Las excavaciones arqueológicas realizadas en la Casa Blaquier, en el barrio porteño de Monserrat, permitieron recuperar más de 4.000 fragmentos y detectar cinco estructuras de distintas etapas de ocupación. Entre las piezas halladas figuran dos macuquinas fechadas en 1743 y 1749, además de un peón de ajedrez tallado en hueso. El inmueble de Defensa 163 fue recuperado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en julio de 2025, después de cerca de cuatro décadas de ocupación irregular. Desde marzo, equipos de arqueología y paleontología trabajan en el relevamiento de un predio cuya historia se remonta a los primeros años de la ciudad.
La investigación identificó una letrina, un sumidero de aguas servidas, pozos de descarte y una cisterna que aún no pudo ser excavada. La letrina mide 1,82 metros de largo por un metro de ancho y la excavación ya alcanzó los seis metros de profundidad. Está construida con ladrillos unidos con barro y, en los primeros dos metros, concentró una parte considerable de los materiales recuperados. El sumidero, de mayores dimensiones, está formado por hileras de ladrillos y una bóveda. Según el relevamiento, recibía el agua de la cocina. La cisterna, en tanto, conserva agua y tiene al menos cinco metros entre el brocal y el nivel actual del líquido. Su acceso permanece condicionado por las construcciones levantadas posteriormente sobre esa estructura.
La Dirección General de Antropología Urbana, dependiente del Ministerio de Movilidad e Infraestructura, participa de los trabajos con equipos de georradar, una tecnología que permite detectar paredes, conductos y otras estructuras bajo tierra sin intervenirlas de inmediato. El análisis de esas instalaciones apunta a reconstruir los sistemas de abastecimiento y descarte de agua anteriores a la red corriente. Entre los objetos encontrados hay una macuquina de un real y otra moneda que continúa en proceso de identificación. Las macuquinas eran piezas acuñadas de forma artesanal, mediante golpes de martillo, durante el período colonial. Una de ellas fue datada en 1743 y otra en 1749.
La excavación en la Casa Blaquier permitió identificar cinco estructuras vinculadas con el uso doméstico del inmueble, entre ellas una letrina, un sumidero, pozos de descarte y una cisterna
Por sus características, una de las monedas podría haber sido producida en Lima o Potosí. El estrato donde apareció la vincula con el siglo XVIII, cuando Lucía de Herrera habitaba la propiedad, de acuerdo con la información difundida por el Gobierno porteño. Los arqueólogos también recuperaron una pequeña figura de ajedrez de hueso, formada por dos piezas encastrables. El objeto, que podría corresponder al siglo XIX, representa a un soldado y presenta rasgos asociados con las piezas conocidas como de Dieppe, una localidad francesa reconocida por sus trabajos artesanales en hueso y marfil. Una de las hipótesis que estudian los especialistas relaciona la figura con el Regimiento de Pardos y Morenos, compuesto por soldados negros libertos y mulatos durante las guerras de la Independencia. La atribución todavía forma parte del análisis de la pieza.
El conjunto recuperado incluye mayólica, porcelana, cerámica, vidrio, pipas de caolín, canicas, cuentas, botones y restos óseos de aves y peces. Estos materiales permiten reconstruir prácticas domésticas, pautas de consumo y aspectos de la alimentación de quienes vivieron en el lugar en diferentes períodos. Cada objeto es limpiado, identificado, fotografiado, inventariado y acondicionado para su conservación. Luego pasará a integrar el acervo arqueológico bajo resguardo del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.
El predio de Defensa 163, adjudicado tras la fundación de Buenos Aires en 1580, atravesó usos residenciales, comerciales y productivos antes de ser recuperado en 2025
El predio fue adjudicado a Alonso Escobar tras la fundación de Buenos Aires por Juan de Garay en 1580. Las primeras construcciones habrían sido de adobe, madera y paja; aunque ya no se conservan, los investigadores buscan sus huellas en los niveles arqueológicos. Durante el siglo XVIII, el terreno estuvo vinculado con propiedades de la Compañía de Jesús y más tarde perteneció a Herrera y Esteban Villanueva. En el siglo XIX alojó viviendas, comercios y actividades productivas, además de funcionar como residencia multifamiliar para algunos inmigrantes que llegaron a la ciudad.
En 1925, José Blaquier adquirió la casa y la reorganizó como vivienda colectiva, con habitaciones independientes, cocinas privadas y patios. La entonces Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires compró el inmueble y el edificio lindero, los Altos de Elorriaga, en 1954. La propiedad tuvo luego usos comerciales y albergó un bodegón antes de su ocupación irregular en la década de 1980.
Fuente: Infobae

