Alarmante resultado de un estudio: uno de cada cuatro adolescentes participó al menos de un reto viral en el último año

Investigadores de la Universidad Austral advierten por los peligros físicos y de salud mental a los que se exponen en estos desafíos

Hace apenas unos dos meses, los desafíos virales que alentaban a escribir algún tipo de amenaza de tiroteo en las escuelas sacudió al sistema educativo argentino, sobre todo después de la tragedia ocurrida en San Cristóbal, Santa Fe, donde un chico ingresó al colegio con un arma, abrió fuego contra sus compañeros y mató a un alumno de primer año. Los mensajes que anunciaban que habría un ataque en los días siguientes proliferaron y obligaron a suspender clases y desarrollar operativos, que incluyeron pedirles a los estudiantes que concurrieran sin mochila y derivaron en algunos casos en allanamientos a los domicilios de los chicos involucrados en las intimidaciones. Los casos pararon drásticamente cuando las autoridades de distintos distritos definieron trasladar a los padres el gasto del despliegue de seguridad.

Ahora, un estudio impulsado por investigadores de la Universidad Austral entre más de 800 adolescentes argentinos señala que uno de cada cuatro participó al menos de un reto viral durante el último año. Esa conducta, según apuntan los investigadores, se asocia con mayores niveles de adicción digital y se relaciona con un uso problemático de redes sociales e internet. El informe advierte que algunos de estos desafíos pueden implicar riesgos físicos, psicológicos y sociales, incluyendo prácticas peligrosas como la privación extrema del sueño o las autolesiones.

La investigación fue publicada recientemente en la prestigiosa revista científica internacional Youth & Society. Los resultados muestran que los retos virales forman parte de la experiencia cotidiana de una proporción significativa de adolescentes.

Según informaron las autoridades de TikTok, en la Argentina en el último trimestre de 2024 el equipo de Seguridad y Confianza eliminó casi 700.000 videos por violación general de las normas de esa comunidad: muchos de ellos eran retos virales peligrosos. A nivel global fueron un poco más de 150 millones de videos. Son el 0,7% del total de videos que se subieron a TikTok en ese período, se informó. Aun así, muchos desafíos logran traspasar la barrera de la moderación del algoritmo y de la moderación humana.

El estudio de la Universidad Austral fue realizado a partir de entrevistas con 848 chicos argentinos de entre 11 y 17 años y no solo advierte sobre la incidencia de estas prácticas, sino que también encendió un alerta ya que detectó asociaciones significativas entre la participación en retos virales en redes sociales y mayores niveles de adicción digital, especialmente vinculados al uso problemático de Instagram e internet.

El estudio de la Universidad Austral fue realizado a partir de entrevistas con 848 chicos argentinos de entre 11 y 17 años
El estudio de la Universidad Austral fue realizado a partir de entrevistas con 848 chicos argentinos de entre 11 y 17 añosShutterstock

Según se lee en los resultados, “el 14% de los encuestados afirmó haber realizado uno o dos retos virales durante el último año, el 5% participó en tres o cuatro desafíos y el 6% aseguró haber realizado cinco o más. En conjunto, uno de cada cuatro adolescentes reportó haber participado en al menos un reto viral durante los últimos doce meses”.

“Esto no implica que todos los retos virales son negativos o peligrosos. Sin embargo, algunos pueden afectar nocivamente la salud física y mental”, apunta Santiago Resett, investigador independiente del Conicet-Universidad Austral y docente de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Resett cita algunos ejemplos de retos que surgieron en las respuestas de los adolescentes: “El tratar de pasar la mayor cantidad de tiempo sin dormir o autosofocarse para quedar inconscientes. Hubo chicos y adolescentes que han fallecido por este motivo”, comenta. Hay otro dato que también llamó la atención de los investigadores: el 11% dijo que le gusta que otras personas lo imiten y también realicen el desafío que compartió, mientras que el 6% señaló que disfruta hacer retos virales con otras personas para sentirse parte de un grupo.

Detrás de los retos aparece, afirma Resett en diálogo con LA NACIONla necesidad de aprobación social, una manera de sentirse aceptados. “Los motivos sociales están detrás de los retos, el no quedarse afuera del grupo. nos llamó la atención la poca conciencia del riesgo que hay tanto entre los adolescentes como entre sus padres sobre lo que implica esto», sostiene.

El especialista continúa: “Pero aunque el reto no sea peligroso, genera una sobreexposición digital en personas menores de edad, que comparten allí mucha información personal. En la investigación encontramos que hay una correlación las probabilidades de hacer un uso compulsivo de redes y de sufrir acoso virtual, ciberbullying, grooming, entre otros males de la vida digital. Encontramos que era muy probable que quien padecía uno de estos problemas, también estuviera atravesando los otros. Porque la sobreexposición digital va aumentando las chances de hacer un uso problemático de las redes sociales”.

No es el uso de la red social en sí, explica Resett. “Hay adolescentes que ya presentan alguna vulnerabilidad: o son muy desinhibidos, buscadores de sensaciones, o todo lo contrario, tímidos, retraídos, pero mediante el celular y las redes sociales encuentran un lugar para exponerse”, detalla.

El trabajo analizó conductas vinculadas a plataformas como TikTok, Instagram, YouTube y WhatsApp, donde los llamados retos virales se expanden rápidamente entre adolescentes.

Detrás de los retos aparece la necesidad de aprobación social, una manera de sentirse aceptados
Detrás de los retos aparece la necesidad de aprobación social, una manera de sentirse aceptadosShutterstock – Shutterstock

Algunos desafíos consisten en grabarse realizando determinadas acciones y compartirlas en redes para que otros usuarios las imiten. El objetivo de todos es volverse virales y lograr, de alguna forma, una popularidad digital y una aceptación social.

“Más que prohibir las nuevas tecnologías o dar sermones moralizantes a los adolescentes, se debe trabajar desde la reflexión y enseñar a pensar en las consecuencias de las acciones”, sugiere Resett. En ese sentido, insiste en que resulta llamativo el bajo el nivel de involucramiento de los padres. “Es muy de los adolescentes no ver el peligro y, mucho menos, el peligro de la sobreexposición. El adolescente actual tiene un nuevo egocentrismo, desde el que dice ‘A mí no me pasa nada’. Por eso es tan importante que las escuelas y las familias se involucren”, agrega.

Correlaciones

En términos estadísticos, el estudio detectó una correlación alta entre la motivación social para participar en desafíos virales y los problemas asociados al uso excesivo de internet. “Cuanto más importante es para los adolescentes participar de estos retos para sentirse incluidos o aceptados por sus pares, es altamente probable que también experimenten mayores dificultades vinculadas al uso compulsivo de internet», describió.

Además, el trabajo halló una correlación alta entre la satisfacción generada por los retos virales y la adicción a Instagram. Es decir, los adolescentes que más disfrutaban participar en estos desafíos tendían con mayor frecuencia a presentar también un uso problemático de esa red social.

El estudio identificó dos factores principales detrás de este fenómeno: la satisfacción personal que generan los desafíos virales y la motivación social o presión del grupo de pares para participar. Entre los riesgos físicos detectados, se enumeran los vinculados a autolesiones, privación del sueño o conductas de riesgo difundidas masivamente en redes sociales.

El trabajo también destaca el fuerte nivel de penetración de las plataformas digitales entre los chicos argentinos. Según datos citados en el estudio, YouTube tiene una presencia del 95% entre adolescentes y jóvenes; TikTok, del 67%, e Instagram, del 62%. “Muchas investigaciones indican que estas dos plataformas son sumamente adictivas, en comparación con otras, como Facebook”, suma el investigador de la Universidad Austral. “En cambio, fortalecer el pensamiento crítico digital y promover un uso más responsable de las redes sociales resulta clave para prevenir conductas de riesgo asociadas a los desafíos virales”, concluye Resett.

Fuente: Evangelina Himitian, La Nación