Buenos Aires, capital de la música en vivo: sobreoferta, precios y un 2026 de agenda recargada

Diciembre cerró con una grilla desbordada de shows para todos los gustos. Este año, el asunto será igual (o más intenso). La visión de los productores y sus desafíos

En el último trimestre de 2025, Buenos Aires se transformó en una ciudad en estado de recital permanente. Las marquesinas no daban abasto, las grillas se pisaban y los anuncios se solapaban con una velocidad, una abundancia y, sobre todo, una calidad que hacía años era impensada. Solo entre los meses de octubre y diciembre, en la capital argentina tocaron figuras de la talla de Dua Lipa, Oasis, Imagine Dragons, Rod Stewart, Shakira, Linkin Park, Billy Idol, Andrea Bocelli, Katy Perry, Juanes, Carlos Vives, Rauw Alejandro, Los Ángeles Azules, Limp Bizkit, Toto, Bloc Party, Massive Attack, Primal Scream, Kendrick Lamar y Molotov.

Todo eso mientras los artistas más convocantes del país hacían sus propias arenas y/o estadios: Los Fabulosos Cadillacs, Divididos, Trueno, Dillom, Duki, Lali, Babasónicos, Miranda!, Airbag, Milo J, Wos, Tan Biónica, Él Mató a un Policía Motorizado, y la lista sigue. Una sobreoferta que estresó el bolsillo e hizo marear hasta a los más entusiastas. Y que, con las futuras visitas confirmadas de My Chemical Romance, Bad Bunny, AC/DC, Rosalía, Iron Maiden, entre muchos, pero muchos otros, todo parece indicar que se repetirá durante los próximos meses de este año, e incluso de manera más pronunciada. Lo que representaría un desafío mayúsculo para los productores (y el bolsillo del público).

La sobreoferta tiene un doble filo”, advierte Sebastián Carlomagno, presidente de Move Concerts Argentina, productora que en 2025 estuvo a cargo de los shows de Green Day, Rod Stewart, Billy Idol, Katy Perry, entre otros, y que este año hará lo propio con My Chemical Romance, The Hives, Iron Maiden y más. “Por un lado, [la sobreoferta] habla de un mercado activo y con interés; pero al mismo tiempo genera una fragmentación en la atención y en el gasto del público. Para producción implica competir no solo en términos de artistas sino en logística: disponibilidad de venues, equipamiento, personal técnico. El público, frente a tantas opciones, se vuelve más selectivo y termina priorizando las experiencias que percibe como más únicas o imprescindibles”, dice Carlomagno.

Matías Loizaga, de PopArt, grupo que en su faceta de producción de eventos arrancó 2025 a cargo de la nueva edición del Quilmes Rock y lo culminó con los Ferro Carril Oeste de Trueno Los Fabulosos Cadillacs, detecta esa misma sobreoferta de shows. Y dice que se debe a la euforia de la pospandemia y a los grandes semestres que fueron para la industria el último de 2024 y el primero de 2025. Además, asegura que se trata de un fenómeno global.

“Argentina siempre fue punta de lanza y uno de los mercados más importantes de la región, junto con Brasil y Chile. En general, era líder: los artistas querían venir primero a Argentina, después a Brasil y luego a Chile, en ese orden. Con el tiempo eso fue cambiando. Hoy quizás Brasil está primero, Chile siempre fue un tercer mercado y ahora se suman países como Perú, Colombia, Paraguay, etcétera”, explica Lóizaga. Y remarca: “El desafío en Argentina es enorme porque las ofertas empezaron a subir mucho en todo el mundo, no solo acá: en Estados Unidos, en Europa, en todos lados. El fenómeno pospandemia y el éxito rotundo de algunos espectáculos hizo que prácticamente todos los artistas quieran salir de tour. Eso genera una sobreoferta global”.

Para el presidente de Move Concerts Argentina, el principal desafío radica en “la infraestructura limitada frente a la demanda” que sufre el país. “Hay pocos venues grandes y de calidad que permitan recibir producciones internacionales de primer nivel, y eso genera un cuello de botella. A nivel económico, la inestabilidad cambiaria y la inflación porque si bien es menor, todavía sigue alta y eso impacta en los costos. Además, la competencia por fechas hace que los valores de proveedores locales suban y se tensione la capacidad operativa. Cada show exige una ingeniería financiera y logística milimétrica”, sostiene Carlomagno.

En esa misma sintonía, el referente de PopArt señala que el objetivo, y lo más difícil, es lograr el equilibrio entre costos e ingresos para solventar el show y, por supuesto, no perder dinero. “Hoy, los cachés internacionales técnicamente se pueden pagar porque el acceso al dólar está resuelto, pero los servicios son carísimos. Argentina es uno de los países más caros del mundo para producir espectáculos: tiene un impacto impositivo altísimo, tasas muy elevadas y retención de impuestos, que en muchos países de Europa y en Estados Unidos no existe. A algunos artistas ese impuesto les sirve y a otros no. Además, los servicios hoy están entre los más caros del mundo: contratar personal, la nafta, los contenedores”, enumera Loizaga.

Y continúa: “A eso se suma que estamos muy lejos del centro del mundo. Para venir a Argentina, en general, hay que tomarse un vuelo en el que ya se pierde una noche, tanto a la ida como a la vuelta. En Europa, en cambio, pueden hacer shows back to back: una noche en Madrid, al día siguiente en París, después en Roma. Acá eso es muy difícil, incluso entre Buenos Aires y Santiago de Chile o Buenos Aires y San Pablo, donde generalmente piden una noche extra. Todo eso encarece aún más el fee [la tarifa] de los artistas. Es un desafío constante”.

En cuanto a la venta de tickets, los productores coinciden en que la situación económica del país y la sobreoferta de shows tienen su incidencia. “El público argentino sigue siendo muy pasional con la música en vivo, pero hoy administra más sus recursos: ya no asiste a todo, sino que elige con más cuidado”, señala el presidente de Move Concerts. “Se ve una disposición a pagar más por un show que promete una experiencia diferencial –ya sea por el artista, por la cercanía o por la propuesta de producción– mientras que los eventos que no logran esa percepción sufren más en la venta”, explica. E imagina cómo será el panorama este año: “Es probable que 2026 tenga nuevamente una agenda cargada, aunque quizás no con el mismo ‘efecto rebote’ que vivimos después de la pandemia, cuando muchos artistas salieron de gira al mismo tiempo. Sí vamos a seguir viendo una alta competencia porque la región es estratégica para las giras globales, pero todo dependerá de factores macroeconómicos y de cómo evolucione la infraestructura de venues en el país. Si no hay nuevas inversiones, la saturación va a seguir marcando la agenda”.

El referente de PopArt coincide en que este año “vamos a seguir viendo una demanda alta”. Y cruza los dedos: “Espero que se estabilice y que no sea tan fuerte como lo fue en 2025, pero el panorama parece bastante similar”. PopArt llevará a cabo este año el festival Primavera Sound, con entre 20 y 30 artistas internacionales. A eso se le suman todos los Movistar Arena de Soda Stereo Ecos, el nuevo espectáculo de la banda, y el resto de los eventos de artistas locales y de afuera. “En lo particular, para nosotros va a ser un año igual o incluso más intenso que 2025”, señala Loizaga.

La agenda de shows de 2026

Como 2025, este año también estará marcado por los conciertos internacionales. Los siguientes son apenas algunos de los más destacados:

My Chemical Romance
Estadio Huracán
1° de febrero

Doja Cat
Movistar Arena
8 de febrero

The Cardigans
Teatro Coliseo
12 de febrero

Bad Bunny
Estadio River Plate
13, 14 y 15 de febrero

Lollapalooza
Hipódromo de San Isidro
13, 14 y 15 de marzo

AC/DC
Estadio River Plate
23, 27 y 31 de marzo

Dream Theater
Movistar Arena
24 de abril

Megadeth
Tecnópolis
30 de abril

Robert Plant
Teatro Gran Rex
10 y 11 de mayo

Korn
Parque Sarmiento
10 de mayo

Mon Laferte
Movistar Arena
21 de mayo

Rosalía
Movistar Arena
1°, 2 y 6 de agosto

Die Toten Hosen
Movistar Arena
10 de octubre

Iron Maiden
Estadio Huracán
20 y 21 de octubre

Fuente: Rollingstone