Como cada año en estas fechas Venecia muestra al mundo su cara más excesiva. Disfraces, máscaras, góndolas, desfiles y bailes privados entre los que brilla con diferencia el exclusivísimo Ballo del Doge. Una auténtica orgía barroca que merece la pena vivir al menos una vez.
Si Venecia ya es bella donde mires y sin que ocurra nada, cada año por estas fechas lo es todavía más. Los venecianos, disciplinados y extremadamente meticulosos con los detalles, salen a la calle con sus máscaras y disfraces. Siempre elegantes, siempre barrocos y sofisticados. Cada rincón de esta ciudad de canales y particular arquitectura se convierte en un decorado perfecto.
Los disfraces al uso que sirven en otros carnavales están fuera de lugar aquí. Familias enteras planean al detalle sus vestimentas por el simple placer de pasear por la ciudad de los canales y dejarse fotografiar por cualquier viandante cámara en ristre. Modelos por un día y entregados hacen la delicia de los miles de los curiosos que pululan por las calles. Paralelamente y durante las aproximadamente dos semanas que duran los carnavales (este año hasta el 17 de febrero), en los mejores palazzos se celebran fiestas y bailes privados.
Bajo la máscara
De entre todos sin duda Il Ballo del Doge es el más exclusivo. Este 14 de febrero alcanza su edición 33 convertido en la gran fiesta donde se suceden actuaciones, animaciones y las máscaras esconden rostros conocidos llegados de todo el mundo. La responsable de este desparrame barroco es la veneciana de padre alemán Antonia Sautter.
Diseñadora de vestuario y estilista, esta empresaria, famosa por organizar las mejores galas venecianas, no sólo se encarga hasta el más mínimo detalle de la decoración y actuaciones, sino que en su coqueto taller escondido en las callejuelas venecianas se pueden alquilar o comprar los mejores disfraces cosidos a mano con los que acudir al evento.
Actuaciones circenses, música, baile y muchísimos candelabros amenizan una cena en la que los invitados se sienten por unas horas como Casanova y Henriette. Eso sí, siempre con máscara, el anonimato está asegurado.
Fuente: expansion






