Publicó el libro «El arte de envejecer con coraje y dignidad»
En tiempos en los cuales la juventud eterna es la meta y la productividad es la norma. Y en el marco de un contexto social donde a la discriminación etaria se suma una angustiante crisis económica, los adultos mayores no encuentran un lugar de pertenencia. Sobre esas cuestiones, entre otras, ha decidido investigar Pacho O’Donnell, quien desde los últimos años ha dedicado sus estudios a esta etapa de la vida, dispuesto no solo a reivindicarla sino también a deconstruir todos los estereotipos creados en torno a ella. Y esa búsqueda, precisamente, es la que se profundiza en su más reciente publicación: El arte de envejecer con coraje y dignidad(Editorial Sudamericana).
Reconocido por su extensa obra de divulgación y revisión de la historia argentina, el médico, escritor, político, historiador y dramaturgo decidió poner la lupa en este momento vital por fuera de los prejuicios sociales, y desde una mirada profundamente humana, empática y conciliadora. “La vejez no es una tragedia. Hay que enfrentarla con coraje y con dignidad”, afirma el escritor quien retoma en sus nuevas indagaciones su primer trabajo publicado en 2023: La nueva vejez, ¿la mejor edad de nuestras vidas? (Editorial Sudamericana).
Entre historias personales, filosofía y relatos sufíes, O’Donnell construye un material invaluable en el que recorre diversos aspectos como los cambios corporales, los vínculos que se transforman, el duelo, la jubilación, el amor después de los sesenta, el temor a la dependencia y el deseo sexual. “La vejez es una etapa en general poco considerada, y no hay muchas investigaciones. Inclusive Freud, que habló de la infancia y de la juventud, no habló de ella”, reflexiona el autor a sus 84 años en diálogo con Página/12. “Hay un rechazo social a hablar de esto. Los viejos y las personas mayores somos el sector de la sociedad más discriminado. Solo hay que pensar en la miseria de las jubilaciones para darse cuenta de hasta qué nivel llega el maltrato”.
-¿En algún momento la vejez fue considerada de otro modo?
-En la antigua Roma y en la antigua Grecia los varones mayores ocupaban un lugar de privilegio. Incluso la palabra senado viene de la palabra en latín senex que significa viejo. Uno era sabio porque vivía más años, porque se equivocaba más y así conocía más. Era una especie de sabiduría acumulativa, y por eso los viejos eran consultados y respetados. En los últimos tiempos eso no pasó más, y eso ocurrió, entre otros motivos, por razones económicas, porque los viejos somos muy malos consumidores dada la poca capacidad económica que tenemos. Entonces, frente a una sociedad capitalista de consumo, nos volvemos descartables.
-Se pone en juego, además, el concepto de productividad.
-Exacto. Se supone que los viejos somos improductivos, aburridos, depresivos y enfermos. Y así se construye una visión de la vejez como si esta fuera una tragedia. Y eso hay que modificarlo. La vejez tiene que ser un desafío. De alguna manera, tenemos que saber que es una etapa biológica de la cual debemos aprender a extraer lo mejor que sea posible.
-Y más aún en tiempos en los cuales la población que es mayor de 65 años ya está superando a las generaciones más jóvenes…
-Sí. En este momento, los viejos somos el doce por ciento de la población. Y se calcula que, dentro de la Argentina, en el 2050 vamos a ser el veinte por ciento. O sea que, si a eso le sumamos la baja de natalidad muy notable que hay, podemos ver que esta es una sociedad que va a ir envejeciendo. Por eso a los viejos nos tienen que tomar en serio.
-¿Cómo surgió este libro?
-Yo ya había escrito sobre la vejez, pero me di cuenta de que había temas que eran importantes y que no los había desarrollado en mi primer libro, como el de las mascotas, que es muy significativo, sobre todo en la Argentina, donde el setenta y ocho por ciento de las familias tienen mascota. En la vejez, las mascotas son muy importantes porque son una compañía, dadores de afecto y amor, y además sirven para mantener activa a la persona mayor, así que en este sentido también ejerce un efecto favorable. A su vez, también me pareció importante abordar más francamente el tema de la muerte en la vejez.
-Le dedicaste un capítulo a la eutanasia, un tema sobre el cual la Argentina tiene un debate pendiente.
-Sí. Hay algunos proyectos de ley ya presentados. Todo lo que tiene que ver con la muerte es algo difícil de abordar. Porque, de alguna manera, el pensamiento más profundo y más determinante es que todos estamos convencidos de que no nos vamos a morir nunca. Hay una negación de la muerte y del paso del tiempo, y por eso existen tantas industrias montadas sobre eso: las operaciones plásticas, el bótox, los tratamientos rejuvenecedores, el hecho de teñirse o borrarse las arrugas. Es como una fantasía colectiva de detener el tiempo, que el tiempo no pase y que uno no llegue a morirse. El objetivo final de la ciencia es llegar a la inmortalidad. O sea, que las grandes aventuras humanas están condicionadas por la negación y por la angustia ante la muerte. Pero pienso que es importante aceptar esa condición de mortal que uno tiene. Y eso plantea otro tema muy interesante, y es que la vejez es una etapa de balances, donde es importante pensar si uno ha tenido la vida que le hubiera gustado tener, si ha cumplido con sus propósitos o si ha tenido una vida mucho más condicionada por los deseos ajenos que por su propio deseo.
-¿Qué otros aspectos positivos destacás?
-La vejez es una etapa en la cual uno se da cuenta de la cantidad de tiempo que se pierde a lo largo de la vida en cosas que no tienen importancia, que son vacuas. Y por eso cuando sos viejo, valorás enormemente lo que es el amor, y lo que es estar con la gente que querés. Por otro lado, diría que otro de los aspectos positivos es que es un momento de la vida para corregir aquello que uno no ha hecho, no ha pensado, no ha conocido o no ha estudiado. Es el momento de pagar las deudas con uno mismo. Yo suelo decir que la vida es el cúmulo de decisiones tomadas y no tomadas. Y en la vejez, la prolongación de la vida da tiempo para tomar aquellas decisiones que se han postergado.
-¿Tenés cuentas pendientes?
–Las personas mayores tenemos que tener siempre un propósito. Porque en la falta de deseo aparece la depresión, una enfermedad muy endémica en las personas mayores, ya que estas suelen enfrentarse a muchas pérdidas y duelos. Alguna vez me preguntaron cuál podría ser mi epitafio, y yo dije que podría ser: “Aquí yace alguien que buscó”. Los seres humanos vamos siempre atrás de algo que nos satisfaga plenamente y eso no existe. Pero, a su vez, eso es lo que mantiene el deseo. La sensación de incompletud es lo que nos moviliza. El deseo es lo que nos mueve. En el caso de los libros que escribí, por ejemplo, diría que ninguno me satisfizo plenamente. Y ese es justamente el motivo por el cual siempre escribo otro.
-Trabajás en el libro dos conceptos que son el coraje y la dignidad.
-Sí. Hablo de coraje porque la vejez no es para cobardes. Transitar ese momento de la vida, de la manera más digna posible, es una batalla y un desafío. Hay que aceptar muchas cuestiones: que ya no podés moverte ni escuchar como lo hacías antes, que ya no trabajás o que incluso se ha perdido el grupo humano con el cual se ha convivido. Hay, de alguna manera, una pérdida de identidad. Cuando se le pregunta a una persona quién es, contesta: “Soy ingeniero” o “Soy empleado”, y eso ya no está. Y la dignidad tiene que ver con tener una vejez saludable y con no ser una carga para las familias. Poder ser autosuficiente. Es muy importante entender que todos vamos a ser en algún momento una persona mayor. Todos vamos hacia ese lugar, inevitablemente. Y si no vamos, la otra alternativa no es mejor.
-Además de abordar la historia, has escrito obras de teatro. ¿Qué construcción advertís que se hace hoy de la vejez desde la ficción?
-En el libro, precisamente, hablo de que muchas veces se construye una visión estereotipada de la vejez. Por ejemplo, en el cine, yo no he visto escenas sexuales entre personas mayores. O sea, quizá existe alguna situación de seducción de una mujer grande por parte de un joven, o al revés, pero no se ven encuentros entre personas mayores.
-“El sexo y la vejez” es, precisamente, un capítulo del libro.
-Sí, ocurre algo muy cruel en este aspecto, porque el sexo está asociado a la juventud. Es decir, a los años de mayor vigor o fuerza física, entonces se le niega la instancia del deseo a ese tiempo de la vida. En el caso de la mujer, esta deja de poder reproducirse y eso pareciera significar que ya no tiene sexualidad.
-¿Estás trabajando en otros proyectos?
-Estoy escribiendo un libro de cuentos que se va a publicar a fin de año. Y ahí vuelvo a la ficción. Posiblemente se llame Los tiempos de Rosas, porque son varios cuentos que tienen que ver con Rosas y con su época. Siempre estoy escribiendo algo. Como ya he mencionado, los viejos tenemos que tener un propósito, y mi propósito es la escritura.
Fuente: Página12

