“Esta locura no la traten de entender, no tiene cura, se lleva en la piel”. La frase pertenece a “Pa’ la Selección”, el tema del dúo de cumbia La T y La M que se convirtió en uno de los grandes himnos de los hinchas argentinos durante el Mundial de Qatar y que todavía resuena en las tribunas y en la previa de cada partido de la Scaloneta. Pero la idea de llevar algo “en la piel” no sólo atraviesa la pasión de los fanáticos: también define a los propios campeones del mundo.
Detrás de cada tatuaje de la Selección Argentina hay una historia. Una fecha imposible de olvidar, el nombre de un hijo, una imagen religiosa, un trofeo, un animal asociado a la fuerza o una frase que funciona como mantra personal. Lejos de ser simples adornos corporales, los tatuajes de los futbolistas argentinos revelan cómo construyen su identidad, qué consideran sagrado y cuáles son los vínculos, creencias y aspiraciones que organizan sus vidas.
Esa es la principal conclusión de “Tatuajes de selección: lo sagrado, religioso y secular”, un trabajo de investigación elaborado por el sociólogo y docente del Boston College, Gustavo Morello, junto a Lucas Keller Sarmiento, Alejo Pisoni, Diego Ríos Bru y Lucas Beyer. El estudio analizó 196 fotografías públicas de los 26 jugadores que integraron la Selección Argentina en el Mundial de Qatar 2022 y catalogó un total de 226 tatuajes distintos.

La investigación propone una lectura sociológica de los cuerpos de los futbolistas y sostiene que, en una profesión extremadamente regulada y controlada, los tatuajes se convierten en uno de los pocos espacios de libertad personal. Allí, dicen los autores, los jugadores expresan aquello que verdaderamente aman, veneran, temen o desean ser.
“El fútbol profesional regula casi todos los aspectos de la vida del jugador: su alimentación, sus horarios, sus contratos, sus redes sociales e incluso sus actividades recreativas. En ese contexto, los tatuajes aparecen como una de las pocas decisiones completamente propias sobre el cuerpo”, plantea el informe.
Un mapa emocional grabado en la piel
Los investigadores partieron de una idea simple pero potente: los cuerpos hablan. Y en el caso de los deportistas de élite, hablan todavía más. Años de entrenamiento, lesiones, operaciones, triunfos y frustraciones quedan registrados físicamente. Los tatuajes también forman parte de ese relato.
Así luce la espalda de Nicolás Otamendi, quien decidió tatuarse al protagonista de su serie favorita «Prison Break»
Para realizar el trabajo, el equipo recopiló imágenes públicas de los futbolistas tomadas hasta el 18 de diciembre de 2022, día de la consagración argentina en Qatar. Nunca tuvieron acceso directo a los jugadores de la Scaloneta, por lo que reconstruyeron la información a partir de fotografías, entrevistas periodísticas, redes sociales y declaraciones públicas.
El análisis permitió detectar que 20 de los 26 campeones del mundo tenían tatuajes visibles al momento del Mundial. En total, fueron identificados 226 diseños diferentes.
Los investigadores clasificaron esos tatuajes en cuatro grandes categorías: religiosos, familiares, profesionales y aspiracionales. Según explican, esas cuatro dimensiones funcionan como los “sagrados” que estructuran la vida de los futbolistas.

La religión sigue ocupando un lugar central
El relevamiento destaca que 15 jugadores de la Selección tienen al menos un tatuaje religioso. Entre los diseños más repetidos aparecen imágenes de Jesucristo, la Virgen María, cruces, rosarios, ángeles y santos populares como el Gauchito Gil y San Expedito. También surgieron símbolos de otras tradiciones espirituales, como Budas y atrapasueños.
El estudio sostiene que, lejos de confirmar una supuesta secularización de la sociedad latinoamericana, los tatuajes muestran una persistencia de lo religioso en nuevas formas. Los autores hablan de una “modernidad encantada”, donde conviven símbolos católicos tradicionales con elementos espirituales contemporáneos y referencias seculares.
“La religión no desaparece, sino que se transforma y se mezcla con otros sistemas de sentido”, concluyen.
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Lionel Messi también luce tatuajes en sus piernas
La presencia religiosa, además, tiene particularidades propias de la cultura latinoamericana. A diferencia de deportistas estadounidenses, donde abundan las citas bíblicas textuales, en los argentinos predominan las imágenes devocionales: rostros de Cristo, vírgenes adornadas con flores y símbolos populares de protección.
Los nombres que los jugadores llevan para siempre
Pero la fe no es el único elemento que los futbolistas llevan grabado en la piel. Los vínculos afectivos ocupan otro lugar fundamental. Dieciséis jugadores tenían tatuajes dedicados a seres queridos: hijos, parejas, padres, abuelos, hermanos e incluso mascotas.
Thiago Almada y Lautaro Martínez muestran sus tatuajes en los brazos. Thiago, por ejemplo, se grabó a la cara de Jesucristo en la parte superior izquierda
Los nombres y fechas son los diseños más repetidos. En muchos casos, las inscripciones corresponden a figuras familiares que marcaron profundamente la vida de los jugadores. Según el estudio, esto demuestra que la idea de familia en el universo futbolístico excede al núcleo tradicional y abarca redes afectivas más amplias.
“El cuerpo se convierte en una memoria emocional permanente”, remarcan los autores.
El fútbol como parte de lo sagrado
La carrera profesional también aparece como un territorio sagrado. Quince futbolistas tenían tatuajes vinculados al fútbol: camisetas, balones, escudos de clubes, trofeos y números asociados a dorsales históricos.
Los investigadores observaron que esos tatuajes suelen ser más pequeños y discretos que los religiosos o familiares, pero tienen una fuerte carga simbólica. En muchos casos están ubicados sobre la pierna dominante del jugador, como una forma de unir identidad profesional y herramienta de trabajo.
Rodrigo De Paul es uno de los que más tatuajes tiene
Las referencias a la Copa América también aparecen en varios tatuajes, aunque curiosamente no encontraron símbolos patrióticos ni nacionalistas. No hay banderas argentinas, escudos nacionales ni referencias políticas explícitas.
Ese dato llamó especialmente la atención de los investigadores porque rompe con una tradición histórica del fútbol argentino. Diego Maradona, por ejemplo, llevaba tatuajes del Che Guevara y Fidel Castro, mientras que en otros países muchos deportistas exhiben símbolos nacionales o mensajes políticos.
En cambio, en esta generación de futbolistas argentinos, la política prácticamente no aparece.
“Los tatuajes sugieren que la política tiene una importancia menor para este grupo de la que tuvo para generaciones anteriores”, sostiene el trabajo.
Enzo Fernández también optó por tatuarse los ante brazos y el cuello
La ausencia de Maradona en los tatuajes
Otro dato llamativo es la ausencia total de homenajes a Diego Maradona. Ninguno de los campeones del mundo tenía tatuado al ídolo argentino, algo que contrasta con el debate público permanente sobre su figura.
En el caso del fútbol femenino, el informe recuerda el episodio protagonizado por Yamila Rodríguez durante el Mundial 2023. La jugadora fue cuestionada en redes sociales y medios argentinos por tener tatuado a Cristiano Ronaldo y no a Lionel Messi. Para los investigadores, ese caso expone cómo las mujeres deportistas enfrentan una presión social distinta respecto a sus cuerpos y decisiones personales.
“Mientras las futbolistas son constantemente evaluadas por sus tatuajes, los hombres prácticamente no reciben cuestionamientos”, plantean.
Los tatuajes aspiracionales: fuerza, coraje y resiliencia
La categoría más amplia identificada por el estudio es la de los tatuajes “aspiracionales”. Dieciséis jugadores tenían diseños vinculados a valores personales, ideales o características que desean representar.
Allí aparecen relojes, brújulas, faros, coronas, frases motivacionales y animales asociados a la fuerza o el liderazgo, como leones, tigres, águilas, elefantes y lobos.
Nicolás Otamendi, en plena sesión de tatuajes
Los autores interpretan esos tatuajes como representaciones simbólicas de la personalidad que los jugadores buscan construir o proyectar. La resiliencia, la valentía, el coraje y la perseverancia son conceptos que aparecen repetidamente.
“Los tatuajes aspiracionales funcionan como recordatorios permanentes de aquello que el jugador quiere ser”, explica el informe.
Qué zonas del cuerpo eligen los futbolistas
El estudio también analizó la ubicación corporal de los tatuajes y concluyó que la distribución no es casual. Para eso, los investigadores elaboraron un “mapa de tatuajes” utilizando criterios similares a los empleados en medicina para medir quemaduras corporales.
Descubrieron que casi el 60% de los tatuajes se concentra en brazos y antebrazos, justamente las zonas más visibles durante los partidos y transmisiones televisivas.
Leandro Parejas tiene mangas completas en sus dos brazos
Los tatuajes en antebrazos, particularmente, suelen estar orientados hacia el propio jugador, funcionando como recordatorios personales. En cambio, los diseños en piernas y pantorrillas tienen una visibilidad más intermitente.
La espalda, el torso y zonas íntimas presentan mucha menor cantidad de tinta, a pesar de representar una mayor superficie corporal. Para los autores, esto demuestra que la audiencia importa: los jugadores piensan quién verá esos mensajes.
Además, detectaron que muchos futbolistas tienden a tatuarse más sobre el lado dominante del cuerpo, reforzando el vínculo entre identidad y desempeño deportivo.
Una autobiografía visual en tiempos de hipercontrol
La investigación también contextualiza el fenómeno dentro del crecimiento global de los tatuajes en el fútbol. Estudios previos indican que el 34% de los jugadores del Mundial Rusia 2018 tenía tatuajes visibles. Entre los sudamericanos, la cifra ascendía al 53%.
En algunos casos, la ausencia de tatuajes se volvió incluso una rareza mediática. Cristiano Ronaldo, por ejemplo, suele ser mencionado por no tener ninguno.
Los autores sostienen que los tatuajes cumplen una función identitaria particularmente fuerte en los futbolistas contemporáneos, cuya imagen pública está fuertemente administrada por clubes, sponsors y agencias de marketing.
Muchos jugadores, explican, no pueden expresarse libremente en redes sociales, tienen contratos sobre el uso de su imagen y viven bajo estrictos controles físicos y emocionales.
En ese marco, la piel se transforma en un espacio de autonomía.
El Cuti Romeri tiene tatuados su brazo y pierna derechas
“Los cuerpos de los futbolistas no son solamente activos económicos administrados por clubes y representantes. Los tatuajes muestran que los jugadores todavía reivindican cierto control sobre sí mismos”, concluye el trabajo.
Lejos de ser un detalle superficial, los tatuajes aparecen así como una autobiografía visual. Una narrativa silenciosa donde cada imagen funciona como una marca de sentido.
A través de la tinta, los campeones del mundo cuentan quiénes aman, en qué creen, qué los inspira y qué recuerdos quieren conservar para siempre.
Fuente: Infobae

