Murió el trompetista Fats Fernández, referente del jazz argentino

El legendario músico tenía 88 años y desde hacía tiempo atravesaba diversos problemas de salud

El trompetista Robert “Fats” Fernández, una de las figuras más importantes y queridas del jazz argentino, murió ayer a los 88 años. La noticia fue confirmada a LA NACION por el músico Ricardo Lew.

Es inexorable, y la muerte no perdona ni a la gente necesaria. Esta vez le tocó partir a un personaje del siglo pasado, un artista fundamental para la música de nuestro país, y sobre todo de Buenos Aires. Roberto “Fats” Fernández había nacido en el barrio de La Boca, que siguió siendo el suyo, el 7 de junio de 1937. Y murió después de haber vivido una decadencia física que lo llevó a estar internado y a ir perdiendo esa figura muy voluminosa que le dio el apodo con el que todos lo conocimos.

Fats Fernández, el trompetista
Fats Fernández, el trompetista

Fue trompetista, fliscornista, armador y director de grupos; sesionista. De una personalidad que lo hacía querible para todos, animador de sobremesas y entusiasta contador de anécdotas, su mayor virtud en lo musical estuvo en un toque instrumental que lo hizo diferente. En tal sentido, fue admirado por el público y por los colegas, de aquí y de otros lugares; y por eso fue en el territorio de las baladas, mucho más que en el de las escalas y los agudos endemoniados, donde Fats se hizo especial.

Había aprendido a tocar la corneta, su primer instrumento, en la escuela primaria. Y ya a los 17 estaba haciendo sonar su primera trompeta como parte de la Georgian’s Jazz Band. Su talento y su ductilidad lo hicieron compartir grabaciones, jazz sessions y escenarios con artistas como Roy Eldrigde, Lionel Hampton, Paquito D’Rivera, Michal Urbaniak, Eddie Palmieri, Ray Barreto, Larry Harlow, Ray Charles, Astrud Gilberto, Jimmy Owens, Joe Lovano, Arturo Sandoval, Dizzy Gillespie, Branford y Wynton Marsalis o Chick Corea y, por supuesto, con montones de argentinos como Jorge Anders, Buby Lavecchia, el Gato Barbieri, Rodolfo Alchourrón o Litto Nebbia, entre tantos otros.

Mientras la salud física y su buen ánimo lo acompañaron, fue un protagonista fundamental de la noche musical porteña. Era habitual verlo sumado a proyectos de los más variados o liderando grupitos jazzeros de cámara, en los que siempre dio lugar a músicos jóvenes o en ascenso.

Fue parte de una generación de músicos que sostuvo la música de jazz cuando todavía no se hablaba por aquí del Berklee College of Music de Boston y los instrumentistas se iban enterando de las novedades del bebop y el hardbop a través de discos que llegaban a cuentagotas desde el exterior. Muchos de esos colegas con los que remó en épocas en que no había tantos espacios para el jazz, ya no están en este mundo y Fats fue sintiendo esos golpes que lo fueron dejando más solo aún después de perder a su compañera de vida. Y su deterioro físico y emocional le hicieron pasar sus últimos años internado en una institución.

Fats Fernández
Fats FernándezRAFAEL CALVI„O

Empezó su recorrido discográfico en 1987 con Un tompetista en Buenos Aires, y a lo largo de su vida registró algo menos de 10 álbumes, varios con invitados ilustres, grabados aquí y en los Estados Unidos. En 1992 ganó un premio ACE por su disco Cuore, publicado el año anterior. En sus grabaciones hay fundamentalmente jazz, aunque de la mano de Nebbia y su sello Melopea publicó Tangos & standards, en 1996. Aunque es justo decir que, en sus comienzosmuchas veces formó parte de grupos donde el jazz compartía los sonidos con el tango de los grandes compositores rioplatenses. Y también que, como sesionista, participó en unos 300 discos de las músicas y para los artistas más variados.

Recibió dos premios Estrella de Mar y, en 1995, se alzó con el Konex de platino por su labor como solista de jazz.

Como dijimos, su salud no lo venía acompañando de la mejor manera hacía ya tiempo, por lo que este final muy anunciado, a sus 88 años, pone fin a una extensa agonía. Es de todos modos siempre muy doloroso despedir a un artista. Ojalá finalmente pueda descansar en paz.

Fuente: Ricardo Salton, La Nación