Ubicado en la localidad de Marcos Paz, a casi cincuenta kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, el predio de más de 700 hectáreas abrió a principios del siglo XX como un reformatorio disciplinario, destinado a varones de entre 8 y 18 años. Sin embargo, en la década de 1920 se transformó en una colonia-hogar que llegó a albergar hasta 800 niños: la Colonia Hogar “Ricardo Gutiérrez”.
La institución, de la que muchos vecinos todavía sienten orgullo, funcionó hasta el año 2000. Desde su cierre, el predio se convirtió en un espacio socioeducativo abierto a la comunidad. Sin embargo, hoy muchos de sus edificios históricos están en estado de deterioro y algunos sectores se encuentran abandonados.

“La colonia fue algo espectacular que marcó la vida de muchas personas”, dice Walter Demedici, de 64 años, nacido allí y, actualmente, vecino de General Rodríguez. “Muchas personas fueron bendecidas con esa colonia porque salió gente que después pudo trabajar, que formó una familia, que formó una vida. Fue una mano sanadora para un montón de almas que no tenían padre ni madre, que vivían en la calle. Los internaban allí y crecían como gente de bien”, añade. Cuenta que se procuraba darles un oficio y por eso había una gran cantidad de talleres.
Originalmente, el predio perteneció a una antigua estancia de cría de vacunos llamada “La Laura”, que era propiedad del general Francisco Basiliano Bosch, cuya casa principal se edificó entre 1880 y 1890. En 1903, el Estado Nacional adquirió los terrenos y el 12 de octubre de 1904, bajo el gobierno de Julio Argentino Roca, abrió sus puertas el reformatorio de menores varones.

Su propósito inicial era alojar a niños desamparados, huérfanos o judicializados, pero el régimen era muy duro y disciplinario, y funcionaba en grandes pabellones de tipo carcelario. Por allí pasó entre 1908 y diciembre de 1911, Cayetano Santos Godino, conocido como “El Petiso Orejudo”, uno de los asesinos seriales más recordados de nuestro país.
Una pequeña ciudad
La Colonia de Menores fue creada por encargo del ministro de Justicia e Instrucción Pública Joaquín V. González a Alberto Meyer Arana, médico y miembro de la Comisión Directiva del Patronato de la Infancia. Este tomó el modelo de las experiencias francesas de asistencia, un sistema de colonias agrícolas aisladas basado en el trabajo organizado como brazo moralizador. Para las edificaciones se optó por una arquitectura sencilla y pintoresca.

El proyecto arquitectónico de la colonia comenzó en 1905. Entre 1914 y 1919 se construyeron los pabellones y el chalet del subdirector, explica Sergio López Martínez en el libro Patrimonio Arquitectónico Argentino, Memoria del Bicentenario (1810-2010).
“Su objetivo era dar alojamiento a chicos abandonados, huérfanos y también a aquellos que habían cometido alguna falta y necesitaban un régimen disciplinario”, explica Patricia Demedici, de 58 años. Tanto ella como su hermano Walter tienen muchos recuerdos de la colonia y aseguran que forma parte de su vida. “Nuestro abuelo trabajaba allí y en 1933 nació en el lugar nuestro padre, Teodoro Segundo Demedici. Él vivió en la colonia hasta los 18 años en una casa que estaba cerca del arroyo, en la entrada de la colonia con sus padres y cuatro hermanos”, detalla Walter.

Teodoro aprendió el oficio de herrero y, destacan sus hijos, tuvo una infancia y una adolescencia muy felices. “Crió muchos animales, cuidó de su caballo, que lo llevaba a la escuela todos los días y conoció a mucha gente que pasó por allí”, añade Patricia. Uno de sus hermanos, Juan Demedici, llegó a ser director de la colonia. “Mi tío, hijo de empleado analfabeto, como era mi abuelo, estudió y se preparó y fue director de la colonia. Fue un orgullo para toda la familia. En los ochenta, quiso dejar la colonia como cuando él la conoció en la década del 40 y del 50, pero las políticas no lo dejaron”, dice.
La mejor época tuvo lugar a partir del gran cambio que se dio en la década de 1920, cuando el establecimiento fue reorganizado y renombrado como Colonia Dr. Ricardo Gutiérrez, en honor al célebre médico pediatra. Fue en ese momento que se cambió el duro sistema carcelario por una lógica de “casas hogares”, y la colonia afianzó el vínculo con la comunidad. Todo estaba muy bien organizado y funcionaba como una “mini ciudad”.
Desde una escobería hasta una banda de música
Patricia recuerda que dentro del predio había una escuela primaria y distintos talleres como zapatería, escobería, cerámica y baldosería, carpintería, herrería, sastrería, imprenta, agricultura y huerta. “Además tenía una sala de cine propia, muy linda, una banda de música de más de cien integrantes; una biblioteca, una iglesia, un área de salud y vivienda con dormitorios para más de 800 chicos”, señala. También había una lavandería, tenía su propia usina eléctrica y granja para abastecimiento, panadería, carnicería, entre otros. Con respecto a la iglesia, se empezó a construir en 1935, bajo la dirección del arquitecto Arturo Ochoa, y el altar, los mosaicos y la carpintería fueron elaborados por los mismos internos.

Durante mucho tiempo, fue un lugar autosuficiente donde los jóvenes estudiaban y trabajaban, producían sus propios alimentos y también ropa, calzado, muebles que abastecían a la colonia y al pueblo. Creció allí Juan Carlos Zavala, quien obtuvo la primera medalla dorada en atletismo para Argentina, en los Juegos Olímpicos en Los Ángeles en 1932.
“Mi infancia en la colonia fue muy linda, recuerdo que papá nos llevaba a visitar a mi tío”, relata Patricia. “Había mucho verde, veredas anchas, zanjas profundas y canteros con calas blancas. Corríamos y nos gustaba visitar la capilla y recorrer la casa del director, que era enorme”, rememora.
Futuro incierto
Patricia Foigelman recuerda haber conocido la colonia en 1977, cuando estuvo en un campamento de estudios. “Era un lugar bello. Había edificios hermosos en distintos sectores; nosotros acampamos cerca del arroyo, donde había una pequeña casilla de material abandonada que se habilitó como cocina. Llovió casi todo el tiempo. Para una actividad nos prestaron una de las casas vacías. Su techo era alto, tenía un salón grande donde nos ubicamos, había habitaciones y un sector con tres cuartos con rejas, tipo cárcel”, cuenta. Recuerda que era un gran predio amplio, lleno de árboles y muy tranquilo.

“La película argentina Mañana serán hombres (1979) cuenta la historia de ese lugar. La idea era de casas con un matrimonio a cargo de un grupo de niños o jóvenes, para crear la idea de familia”, dice.
“Deteriorado y abandonado”
Sobre la actualidad, Demedici asegura que funcionó como colonia hogar hasta el año 2000 y luego se convirtió en un espacio socioeducativo abierto a la comunidad. “Ahora el predio se llama Espacio Colonia Gutiérrez y depende del Ministerio de Desarrollo Social”, añade. Las dependencias actuales están destinadas a talleres y actividades comunitarias, culturales y artísticas. También se realizan recorridos históricos. Sin embargo, advierte que, si bien era visitada por escuelas e instituciones o por el público en general, permanece cerrada desde hace unos meses.
En cuanto al estado de conservación, asegura que hay dependencias que están mantenidas, como la iglesia, la panadería y el cine teatro, mientras que otras quedaron en estado de abandono. “El hospital, los talleres y las casas hogares están muy deteriorados y abandonados, y es una pena porque es un patrimonio muy significativo para el pueblo”, advierte.

En marzo del año pasado, el Concejo Deliberante de Marcos Paz, mediante la Resolución N° 007/2025, manifestó su preocupación por la continuidad y el funcionamiento del lugar. El escrito destacaba el valor cultural que tiene para la comunidad y la importancia de su conservación. El texto subrayaba que desde 2011 funciona en el predio la escuela secundaria agraria N° 1 de Marcos Paz, que desde su creación hasta la actualidad utiliza los terrenos y la estructura edilicia del antiguo pabellón Alberdi. Además, la colonia recibe a miles de niños y adolescentes de todas las clases sociales (unos 36.000 en 2024).

“Ante el abandono por parte del Gobierno nacional en este último año, eran los trabajadores quienes mantenían instalaciones, talleres, meriendas y almuerzos para que quienes participaban de las jornadas puedan hacerlo en condiciones dignas”, advertía el texto. Y cerraba acentuando su relevancia: “El espacio de promoción de derechos Colonia Ricardo Gutiérrez, forma parte de nuestra historia y de la de miles de niños y jóvenes que allí crecieron y luego eligieron Marcos Paz para armar sus familias y desarrollar sus proyectos de vida”.
Fuente: Silvina Vitale, La Nación

