Abrió Sala Lúcida, un cine con escenario flexible para teatro y música

El proyecto impulsado por las productoras Pulpofilms y Seirenfilms cuenta con una capacidad para 50 espectadores.

La apertura de una sala de cine siempre es una buena noticia y tiene un valor agregado en este contexto de vaciamiento del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), que dejó paralizada la producción de cine argentino casi en su totalidad. Hace unos días, se inauguró Sala Lúcida, un nuevo multiespacio que contará con una sala de cine, una sala inmersiva y un escenario flexible para teatro y música. Es un proyecto impulsado por Pulpofilms y Seirenfilms, dos productoras audiovisuales con trayectoria en el diálogo entre cine, investigación, prácticas artísticas y experimentación tecnológica. Está ubicada en Cabildo 4740, en pleno barrio de Saavedra y tiene capacidad para 50 espectadores. El proyecto articula producción, programación y formación en colaboración con instituciones culturales, festivales, universidades y espacios independientes.

“La sala surgió primero como un sueño. Creo que muchos cineastas soñamos en tener una sala de cine, pero sobre esa base más de sueño, después de la llegada de Javier Milei a este gobierno, y lo que sucedió con el Instituto de Cine y con nuestros proyectos, en particular, y el tremendo parate que tenemos con todos nuestros colegas, empezamos a discutir el tema sobre cómo reposicionarnos y cómo se plantea la resistencia a estos embates culturales”, plantea Ana Fraile, directora de Sala Lúcida junto a Lucas Scavino. “Y la posibilidad de armar una sala de cine comercial y poder tener una pantalla para dar esta discusión política -y también desde la industria del cine- fue tomando cada vez más realidad”, señala.

A mitad de 2025, ambos comenzaron a buscar un lugar “para dar una pelea muy contundente respecto de cómo nos vemos, cómo nos mostramos, cómo vamos a ver nuestras películas, cuáles son las pantallas que podemos ofrecer y poder encontrar un espacio donde haya una alternativa para el documental, en particular, y para las narrativas que nos interesan, más allá de los cines comerciales de cadenas y de los pocos que pueden sobrevivir”, comenta Fraile. “Así que un poco pasa por ahí el nacimiento de esta sala, en conjunto también con otras otras personas del grupo de trabajo. Por ejemplo, mi hermano Martín Fraile, director de la Sinfónica de Río Negro se suma a aportar desde la música. Y como estamos alojados en el viejo Teatro Cabildo, en Saavedra, la música toma un lugar en nuestra propuesta, que es una sala de cine, pero también se vincula a ser una sala de música y conciertos porque somos conscientes de que no solamente el cine está sufriendo los embates sino la cultura en general. Entonces, tener un multiespacio de cine, teatro, música, fue tomando forma y ahora está concreto”, detalla Fraile.

Se exhiben películas de diversas distribuidoras y de distintos/as directores/as. Por ejemplo, ya están pasando films de la distribuidora Miradas, cine europeo, y estará programado Nuestra tierra, el nuevo documental de Lucrecia Martel para los jueves de abril. “Es una sala comercial, como cualquier sala comercial, que se conecta con las distribuidoras nacionales o internacionales (por ahora nacionales) para poder programar películas que nos interesan”, afirma Fraile sobre la parte de cine del proyecto.

Este jueves 26 a las 19.30 podrá verse La biblioteca de todas las cosas posibles, dirigida por Fraile y Scavino. Propone un viaje en la biblioteca infinita del conocimiento, un recorrido en la inmunología, un invento. Un relato para entender la invención del científico argentino César Milstein: los anticuerpos monoclonales. “Esta película es una segunda parte de Un fueguito, la historia de César Milstein, un primer documental que yo dirigí en 2010. Trata sobre el invento de los anticuerpos monoclonales. Buscamos una forma narrativa para dar cuenta de ese invento, y también una manera medio fantasiosa de narrar la ciencia y la importancia que tuvo la invención de Milstein para los humanos, para la biotecnología y para el siglo XXI”, subraya la directora.

Ambos cineastas querían contar cómo es que a un científico con ganas, aventurero y explorador, se le ocurrió un invento y lo llevó adelante y, sin saber mucho hacia dónde iba y lo que podría pasar, terminó logrando una herramienta que fue muy revolucionaria para toda la humanidad. “Desde ese punto de vista, planteamos en la narrativa que mismo en el arte es importante poder tener ese espacio de creación y exploración, porque uno nunca sabe a dónde va a llegar y no se puede planear todo. Entonces, la historia de La biblioteca… habla de todo lo que tenemos adentro, que es una biblioteca infinita, y de cómo nos exploramos y ahí tenemos muchas de las respuestas que, como comunidad, estamos buscando”, sostiene Fraile.

“Para el estreno de la sala del 12 de marzo mostramos Un fueguito y era muy impactante el inicio de la película porque muestra los apoyos que tuvo: eran ministerios que ya no existen hoy en día. Después, vemos toda la secuencia de cuando Milstein se tuvo que ir en el año ’62. La verdad que uno escucha las frases y los archivos, y parece muy contemporáneo. Hay un eco tremendo del pasado y una necesidad de dar esa discusión de por qué artistas y científicos tenemos que resistir. Tanto esta película como la sala misma las identifico como si fueran una muralla, un dique de contención que ponemos y decimos ‘Bueno, esta es la línea y de acá no pasan porque a partir de acá resistimos y vamos para adelante’. Hay que unirse y, en mi caso, científicos y artistas son mi propia familia. Entonces, es unirnos, abroquelarnos y juntarnos para poder plantarnos y poner un mojón, porque si no la cultura es arrasada, la ciencia es arrasada y después el tiempo que tardamos en reconstruir eso es un montón. Ahora es un momento clave para para poner un freno”, concluye Fraile.

Fuente: Página12