María Rosa Yorio: «Me duele no haber podido amar a Charly como era, aún con sus infidelidades»

La década del 70. Años de amor libre, agitación social, drogas y rock and roll. En ese contexto, y siendo sólo una adolescente,María Rosa Yorio se enamoró de Charly García y forjó unas de las relaciones más idealizadas de la historia del rock nacional; una historia que tuvo sus cuotas de tradicionalismo (casamiento por civil y divorcio mediantes) y varias otras bien mundanas (infidelidades, venganzas, separaciones).

La década del 70. Años de amor libre, agitación social, drogas y rock and roll. En ese contexto, y siendo sólo una adolescente,María Rosa Yorio se enamoró de Charly García y forjó unas de las relaciones más idealizadas de la historia del rock nacional; una historia que tuvo sus cuotas de tradicionalismo (casamiento por civil y divorcio mediantes) y varias otras bien mundanas (infidelidades, venganzas, separaciones).

De esto y mucho más la cantante decidió hablar por primera vez en su libro autobiográfico Asesínenme. Rock y feminismo en los años 70, que acaba de publicar editorial Planeta. Escrito de puño y letra, -sin la asistencia de los ghostwriters que le proponían dulcificar la imagen de su exmarido («porque al ídolo no se lo toca»)-, ofrece un relato descarnado y realista de su vida en pareja y, a la vez, de una época que, asegura, «pese a todo fue divina, por algo decidí terminar el libro con un poema de amor».

Por siempre Bubulina, como García la apodó, integró la agrupación PorSuiGieco y luego Los Desconocidos de Siempre, junto a Nito Mestre. Más tarde, ya en los años 80, emprendió una carrera solista que supo de cinco discos ( Con los ojos cerrados, Mandando todo a Singapur, Por la vida, Puertos y rodillas) y varios hits, entre ellos «Entra, seas bienvenido a casa», «Fanny da bola» y «Haciendo el amor en la cocina». A partir de ahí poco se supo de ella, y su siguiente trabajo discográfico -de factura independiente-, titulado Asesina serial, casi no tuvo difusión en 2002. De todos modos, siguió vinculada al mundo de la música dictando clases particulares de canto y ofreciendo de tanto en tanto algún recital.

Hoy María Rosa vuelve por más, o por todo. Está contenta con el libro (al que subtituló «Rock y feminismo en los años 70») «porque me representa enteramente» y porque lo presentará al público a su manera: con un show el sábado 29, en Dain Usina Cultural (Thames 1905). Mientras, en diálogo con LA NACION confiesa: «Charly es un personaje muy querido, yo sigo cantando sus canciones y tengo una gran admiración por él, pero como ser humano que vive en este plano alguna fallita tenía que tener, ¿no? Bueno, así que tengo derecho a hablar de él y contar mi verdad; al menos de mi relación con él. Sin dudas fue el hombre que más me marcó en mi vida. Primero porque él tiene una cuestión con la libertad que es muy fuerte, y segundo porque es Gardel. ¿Y quién no quisiera haber sido la mujer de Gardel? Bueno, yo lo fui».

-¿Qué te enamoró de él?

-Lo tengo clarísimo. Primero fue su música.Venía de escuchar mucha música clásica en mi casa, entonces cuando escuché a un pibe que toca el piano (que no era lo más común en aquella época, donde todos eran guitarristas), con mucho de cosa clásica, y escribía poesía rupturista, me pareció increíble esa mezcla. También me gustaban mucho sus ojos, negros y muy profundos. Y la boca, tenía una boquita carnosa que me parecía muy dulce. Además su pecho. Había algo en su pecho que me producía algo muy íntimo. Yo recuerdo ponerme acurrucada en su pecho y quedarme allí un buen rato. Me daba seguridad. De hecho fue el hombre que me sacó de mi casa, que me liberó de alguna manera.

Tengo derecho a hablar de Charly y contar mi verdad; al menos de mi relación con él. Sin dudas fue el hombre que más me marcó en mi vida

-¿Por qué te liberó? ¿Qué sucedía en tu hogar?

-Mi madre era muy agresiva, discutíamos mucho y un día después de una escena casi de pugilato orquestada por ella estrellé un televisor contra la pared. No daba más. Fue entonces que Charly me sacó de ahí con lo puesto. Yo no me podría haber ido sola de mi casa. Nos pudimos ir los dos, porque él también tuvo una escena con su madre. Los dos, juntitos de la mano, pudimos liberarnos e ir a vivir a una pensión. A los pocos meses, salió el primer disco de Sui Generis y ellos empezaron a tocar todos los fines de semana. Podría haber sido una aventura oscura, podríamos haber terminado en la calle, pero creo que la relación conmigo le dio mucha seguridad. Él se sentía muy feo, no era el típico agraciado, era una persona hipersensible, no era un ganador. Y al encontrarse con una piba que tenía muchísima información musical, literaria, social y política, y que encima era bonita, eso evidentemente le dio plafond.

-Te puso el apodo de Bubulina, y de hecho te compuso un tema titulado así. ¿Por qué? ¿A qué remite?

-Charly era un gran lector de enciclopedias. Por eso «La torre de Tesla» y «Los dinosaurios». Él era fanático de los dinosaurios, de los verdaderos. Mucho antes de usarlos eufemísticamente para hablar de los militares. (Laskarina) Bubulina fue la primera mujer revolucionaria del siglo XIX, la que encabezó una revolución en Grecia, y como yo siempre estaba con mis ideas izquierdistas.

-¿Charly era más conservador que vos?

-Sí. Yo lo influencié políticamente y por eso cobro las regalías de Instituciones (el último disco de Sui Generis). Sin decirme nada me las cedió, se ve que al ser muy rebelde lo influencié profundamente en sus ideas, en la base ideológica del disco. No es que le decía, bueno, ahora sentate y escribí esto, no, nada que ver; todo tuvo que ver con nuestras conversaciones diarias.

-En esta época de empoderamiento femenino se habla mucho y con naturalidad del tema del aborto, pero pocas veces a título personal. Sin embargo, en el libro vos hablás de tus propias experiencias. ¿Te costó hacerlas públicas?

-No fue fácil. Tuve algunos ataques de pánico. Hubo días en que pensé que estaba bien hacerlo y otros en que no. Pero lo que me animó fue escuchar Furia bebe, de Malena Pichot, en radio Futurock, donde hablan constantemente de estas cuestiones. De alguna manera me acompañaron. Escuchar el programa, de 16 a 18 todos los días, formó parte del proceso de escritura del libro. Me dejé llevar por estas chicas, por la Señorita Bimbo, por la Vergolini. Todo su empoderamiento me ayudó a confesar las interrupciones de los embarazos sin miedo, sin sentir que estaba mostrando algo que me podía dejar agujereada, lastimada. Me hizo muy bien contarlo en el libro, al fin y al cabo uno habla con gente y las situaciones son similares.

-¿Qué recuerdos tenés de aquellos momentos? ¿Estuviste acompañada por Charly o debiste arreglártelas sola?

-No, Charly siempre acompañaba. Es que más allá del personaje, y de todo lo que el público pueda imaginar, él cumplía con todas las funciones de esposo. Yo era su mujer oficial y las demás estaban en la oscuridad. Él estuvo en el parto de Miguel y cortó el cordón umbilical; y también me acompañó a las dos interrupciones. Éramos tan jovencitos. Charly no sabía mucho de qué se trataba el sexo, él no había tenido muchas relaciones antes; creo que fui su primera mujer. Y en esa época no había ningún tipo de educación sexual. Ahora tampoco existe, pero al menos las chicas intentan informarse entre ellas.

«El problema de las drogas empezó a principios de los 90 y la época que yo relato en el libro son los 70 y 80. Sí recuerdo que yo no tenía mucha fortaleza física, por eso Charly siempre me decía: a vos los químicos te hacen mal», recuerda María Rosa YorioCrédito: Victoria Gesualdi-AFV-En un capítulo vos decís: «en los papeles, el amor libre era una idea perfecta», y luego agregás: «yo era muy ingenua e inocente. No estaba preparada para el mundo del rock y su costado más reventado».

-En esa época las drogas no eran un problema. En nuestro grupo chico no tomábamos pastillas, ácidos uno, dos o tres como mucho y a veces pintaba un porrito; y en cuanto al alcohol. no existían los vinos finos, así que a lo sumo aparecía un vino de mesa y un sifón en una cena. El problema de las drogas empezó a principios de los 90 y la época que yo relato en el libro son los 70 y 80. Sí recuerdo que yo no tenía mucha fortaleza física, por eso Charly siempre me decía: «a vos los químicos te hacen mal». Salía muy lastimada de ciertos momentos de reviente, me costaba recuperarme y me quedaba con mucha culpa. No me gustaba. Así que traté de preservarme. Además, hay ciertas voces que pueden cantar reventadas; y otras, como la mía, no. Para cantar como me gusta debo tener la voz impecable.

-En tu libro sos muy honesta cuando te referís a tu vida sexual, sobre todo a la que compartiste con Charly. En distintos tramos, por ejemplo, decís: «Charly se desentendió de la sexualidad de nuestra pareja, supongo que para él era más fácil ser atendido»; «empecé a pensar que no tenía sexualidad» y «no podíamos hablar de sexo». ¿Cómo lidiaste con todo ese combo?

-Y.nos terminamos separando. Hay muchas mujeres que deciden quedarse en un vínculo sin que sea completo. Yo podría haberlo hecho y tener una vida paralela. No hubiera estado mal. Y así podría haberlo cuidado más a él. En ese sentido lo abandoné y lo dejé librado a su soledad. Él es un hombre muy sociable, pero habla mucho de la soledad, por algo es. Me sentí culpable, pero necesitaba saber qué me pasaba mí, quién era yo. Y si bien en un principio la decisión me dejó un poco sola, me salvó, fue lo que necesitaba para ser yo. Tuvo su costo: criar sola a mi hijo; incluso sin mucho sustento económico.

En su libro, la cantante se refiere a las infidelidades de Charly García cuando eran pareja: «Después de muchos años de terapia me doy cuenta de todo. Era una jovencita muy chica que recién salía del secundario» Crédito: Victoria Gesualdi-AFV-Al parecer, las constantes infidelidades de Charly fueron la causa de tu divorcio. ¿Qué es lo que más te molestó, que hubieras dejado de ser exclusiva o que te engañara con tus mejores amigas?

-Increíblemente, en ese momento yo no era consciente de nada. Cuando me puse a escribir el libro. empezaron a aparecer distintos datos como piezas de un rompecabezas. Tomaba algo que había dicho alguien, más lo que había dicho otro, sumando alguna foto que aparecía en redes y así se fue armando el rompecabezas de la cornuda. Charly nunca me blanqueó alguna de estas relaciones, siempre las negaba, entonces yo no tenía mucha información, aunque sabía que algo estaba pasando. Después de muchos años de terapia me doy cuenta de todo. Era una jovencita muy chica que recién salía del secundario. Tal vez me faltó un poco de formación como para poder decir: «bueno, vos necesitás tener otras, armemos algo menos tradicional, como hacen muchas parejas en el rock, que están unidas pero cada uno tiene otras historias.

-¿Nunca discutieron por eso?

-No recuerdo haber confrontado al respecto con Charly, nunca tuvimos una pelea por esto, no recuerdo haberle dicho «loco, qué está pasando acá». Tal vez eso lo habría frenado. Es que por un lado entendía que la libertad estaba bien, entonces no podía ponerme mal por eso. Pero después entraba en una depresión enorme que no me permitía levantar cabeza.

-¿Lo seguís queriendo?

-Sí. Cuando veo fotos de cierta época me digo: qué lástima que no pude aprovechar esa belleza que después él tuvo, a partir de La máquina de hacer pájaros. Ahí se empezó a poner lindo, se dejó los bigotes y el pelo más largo. Dejó los anteojos culo de botella y se puso unos modernos. Qué lástima que mi formación no me permitió ver más allá y amarlo como era, aún con sus licencias, sus infidelidades. Me duele. Hoy me encantaría estar con él, por supuesto que sí; incluso me gustaría cuidarlo, pero también quiero mucho a la persona que ahora está a su lado, que es Mecha, que siendo tan joven hizo y hace tanto por él. Pese a ser casi una niña es bien brava, por algo la llaman «La talibana». Es la que puso límites en el entorno de Charly. Si no estuviera en pareja con ella, sería una fantasía hermosa volver a estar con él. Jamás le haría a ella lo que otras mujeres me hicieron a mí, seducir a un hombre por detrás. No está en mi ADN hacer algo así.

Asesínenme, el libro en el que María Rosa Yorio habla de su matrimonio con Charly García; la imagen de tapa es una histórica foto de la pareja con su hijo, Miguel GarcíaCrédito: Victoria Gesualdi-AFV-¿Tu posterior relación amorosa con Nito Mestre fue una suerte de venganza contra Charly y sus infidelidades?

-No fue consciente. Inconscientemente creo que dije: «todo eso que hacés por atrás yo lo voy a hacer a la vista de todos y lo más evidente posible». No es que dije: «ahora vas a ver lo que se sufre». Pero debo reconocer que algo de venganza hubo. No es casual lo que pasó. En aquel momento no medí las consecuencias, quedé como la villana de la película, como la mujer que engañó a la estrella del rock con su mejor amigo y compañero musical. Ahí surgió otro mito: que fui la causante de la separación de Sui Generis. Pero no, eso había pasado un buen tiempo antes y yo no tuve nada que ver.

-¿Y qué pasó luego con Nito? En el libro decís, por ejemplo, que tu vida junto a él no fue precisamente un jardín de rosas.

-No sé si él también se sintió culpable por lo que había hecho porque las cosas no eran habladas. Cuando aparecí con Nito todos me apoyaban, incluso el terapeuta al que todos asistíamos. Él me decía: «posiblemente con Nito te vaya muy bien». Lo dejé porque necesité seguir buscando. Después pasé a una relación nefasta con otro músico y pasaron muchos años hasta que logré volver a amar y sentirme amada. Fue recién en los 90, con un hombre que no tenía nada que ver con el medio.

-De Nito también comentás algo inusitado: que era un «sonámbulo bravo».

-Era sonámbulo, pero no de levantarse y ponerse a caminar por la casa. Sus escenas eran dantescas. Era como un animal que se despertaba en medio de la noche y empezaba a romper todo. ¡Y a los gritos! No puedo decir más que eso. Es difícil hablar de estas intimidades, quiero ser honesta pero a la vez temo que, al leerlas, algunos se sientan vulnerados; y no quisiera lastimar a nadie.

La cantante y escritora presentará su libro el sábado 29, en Dain Usina Cultural (Thames 1905) Crédito: Victoria Gesualdi / AFV-En el libro das por tierra con algunos mitos de la historia del rock nacional, como que «Rasguñas las piedras» no fue escrita para una novia de Nito a la que dieron por muerta y enterraron viva sino en referencia a vos.

-Exacto. Yo venía de una familia muy conflictiva, había vivido circunstancias bravas desde chiquita. Sufría mucho por todo eso y Charly lo sabía. Entonces escribió «Rasguñas las piedras» para que salga de esa situación que me mantenía oprimida. Una de las razones que me impidió disfrutar de la vida fue la exigencia tan profunda que tenía en mi casa. Es que a falta de una yo tuve dos madres: la biológica, que era una mujer trabajadora; y mi tía, que era rica, me trataba como a una hija, me vestía como a una princesa y me llevaba de vacaciones a Punta del Este. En esa dicotomía me crié, hasta que mi madre empezó a sentir celos tremendos, no me los pudo decir y optó por una agresión brutal hacia mí. Me obligaba a hacer los menesteres de la casa y luego, con sólo 12 años, me dejaba sola. Eso me marcó como mujer. Para vengarse, luego trajo a una chica de la calle y la transformó en su otra hija.

-Más allá de «Rasguña las piedras», de Sui Generis, y de «Bubulina», de La máquina de hacer pájaros, ¿qué otros temas te dedicó Charly?

-Uf, un montón. La gente no lo sabe, pero son muchos. Está ese tema que dice «estoy en busca de algo naranja y verde» («Pequeñas delicias de la vida conyugal»), «Estación», «Anhedonia» e incluso, bastante después de habernos separado, me dedicó «Adela en el carrousel». Y también «Asesíname», que da título a mi libro. Resulta que un día lo voy a visitar y le canto una versión del tango «Nostalgias» en tiempo de jazz; y le cuento que la había incluido en un disco que acababa de editar, «Asesina serial» (2002). A él le encantó, entonces después compuso «Asesíname». En fin, pasa el tiempo y nos seguimos influenciando mutuamente, él a mí y yo a él. Por eso yo creo que podría ser muy positiva para él, porque soy una persona muy inspiradora. Soy muy informada, estudiosa, que siempre he cultivado una libertad auténtica y estoy en permanente búsqueda. Creo realmente que soy un canto de vida y esperanza. Y también un ejemplo de resiliencia. Por eso me siento tan contenta de mí, porque a pesar de que tuve que salir del rock y de alguna manera me quedé cantando un poco sola, siempre me he mantenido actualizada y he tenido una visión abarcadora de la vida. Esto me lo dio muchísimo el estudio de lo esotérico y el trabajo espiritual.

-¿Cómo fue tu camino en ese sentido?

-En la década del 90 me empecé a poner de pie. Me fui a vivir a la comunidad de Trigueirinho, que queda en Mina Gerais, y que es un centro de estudios de misterios, de estudios esotéricos, de estudios de la vida. Ojo, no es una secta como han dicho algunos ni algo parecido a la academia de Harry Potter. No me gustan las películas de esa saga, porque son películas fenoménicas, que no hablan de la profundidad que está negada a la humanidad actual. Todos deberíamos estudiar un poco lo que es la numerología, la astrología espiritual, porque hay un montón de ítems que están negados para el hombre común. Yo tuve la suerte de conocer a la gente de esta comunidad que son muy serios. Ahí estudié durante muchos años.

-En el libro te referís muy poco a tu hijo, Miguel (fruto de tu relación con Charly, quien a los 13 decidió irse a vivir con el padre). ¿Por qué?

-Bueno.al principio yo le había dicho a la Editorial que ése era un tema que no quería tocar en el libro. Pero después me animé, y si bien es duro lo que digo creo que es necesario que una mujer pueda hablar así de su hijo, sin tapujos. Porque viste que la madre que tenemos como ideal es sacrosanta y ésta sólo puede hablar amorosamente de su hijo y nunca en forma realista. Al final me dije: ya que voy a hablar de todo, también voy a hablar de Miguel.

-¿Siempre tuvieron una relación difícil con tu hijo?

-Mmm… Por momentos la relación era muy difícil y por otros, hermosa. Miguel era un chico súper informado, súper inteligente, que podía enseñar de todo. Y como contaba con una madre con la que podía hablar de todo y hasta cantar tuvimos momentos gloriosos, pero también otros que se tornaron espantosos, en los que me hizo parir de nuevo. Él llegó a decir que su vida a mi lado era insufrible y que le pegaba mucho. En el colegio le creyeron y una vez que lo fui a buscar no me dejaron acercarme a él.

-¿Y en qué nivel se encuentra hoy el vínculo?

-Aprendí a aparecer como una madre de visita y aportar lo que pueda, sin involucrarme ni estar tan pendiente de su vida. Gracias a Dios él tiene una novia muy grosa, Marcela, y el hecho de que viva en el mismo edificio de Charly me da tranquilidad porque sé que él va a estar contenido desde todo punto de vista.

-¿Qué opina Charly de tu libro?

-Mañana justamente se lo voy a llevar. Se lo dedicaré y se lo daré en mano. De ahí a que lo lea.porque, bueno.Charly, ese personaje que todos amamos y del que resaltamos su valentía, también tiene sus miedos. Y sé que muchos textos que se refieren a él no los ha leído porque le dan «cosita». Por supuesto que me interesa muchísimo su opinión y espero que le guste y que no se sienta agraviado. Sin dudas me reconfortaría su aprobación.

Agradecimiento: Milion Bar

Fuente: Gustavo Lladós, La Nación