqui y Manuel Puig.

Fuente: Infobae