El documental sobre Borges: cinco horas y media de cine obsesivo, lúdico y literario

Biografía de Jorge Luis Borges es una de las experiencias cinematográficas del año. ¿Quién decide cuándo una película es demasiado larga?

¿Cuánto debe durar una película? Mariano Llinás, gran director pero también creador y performer que maneja con inteligencia la comunicación, vuelve a poner en el tapete este interrogante. 

Se hablará mucho sobre los 330 minutos de su Biografía de Jorge Luis Borges. Posiblemente quienes más lo hagan sean los que no se dieron la oportunidad de rascar un poco bajo la superficie, desoír la cómoda cantinela que solo se queda en eso y dejarse llevar por esta nueva película-río que nos propone el realizador de la también monumental Historias extraordinarias.

Acercarse a la figura de Borges podía hacer pensar en el riesgo del excesivo respeto, del peso del bronce. Sin embargo, lo que encontramos son cinco horas y media de cine puro. Cine lúdico, obsesivo y, pertinente y paradójicamente, rabiosamente literario.

La película parte de la paradoja (típicamente borgeana) de la materia como fantasma. Contratado inicialmente para registrar una colección privada de objetos del escritor, el cineasta y el colectivo El Pampero Cine transforman lo que podría haber sido un catálogo institucional en una cacería fantasmática.

Mariano Llinás, el realizados de la película sobre Borges
Mariano Llinás, el realizados de la película sobre Borges

La película esquiva la tentación de las «cabezas parlantes» de tantos documentales y decide hacer hablar a los objetos. Son las primeras ediciones, los manuscritos con esa caligrafía milimétrica de insecto, las cartas amarillentas y los espacios físicos (sus casas en Buenos Aires, el departamento de Bioy, Adrogué, Uruguay, Ginebra, Islandia, Texas y muchos otros) los que articulan el relato. Relato de una biografía posible, o de varias, uno siente que Llinás «va encontrando» la película mientras la hace. 

El arte como producto inacabado, incompleto, en permanente formación. El punto está en el acento, el modo, el encuadre, la cadencia. Una nota al pie puede dar lugar a otra historia (u otra versión de ella), un error de tipeo puede dar vida a un nuevo personaje.

Los libros, las letras son protagonistas. Vemos las hojas de los libros abrirse y correr ante nuestros ojos. Vemos un lápiz afilado con navaja subrayar lo que escuchamos en la siempre atrapante letanía que recita Llinás. Leemos, a través de la ampliación que permite una lupa, los detalles sobre los cuales se nos invita a prestar atención. 

Esa materialidad abre las puertas a lo fantástico y, a medida que transcurre el metraje (ello resulta más evidente en las partes II y III), la película se permite desvíos más evidentes, más divertidamente arbitrarios. Es una película mutante en la que el protagonista que va ganando terreno es una especie de monstruo bifronte conformado por Borges y Llinás (no es spoiler, pero algo de esto hay específicamente sobre el final).

Road movie, película de archivo y de investigación, pero también de misterio y hasta fantástica, el drama familiar y la política (en particular, las polémicas en que se sumergió Borges durante los años setenta) también forman parte de su sustancia. 

La reiteración con ligeras variaciones, la puesta en abismo y la escenificación del proceso creativo son tan inteligentes como creativas. Es una película que disfrutará especialmente el conocedor de la obra de Borges, pero como buena película que es, también quien, llevado por la intriga, descubra (o profundice en) su obra a través de su visión.

Biografía de Jorge Luis Borges es una de las experiencias cinematográficas del año. ¿Quién decide cuándo una película es demasiado larga? En este caso, como en los desmesurados mapas que imaginaba Borges, podríamos habernos quedado viendo una proyección que, para retratar una vida, durase exactamente lo que esa vida. Último aviso para los ansiosos y a los que desvela la duración de las películas: ¡Sí, además, hay una escena poscréditos!

Fuente: BAE