“En el reformatorio estuve hasta los cinco años y como era muy simpático, inteligente, divertido y lindo, me adoptó el director del colegio con su señora”. El niño simpático, inteligente, divertido y lindo no es otro que Miguel Abuelo o al menos así se definió a sí mismo, tal como se acredita en el primer capítulo de su biografía El paladín de la libertad, escrita por el periodista y productor Juanjo Carmona.
Miguel Ángel Peralta nació el 21 de marzo de 1946 y su madre, soltera, padecía de tuberculosis cuando parió a su segundo hijo. De allí que el recién nacido fue internado en el Hogar de Niños ubicado a tres cuadras del preventorio de madres tuberculosas Manuel Rocca, sito en Jonte y Segurola. Allí, a casi 80 años del nacimiento de Miguel Abuelo, se acaba de inaugurar un mural en su homenaje, a cargo de los alumnos y profesores de la Escuela Secundaria Juan B. Justo e impulsado por el Grupo el Rocca para All Boys (G.R.A.B.), que desde hace unos años realiza una campaña para que el ex Hogar Rocca sea cedido al club del barrio de Floresta.
“¿Por qué reclamamos esto?”, se pregunta de manera retórica Fernando García, sociólogo y docente e integrante del G.R.A.B.. “Por lo que significa para el barrio de Floresta y todos sus vecinos las actividades sociales y deportivas que lleva adelante el club y por la necesidad de tener ese espacio para un proyecto más grande y pensado en función de la articulación con el barrio”.
Con la firme idea de recuperar y reivindicar la historia de Floresta, el paso de Miguel Abuelo por el ex Rocca sirvió como excusa para rendirle tributo a “un músico, poeta y figura inolvidable del rock nacional”. El boceto del mural fue armado por los alumnos de la escuela y convocaron a los vecinos y a los socios del club a participar de su puesta en la pared.

“La vida es un libro útil para aquel que puede comprender”, es el verso de “Himno de mi corazón”, de Los Abuelos de la Nada, que sobresale en el mural, junto a la silueta de Miguel, recreada de una de las fotografías más famosas del músico y poeta, la que le tomaron aquella noche de 1985, durante el festival Buenos Aires Rock & Pop, luego de que un piedrazo lanzado desde el público impactara en su cara y le dejara el rostro con un hilo de sangre que corre desde el pómulo hasta la mandíbula.
Fuente: Rollingstone

