Se realizó el Buenos Aires Rojo Sangre

El festival porteño de cine de terror, suspenso y bizarro es presencial y virtual. Vigésimo segunda edición de lo que ya es una cita ineludible del calendario, sobre todo, para quienes no encuentran este tipo de cine en otros festivales ni en las pantallas comerciales.

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«Get The Hell Out», de I-Fan Wang, integra el foco Made in Taiwán. 

El Buenos Aires Rojo Sangre -BARS para los amigos- volvió a la pantalla grande. El regreso del festival de cine de género más longevo de América Latina se produjo desde este jueves,, en el Multiplex Belgrano (Vuelta de Obligado 2238).

Por tres salas de ese complejo de cines pasan decenas de films fantásticos, de terror, suspenso, bizarro y todos esos géneros que la industria mira un poco de soslayo, pero que los fans aman con devoción.

Es la vigésimo segunda edición de lo que ya es una cita ineludible del calendario, sobre todo, para quienes no encuentran este tipo de cine en otros festivales ni en las pantallas comerciales.

Hay ingente producción internacional, como el preestreno de Resident Evil: Bienvenidos a Raccoon City, parte de la franquicia basada en el clásico videojuego de Capcom. “Prometemos un arranque a puro zombies y gritos”, dicen desde el BARS y la cosa se decanta por ese camino.

También hay chorros de sangre saltando a la pantalla en otras secciones, como Made in Taiwan o Invasión Japón, focos puestos sobre la industria de esos países. Del lado local destacan títulos como la cuarta entrega de Plaga Zombi (American Invasion, lleva por subtítulo esta cuarta parte).

El BARS ocupa un lugar central para los productores locales, que muchas veces filman con su pantalla como horizonte e inspiración. Este año pueden verse dentro y fuera de competencia cintas como El desarmadero (Eduardo Pinto), Punto Rojo (Nicanor Loreti); Existir (Gabriel Grieco); La sombra del gato (José María Cicala) -dónde Danny Trejo comparte pantalla con Maite Lanata-; Émesis (Pablo Parés); Los inventados (Leo Basilico, Nicolás Longinotti, Pablo Rodríguez Pandolfi); El oscuro lugar donde habitan (Gabriel Musco); Bella (Laura Dariomerlo) o El ultimo zombi (Martín Basterretche), entre otras opciones.

Existir

Además, el BARS ofrece su sección del CineClub La Cripta, que rescata clásicos del cine de de género –esta vez sobre iteraciones en torno a Frankenstein-, o la sección “Reaparecids”, que busca jerarquizar el cine argentino que sí llegó a las pantallas comerciales, aunque hayan pasado por allí brevemente.

Y si la pandemia enseñó algo, es que la pata digital puede potenciar los objetivos de los festivales de nicho, como el BARS. Por eso esta edición tiene también una selección de películas que puede verse a través de la plataforma digital Vivamos Cultura.

“Para la mayoría de los festivales esto llegó para quedarse”, considera Gabriel Schipani, director del Buenos Aires Rojo Sangre. “Ahora sabemos cuán importante es y que nos permite llegar a todos los rincones del país, aunque ahora pudimos volver casi al modelo de festival de 2019, es importante mantener la versión digital”, observa. Toda la programación del encuentro está en su web: www.festivalrojosangre.com.ar

El cine de género suele remarla mucho para llegar a la pantalla. No sólo por los presupuestos que maneja, también porque no siempre la inversión privada local acompaña. Sin embargo, Schipani no cree que a la producción argentina la pandemia la haya impactado más que a otros sectores de la industria. “Las dificultades de producción fueron para todos por igual, el que sufrió fue el cine, acá y en todos los países”.

Sí, en cambio, reconoce que la pandemia impactó en las temáticas del cine de terror, en los relatos distópicos y hasta en thrillers psicológicos. Al menos algunas producciones de cuarentena se hicieron cargo de ello. Y por otro lado, como el cine ya se había ocupado de grandes plagas que azotaban la humanidad, también en la pantalla estaban las soluciones y acciones –que no se tomaron a tiempo- para frenar la expansión del coronavirus, apunta.

“El cine de género siempre abordó este tipo de pandemias, no sé si esto va a modificar el cine de terror, seguramente sí veremos películas que refieran específicamente a esta pandemia, pero ahí el coronavirus mutará para que el cine pueda explorarlo más”, reflexiona el director del festival. “Otros cineastas intentarán lograr el terror dentro de la ‘normalidad’ pandémica, y ya se buscó mostrar el terror en el confinamiento, pero no sé si habrá una explosión grande del tema, creo que va a impactarle más a otros géneros”, analiza.

“Es cierto que muchos vieron la pandemia como el inicio de un film de terror o distópico, una versión del apocalípsis, porque lo que tiene el cine de terror es una forma de adelantarse a ciertos aspectos de la realidad”, considera. “Las películas de zombis o virus que arrasan la Tierra, todos parten del peor escenario posible, los guiones se preguntan qué pasaría si todos los mecanismos para frenar un virus fallan, ahí empieza la película, y fijate la ironía, uno se pregunta cómo llegan los zombis a todo el mundo si son tan lentos… ¡con los aviones! Si en la realidad se hubiera hecho caso a las películas y se cerraban todos los aeropuertos desde el primer minuto, no hubiera habido pandemia, así que el cine de terror de alguna manera se adelantó a la realidad, sino no hubiera habido pandemia”.

Fuente: Página12.