Mauricio Wainrot y un merecido reconocimiento cultural, con elogios de Julio Bocca a Paloma Herrera

El coreógrafo argentino de 79 años porta un gran aval internacional y fue nombrado Personalidad Emérita de la Cultura.

El coreógrafo argentino con reconocimiento internacional Mauricio Wainrot fue declarado Personalidad Emérita de la Cultura Nacional, durante el homenaje en el Palacio Libertad (ex CCK).

Allí, recordó las amenazas sufridas durante la última dictadura militar y se escucharon testimonios que fueron desde la bailarina y maestra Paloma Herrera, hasta el actual director del Ballet Estable del Teatro Colón, Julio Bocca.

La Agencia Noticias Argentinas estuvo presente en el evento donde el secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli, otorgó la la placa distintiva, al creador que llevó la danza argentina al mundo, en este sentido, al tiempo en que dialogó en escena con los periodistas especializados Constanza Bertolini y Ricardo Kirschbaum.

El artista se presentó ante la emotiva mirada de destacadas figuras del panorama cultural, como la presidenta del Consejo Argentino de la Danza, Natalia Álvarez; representantes del Fondo Nacional de las Artes; el director general del Teatro Colón, Gerardo Grieco; los directores del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, Andrea Chinetti y Diego Poblete; y el maestro Guido de Benedetti, entre otros.

Tras el testimonio de Paloma Herrera, que sostuvo que los “mejores recuerdos fueron trabajar intensamente con él”, seguida por Julio Bocca que lo señaló como dueño de una “pasión inconmensurable”, Cifelli celebró su “historia construída con talento, disciplina y años de trabajo”.

“Mauricio dedicó su vida a la danza, a crear, a enseñar, a investigar y a llevar su arte cada vez más lejos. Porque la danza tiene algo único, es un arte que no necesita traducción. Habla con el cuerpo, con el movimiento y con la emoción. Y cuando está hecha con verdad, como en la obra de Mauricio, es capaz de conmover a cualquier público en cualquier parte del mundo”, indicó el funcionario.

Asimismo, el secretario destacó que la obra del artista fue “reconocida en escenarios internacionales e interpretada por compañías de enorme prestigio”, al tiempo en que agregó: “En cada uno de esos escenarios estuvo presente el talento argentino. Cuando un artista como Mauricio triunfa en el mundo, no solo se reconoce su obra, sino que además se contempla la calidad, la creatividad y la fuerza de nuestra cultura”.

Con el porte de un bailarín que dedicó su vida, con pasión, a la profesión, y con 79 años -”casi 80”, como él mismo lo señaló-, Wainrot entró a la cúpula del ex Correo Central, casi en una peregrinación de saludos, claro, acompañado por un bastón que era el único signo que delataba su edad.

“Nunca paré, me pagaran o no”, inició el coreógrafo y explicó: “La mayoría de los artistas bregamos por tener una marca, así como Oscar Aráoz y Ana María Stekelman”. En este sentido, detalló: “Soy muy melancólico y vital al mismo tiempo”.

Respecto a sus inicios, recordó: “Siempre me encantó bailar. Mi mamá cantaba y nos llevaba mucho al teatro de la comedia musical judía. Me encantaba el teatro. En el conventillo donde vivía, dirigía a mis amiguitos y bailaba. Entraba disfrazado al almacén de mi mamá”.

“En 1952, mi viejo me llevó a la Escuela Nacional de Danzas. Él era judío, socialista y muerto de hambre. Aún así, me acompañó. Cuando llegamos había muchas mamás con sus hijas”, relató.

En este marco, repasó su camino por el Teatro Colón, la llegada al ámbito contemporáneo junto a Andrea Chinetti, y su pronto despegue al panorama internacional. Con reconocidos nombres de maestros argentinos, hizo especial foco en una clase donde “Mijaíl Barýshnikov y Rudolf Nuréyev se iban juntos, se cambiaban en el camarín de al lado mío”.

Sin embargo, nunca pensó en dejar al país albiceleste: “No quería repetir la historia de mis padres que se habían separado de sus familias, quería hacer carrera en Argentina. Siempre busqué volver. Tenía a mis parejas acá. Siempre le dí un lugar muy importante al amor. No pensaba dejar una pareja por una carrera. Quizás fui tonto, pero igual tuve las dos cosas”.

“¿Cuántas vidas tuve?”, se preguntó el maestro antes de volver a abrir el abanico: durante la última dictadura militar, se “sintió como Ana Frank, pero en el Teatro San Martín, porque vivíamos encerrados”: “Recibí amenazas porque había un antisemitismo dramático en nuestro país”.

“En 1984, trabajé en -su creación coreográfica en base al libro homónimo- ‘Ana Frank’ con -Andrea- Chinetti. El día del ensayo general fuimos a un programa de radio y, cuando volvimos, había bomberos en el teatro. Mientras la gente hacía clases, nos prendieron fuego los vestuarios en los camarines. Los bailarines estrenaron la obra con ropa del segundo reparto”, explicó y añadió: “Con los años, monté esa obra en 17 compañías diferentes, fue mi pasaporte para salir de Argentina”.__IP__

Wainrot no descansa de su pasión, repondrá Carmina Buran y también aguarda con ilusión por volver a subir a su “Carmen” a las tablas. Ambas, en distintas provincias de Argentina.

Fuente: Noticias Argentinas