El particular deporte que se multiplica en la ciudad de Buenos Aires

Torneos profesionales, bares de aficionados, canchas en plazas y films recientes enmarcan la fascinación por este deporte

De un tiempo a esta parte, el juego cobró protagonismo en formatos variados en la ciudad, con bares, centros culturales y clubes que ofrecen distintas propuestas donde el tenis de mesa, conocido por muchos como ping pong, ocupa el centro de la escena.

El boom se observa en espacios públicos, como las mesas situadas en toda la Ciudad de Buenos Aires, pero también en torneos amateur y profesionales (este mes se realizó el Campeonato Argentino de Ping Pong en el Parque Olímpico). Hay, además, ciertos guiños a la cultura pop, como Marty Supreme, la película nominada al Oscar protagonizada por Timothée Chalamet en la piel del legendario jugador Marty Reisman, que introdujo y romantizó el deporte para las nuevas generaciones.

Así, lugares de barrio tradicionales como el Club Atlanta ofrecen clases hasta para niños, y espacios históricos como el Café San Bernardo, un ícono de Villa Crespo, inauguraron clases de ping pong llamadas “Clases Supremas” en referencia al film. En el bar notable, donde se puede jugar por horas durante el horario del café, también se realizan torneos dos jueves al mes (individuales y en pareja), y hay profesores que son parte de la selección argentina o certificados internacionalmente que enseñan al público.

Torneo de ping pong en el club Atlanta
Torneo de ping pong en el club Atlanta

Hobbie vs. deporte

Otras novedades incluyen bares como el Bar Ping Pong, el primer bar de tenis de mesa 100% automatizado de la región, donde los fanáticos reservan mediante una app, les llega un código por WhatsApp y con ese dato ingresan al local para jugar. Sus dueños, Nicolás Cañeque y Ana Repetto, arrancaron con la idea en 2021 en medio de la pandemia y luego del éxito abrieron dos locales más. Hoy cuentan con sucursales en Belgrano, Núñez y Parque Chas (este último es un centro de entrenamiento de alto rendimiento deportivo con ocho mesas de nivel internacional y un hospedaje para atletas). Su apuesta por el crecimiento del deporte a nivel nacional se completa con acuerdos con Universidades como Torcuato Di Tella o Belgrano con mesas para que los alumnos jueguen y en el Washington School en el barrio de Belgrano. “También llevamos adelante un taller de ping pong en la unidad 48 de Florencio Varela donde más de 30 personas privadas de su libertad practican ping pong”.

El bar ping pong, uno de los más novedosos
El bar ping pong, uno de los más novedosos

Sin embargo, Cañeque hace una distinción clave. “Lo que ha crecido en los últimos cinco años no es el tenis de mesa, es el ping pong. La diferencia es tema de debate entre los fanáticos. El deporte olímpico es el tenis de mesa, se le dice ping pong, en forma amateur. El que practica tenis de mesa usualmente está afiliado a un club o federación y compite, mientras tanto el “pimponero” es una persona más relajada. La mayoría, por ejemplo, juega a 21, pero el tenis de mesa se juega a 11 puntos”.

Cañeque estima que el promedio de edad de los jugadores profesionales es de 35 años (90% hombres y 10% mujeres), mientras que por el lado amateur el rango de edades es más amplio y hay más mujeres. También considera que el barrio con más clubes de tenis de mesa es Villa Crespo, con seis clubes y un bar.

“Tenes mucha variedad de personas y edades ya que nuestra propuesta también es diversa. Al contar con profesores que dan clases dentro del bar vienen personas que entrenan, y otras que son amateurs y vienen a iniciarse. Durante el horario y jugando por horas hay gente de 25 a 40 años que viene con amigos, y de paso a quedarse y tomar o comer algo. Vienen familias con chicos. Hay gente mayor que tomó el ping pong como una actividad que les ayuda en su movilidad y pueden realizarla sin riesgos; hay casos de abuelos que vienen con sus hijos o nietos. También es un juego inclusivo, ya que lo puede practicar gente con alguna discapacidad”, explican desde el “Sanber”, como se llama cariñosamente al Café San Bernardo.

Los encuentros intergeneracionales son parte del fenómeno, y hay personas que terminan haciéndose fans del ping pong, o sitios especializados para competidores profesionales. Lo que es claro es que la tendencia se consolida más como fenómeno social, cultural y deportivo que como moda pasajera.

Fuente: Laura Marajofsky, La Nación