Muestra polémica: El verano que Mar del Plata se llenó de cadáveres

Escritor y médico, el marplatense Sebastián Chilano reflexiona sobre la muerte en su delicado libro Los preparados. Aquí, el capítulo sobre una exhibición siniestra.

asdadaso

Bodies: The Exhibition se presentó en Argentina por primera vez en un shopping de Buenos Aires hace más de diez años. Poco después, en el verano de 2010, la exposición se instaló en el Hotel Provincial de Mar del Plata, cerca de la Rambla, los lobos marinos de piedra y los turistas de la playa Popular. No fue descabellado, entonces, imaginar que cadáveres y turistas terminarían por igual: derretidos al sol de un verano inusualmente caluroso.

Los organizadores de la muestra anunciaron la exposición de catorce cuerpos y más de ciento cincuenta órganos humanos reales, conservados en perfecto estado gracias a la técnica de plastinación ideada por el anatomista Gunther von Hagens. Y también aseguraron que los cadáveres no se dañarían aunque se cortaran los sistemas de refrigeración del hotel y de toda la ciudad. La plastinación, dijeron, era segura, imperecedera.

Los organizadores no mentían, la técnica estaba debidamente probada. Desde 1977 en adelante, el taxidermista alemán von Hagens se había empeñado en preservar los cuerpos humanos con un método que privilegiaba la eficacia en favor del espectáculo.

Gunther von Hagens con una de sus "obras". Foto: AP

Gunther von Hagens con una de sus «obras». Foto: AP

Gracias a ese objetivo tan claro, el título de Frankenstein moderno no tardó en asociarse a su apellido, aunque von Hagens prefirió –según sus propias declaraciones– reconocerse más como un lacónico Leonardo Da Vinci. La raza humana siempre elegirá sentirse más cerca de una persona bondadosa que de una atormentada, decía mi padre, aunque la bondad no exista y lo único que llevemos dentro sean nuestros propios demonios. Mi padre nunca escuchó hablar del taxidermista alemán.

La polémica que garantiza la fama llegó muy temprano a la plastinación –como era de esperarse al exponer el tema tabú de los cadáveres– y la obra tuvo su gran difusión cuando se adecuó al formato de una pantalla: von Hagens ideó una serie televisiva donde fue explícito en el desarrollo de su técnica.

Bajo el título Anatomy for Beginners, y dividida en cuatro capítulos: Movimiento, Circulación, Digestión y Reproducción, se presentó al mundo la técnica que todavía hoy puede verse en Internet. La difusión fue inmediata. Los videos aportaron un flujo de donantes tan numeroso que von Hagens pronto tuvo material de sobra para las exposiciones en el Plastinarium, su museo fijo en Brandeburgo. Quizás, por culpa de ese hacinamiento nació la idea de crear la feria itinerante que llegó a Mar del Plata.

¿Cuál es el sentido de la exhibición? Hubo un intento de comercializar las disecciones de von Hagens y venderlas como obras de arte. “En tres o cuatro meses, cualquiera podrá adquirir una rodaja de los cuerpos tanto en Internet como en nuestro Plastinarium”, afirmó el anatomista.

Acababa de morir Sandro de una enfermedad pulmonar enfisematosa crónica y la estrella de la muestra era un pulmón colapsado de nicotina.

Pero aún hoy esa afirmación no se cumple, al menos no de forma legal. Entonces, ¿cuál es el sentido? ¿Es educativo? ¿Es entretenimiento? ¿Morbo? ¿Arte? Concientización es la respuesta que más se repite. Uno de los curadores de la muestra en Mar del Plata afirmó que, para un fumador, el impacto de ver un pulmón dañado por el cigarrillo es más efectivo que cualquier consejo antitabáquico dado por el mejor de los especialistas médicos.

Su declaración no me pareció casual. Acababa de morir Roberto Sánchez, Sandro, y su muerte no debía ser ajena al entrevistado. Sandro fue un ícono ligado a la enfermedad pulmonar enfisematosa crónica (EPOC). Sandro dio sus últimos shows atado a un tubo de oxígeno sobre el escenario. Y tras el fracaso de un trasplante cardiopulmonar, murió el 5 de enero de 2010, a los 64 años, en Mendoza, a unos 1.300 km de distancia de la Human Bodies que en Mar del Plata exhibía, como una de sus atracciones de mayor impacto visual, un pulmón colapsado por la nicotina.

El debate que generó la muestra de von Hagens se centró en el origen de los cuerpos. Foto: AFP

El debate que generó la muestra de von Hagens se centró en el origen de los cuerpos. Foto: AFP

En Londres se acusó a von Hagens de violar el Anatomy Act, una antigua ley que previene el saqueo de cadáveres. Sus instalaciones en Dalián, China, y en Kirguizistán se conocen como “Fábricas de la muerte”. Entonces, preguntar de dónde proceden sus muertos es casi tan ingenuo como preguntar qué es la muerte.

A Gunther von Hagens se lo acusó de obtener los cuerpos de instituciones psiquiátricas de China y de apurar la ejecución de presos políticos de ese país.

En 2008, von Hagens fue acusado de apurar la ejecución de varios presos políticos chinos, y en 2010 se lo culpó de obtener cadáveres de instituciones psiquiátricas sin el consentimiento autorizado de sus familiares. La polémica pasa, entonces, tanto por la exhibición de la muerte como por el origen de los cadáveres. Los cadáveres, ¿los obtiene por métodos lícitos? La exhibición, ¿es ilustración o voyerismo necrófilo?

En 2017, Giacomo Giacobini, director del Museo de Anatomía Humana de Turín, señaló: “Los cadáveres expuestos pertenecen a chinos condenados a muerte y ajusticiados. Las poses dinámicas las hacen pasar por arte contemporáneo, pero no lo son. Como docente de anatomía tengo el mayor respeto por los cadáveres. Y aquí nos encontramos más allá de los límites del decoro. No hay que olvidar que cada cadáver fue una persona”.

Portada del libro Los preparados, de Sebastián Chilano, editado por Obloshka.

Portada del libro Los preparados, de Sebastián Chilano, editado por Obloshka.

En Francia, la muestra vista por más de 150.000 personas fue definida como “una indecente exposición de cadáveres con fines comerciales”. Giorgio Agamben afirma que el concepto “obra de arte” no es fácil de entender ni siquiera desde el punto de vista gramatical: puede ser algo subjetivo cuando la obra es hecha por el arte y pertenece a este, u objetivo, cuando el arte depende de la obra y de esta toma su sentido.

Cuando vi la Human Bodies en Mar del Plata ya era médico. Ya ejercía la profesión y estaba muy lejos del estudiante que recorría los piletones habituándose al olor del formaldehído. Caminé por los pasillos rectos y bien acondicionados del hotel, con una temperatura agradable y bajo una luz especial para cada uno de los preparados anatómicos.

Me dieron un manual explicativo y pude ver con tranquilidad todo lo que quise. Incluso me invitaron a conservar el manual cuando llené el casillero de un formulario con la palabra médico. Era el casillero reservado para la profesión. No podían regalarme un preparado como suvenir para llevar a mi casa, me dijeron, pero sí tenían permitido obsequiarme el manual.

Cuando terminé el recorrido, salí de la exposición con dos ideas que expresaban lo que me habían trasmitido aquellos cuerpos. La primera idea era clara: toda la exhibición era innecesaria, los cuerpos, sus poses, la iluminación de cada uno en su quietud, nada de aquello tenía una necesidad real; no había aprendizaje, y en todo caso debía aceptar que había una manifestación artística que claramente no me interesaba volver a ver. La segunda idea se resumía en una palabra: aburrimiento. La expresión de ese arte fabricado con cuerpos humanos me producía un profundo y poco atendible aburrimiento. 

Fuente: Infobae