Murió Roxana Amed, la reconocida cantante argentina de jazz

La cantante y compositora tenía 63 años y atravesaba una enfermedad; radicada desde hacía más de una década en Estados Unidos, desarrolló una destacada carrera internacional

Según pudo saber LA NACION, este domingo 25 de octubre murió Roxana Amed, a los 63 años. La reconocida cantante y compositora, una de las voces más destacadas del jazz argentino, atravesaba una enfermedad. Por el momento, no trascendió oficialmente la causa de su muerte.

Nacida en Buenos Aires y radicada desde hacía más de una década en los Estados Unidos, Amed construyó una destacada trayectoria nacional e internacional, en la que combinó el jazz con elementos del folclore, el rock argentino y la poesía. A lo largo de su carrera colaboró con reconocidos músicos, obtuvo dos premios Gardel y recibió dos nominaciones a los Latin Grammy. Además de su trabajo como intérprete y compositora, se desempeñaba como docente en la Universidad de Miami.

Su historia

Amed nació el 5 de octubre de 1963 en el barrio porteño de Palermo, pero creció en Ramos Mejía. Su relación con la música comenzó desde muy pequeña: a los cuatro años empezó a estudiar piano. De raíces italianas y de Medio Oriente, provenía de una familia sin vínculos con el mundo artístico. “Crecí en un contexto sencillo”, recordó en una entrevista con LA NACION en noviembre de 2022.

“Yo soy de Ramos Mejía e hice todo sola. Soy una chica de barrio que no viene de una familia de artistas, no crecí en un contexto cultural donde te van avisando cómo moverte. Hice lo que pude, siempre”, contó en aquella conversación, al recordar cómo había construido su carrera.

Durante la adolescencia, encontró en los discos que escuchaba su padre una primera aproximación al jazz. Las voces de Judy Garland y Doris Day despertaron su curiosidad por un género que terminaría definiendo buena parte de su trayectoria. A los 18 años, un casete de Sarah Vaughan terminó de marcar su camino. “Su música me deslumbró. Venía de la música clásica y eso nuevo que escuché me llevó a un lugar de versatilidad”, recordó en otra entrevista con este medio, en junio de 2025.

Aunque el jazz fue su principal territorio artístico, Amed también tuvo una importante carrera como compositora de música popular. Fue coautora de “La última noche”, uno de los éxitos de Diego Torres, y escribió “Lucía” para Luciano Pereyra. También trabajó con Sandra Mihanovich y Los Tekis, entre otros artistas. En 2001 recibió un premio Martín Fierro por “Sobrevivientes”, canción interpretada por Mihanovich para la serie Vulnerables.

En sus primeros años también se desempeñó como entrenadora vocal en programas televisivos como Escalera a la fama, donde trabajó con los integrantes de Bandana y Mambrú. Sin embargo, su principal interés estaba puesto en desarrollar una propuesta musical propia.

Su historia familiar también estuvo estrechamente vinculada con ese recorrido. Hija única, atravesó uno de los momentos más difíciles de su vida cuando su padre enfermó a causa de un tumor cervical y, finalmente, murió en 2003. Durante los seis años que duró su enfermedad, decidió acompañarlo y postergó parte de sus proyectos musicales. Fue después de su muerte cuando retomó con mayor impulso la grabación de su primer disco.

Uno de los momentos decisivos de su carrera llegó junto a Pedro Aznar, a quien buscó para que produjera Limbo (2004), su primer álbum. Volvieron a trabajar juntos en Entremundos (2006). Aquellos discos comenzaron a consolidar un estilo personal que se apartaba de las interpretaciones tradicionales de los estándares del jazz y daba cada vez más espacio a sus propias composiciones.

Amed junto a los músicos Adrián Iaies, Hugo Fattoruso y Luis Gorelik. A lo largo de su carrera, la cantante desarrolló numerosos proyectos y colaboraciones, entre ellos Cinemateca Finlandesa (2010), junto a Iaies, en donde exploró los vínculos entre el jazz y otros géneros musicales
Amed junto a los músicos Adrián Iaies, Hugo Fattoruso y Luis Gorelik. A lo largo de su carrera, la cantante desarrolló numerosos proyectos y colaboraciones, entre ellos Cinemateca Finlandesa (2010), junto a Iaies, en donde exploró los vínculos entre el jazz y otros géneros musicalesGentileza Instituto del Seguro / Gustavo Roger Cabral

Su camino musical continuó con trabajos como Cinemateca Finlandesa (2010), junto al pianista Adrián Iaies, y Los trabajos y las noches (2023), realizado en colaboración con el pianista y compositor Frank Carlberg, en el que musicalizó poemas de Alejandra Pizarnik.

Con los años, su reconocimiento trascendió las fronteras argentinas. Sus discos Ontology (2021) y Unánime (2022) fueron nominados a los Latin Grammy en la categoría de mejor álbum de jazz latino/jazz, en 2021 y 2023, respectivamente. También compartió proyectos con figuras como Chucho Valdés y se presentó en importantes escenarios y festivales internacionales.

Amed recibió dos nominaciones a los Latin Grammy por sus álbumes Ontology (2021) y Unánime (2022), ambos en la categoría de mejor álbum de jazz latino/jazz
Amed recibió dos nominaciones a los Latin Grammy por sus álbumes Ontology (2021) y Unánime (2022), ambos en la categoría de mejor álbum de jazz latino/jazzArturo Holmes – GETTY IMAGES NORTH AMERICA

En 2025, recibió el Diploma al Mérito de los Premios Konex como solista de jazz, una distinción que se sumó a los reconocimientos que había cosechado a lo largo de su trayectoria.

Su vida en Miami y sus últimos proyectos

En el plano personal, Amed estaba casada con Daniel Arano, productor vinculado a la industria musical y televisiva, quien también colaboraba en la organización de sus proyectos artísticos. Fue una oportunidad laboral de él la que llevó al matrimonio a instalarse en Miami en 2013, una decisión que representó un importante cambio tanto en su vida personal como profesional.

En una entrevista con LA NACION, la cantante habló sobre las dificultades que debió atravesar para encontrar su lugar en la escena musical estadounidense. “Durante los primeros meses no veía el futuro ni dibujado. Además, no tenía veinte años y ya había un recorrido hecho, una manera de hacer las cosas y una confianza adquirida”, confesó.

La incertidumbre fue tal que incluso llegó a considerar la posibilidad de dedicarse a otro trabajo para sostener económicamente a su familia. “Todo era duda, probar y verificar. También implicó cantar en castellano para ver qué sucedía con el público. Todo era incertidumbre”, recordó. Y agregó: “Somos gente de trabajo, así que había que plantearse de qué vivir, no había plata en el banco y varios viejitos en la familia que dependían y dependen económicamente de nosotros”.

El proceso también estuvo atravesado por momentos de angustia. Sin embargo, Amed reconocía que su decisión de emigrar había llegado cuando sentía que su carrera en la Argentina había alcanzado un límite. “Había llegado un punto donde sentía que, en Argentina, no podía avanzar más. Nunca tuve management y todo fue autogestivo; pero, por suerte, he podido llegar a todo el país y tocar en casi todos los festivales más importantes”, sostuvo.

“Buenos Aires sigue siendo mi casa”, aseguró durante una de sus últimas entrevistas con LA NACION
“Buenos Aires sigue siendo mi casa”, aseguró durante una de sus últimas entrevistas con LA NACIONGerardo Viercovich – LA NACION

Más allá de las dificultades económicas, Amed también tuvo que encontrar su lugar en una escena musical donde todavía era una desconocida. “Fue un desafío hacer que mi identidad y mi música encuentren un lugar en el oído, el corazón y la cultura de la escena norteamericana”, reconoció.

A pesar de todo, logró consolidar su carrera en Estados Unidos y comenzó a desempeñarse como docente de canto y teoría musical en la Frost School of Music de la Universidad de Miami, donde también participaba en la formación de nuevas generaciones de artistas.

Nunca perdió el vínculo con la Argentina. “Buenos Aires sigue siendo mi casa”, aseguró durante una de sus últimas entrevistas con LA NACION. En aquella oportunidad, Amed estaba presentando Todos los fuegos, un álbum en el que se animó a reinterpretar desde el jazz clásicos del rock argentino, con canciones como “Cinema Verité”, de Serú Girán; “Corazón delator”, de Soda Stereo y “Ciudad de pobres corazones”, de Fito Páez.

El proyecto reunió a destacados músicos argentinos y estadounidenses, entre ellos Leo Genovese, Martin Bejerano, Tim Lefebvre y Kenny Wollesen. Para la cantante significó la posibilidad de concretar una idea que venía postergando desde hacía décadas: volver a las canciones con las que había crecido y darles una nueva identidad musical. “No sabía si iba a poder hacerlo bien, necesitaba una aspereza que no sabía que tenía. Lo llamé a Leo Genovese y le dije: ‘Antes de morirme quiero hacer un disco de rock argentino’”, recordó en aquella conversación.

Pese a su extensa trayectoria y su capacidad para explorar distintos géneros, todavía tenía una asignatura pendiente: el tango. Si bien había interpretado clásicos como “Uno” y “Soledad”, reconocía que aún no se había animado a profundizar en ese repertorio. Cuando le preguntaron si alguna vez lo haría, respondió: “Me esperó el rock y ya llegará el tango”.

En abril de este año, Amed celebró su nominación a los Premios Gardel 2026 en la categoría de mejor álbum de jazz. A través de sus redes sociales, compartió su entusiasmo y agradeció a los músicos, productores y técnicos que participaron del proyecto, así como a su esposo por acompañarla en cada paso. También dedicó unas palabras a los artistas argentinos cuyas canciones había reinterpretado: “¡Siempre orgullosa de llevar nuestro patrimonio al mundo!”, escribió.

Para entonces, Amed llevaba más de dos décadas desarrollando una propuesta musical que nunca dejó de explorar nuevos sonidos. En aquella entrevista con LA NACION, al reflexionar sobre su relación con la música y con el público, dijo: “El arte no está para complacer ni para que la gente se sienta cómoda, pero, por suerte, mi gente siempre estuvo”.

Fuente: Renata Salem, La Nación