Funciona como puerta de entrada a la lectura para los más chicos.
“En las editoriales del sector está apareciendo más: hay editoriales de historieta para público adulto que están sumando títulos sueltos para el público infantil o sumando colecciones”, observa Grisel Pires dos Barros. Especialista en literatura e historieta para infancias, Grisel tiene una mirada transversal del sector. Y no se queda sólo con la colección que dirige dentro de Maten al Mensajero (“Grandes historietitas”, que comparte sello junto a “Aventuras de otro barrio”, que coordina Daniel Ruggieri). Al contrario, abre el juego y empieza una enumeración que se celebra por la extensa: “Musarañita sigue sumando títulos, Comiks Debris sigue con su trayectoria, Editorial Común, Libros del Zorzal viene publicando varias colecciones de historieta francobelga clásica y ahora está incorporando otros títulos, y hay varias editoriales del ámbito de la literatura infantil y juvenil que antes no publicaban y que empezaron a sumar títulos de historieta, como Muchas Nueces, Libros del Zorro Rojo, Calibroscopio, Fondo de Cultura Económica, etcétera”, destaca. A la lista bien pueden sumarse los grandes conglomerados internacionales como Penguin House Mondadori o Grupo Planeta, que recorren todo el arco desde primeras infancias hasta adolescencia con propuestas diversas (que incluyen una buena cuota de manga, de licencias japonesas).
“En general, el ámbito de la literatura infantil y juvenil está mirando con otros ojos a la historieta, a punto tal de que hace algunos años la Feria de Bologna incorporó a sus premios Bologna Ragazzi Awards la categoría de Comics, después de unos 60 años de premios… (y en la primera edición en que lo otorgaron premiaron Escrito y dibujado por Enriqueta, de Liniers). Este año estuvo invitado allá Marcelo Danza con su editorial”, completa el panorama.

Efectivamente, basta revisar las bateas o acercarse a un festival de historieta para advertir que, si hace 15, 20 años costaba encontrar variedad de títulos, ahora la oferta de lectura es mucho más generosa, apunta a infancias más diversas y con un mayor rango de edad, incluso dentro de los propios sellos.
El ilustrador y humorista gráfico Liniers tiene desde hace años la Editorial Común, cuyo funcionamiento sostiene aún viviendo en Estados Unidos. Y aunque originalmente el sello apuntaba más a lectores adultos, lentamente fue reorientando su catálogo a la historieta para infancias. Consultado por Página/12, recuerda un momento crucial con Francoise Mouly, de Toon Books (e histórica compañera de Art Spiegelman). “Ella me contaba que en los en los ’90 y en los 2000 todos se habían olvidado de hacer historietas para niños. Estaban tan concentrados en la novela gráfica adulta y que Daniel Clowes esto, y que lo otro, y que Toon Books era volver a eso”, rememora. “Nosotros redirigimos la Editorial Común hacia primeros o nuevos lectores”.

El movimiento es internacional pero se ve fuerte en el mercado argentino. Y los editores en general coinciden: no es difícil encontrar material. “En una época en la que tal vez no es tan fácil que los chicos le dediquen tiempo a la lectura, la historieta es una muy buena entrada para ellos, se enganchan y se divierten, siguen a los autores que les gustan y buscan ir completando las colecciones”, reflexiona Carolina Uribe, coordinadora general de Libros del Zorzal. El histórico sello pisa fuerte desde hace algunos años con la incorporación de los inoxidables títulos francobelgas a su catálogo: Astérix, Lucky Luke, Iznogoud, y desde hace poco, las aventuras del Lobo en Calzoncillos, un título de muy buen pasar en el ultracompetitivo mercado francófono.
“A diferencia de lo que sucedía hace más de 40 años, en la actualidad se observan muchas más propuestas de historieta pensadas para primeros lectores (ese rango de edad que va desde los 5 a los 7 años aproximadamente)”, comenta César da Col, referente de larga data del circuito por su rol en el movimiento Banda Dibujada, que incentiva hace casi dos décadas la lectura de historieta para niños y adolescentes, su incorporación a los colegios y su publicación en formato libro. “Si sumamos las tiradas de la historieta infantil local, hablamos de una porción enorme de toda la historieta nacional. Es fundamental el incentivo en casa, de la familia, y de los docentes en las escuelas. Cuando eso sucede, los chicos se lanzan a las historietas mucho más rápido”, celebra.
Las otras fuentes consultadas coinciden en ese diagnóstico. Uribe, por ejemplo, cuenta que durante la última Feria del Libro de Buenos Aires muchísimos bibliotecarios de todo el país mostraron deseos de incorporar títulos de historieta a sus colecciones. “En las jornadas de CONABIP nos contaron que están armando sectores de historieta porque es lo que más les piden”, revela. “Pensando en eso, desde la comisión de historieta de la Cámara Argentina del Libro hicimos un mapa donde marcamos los stands que tenían historietas para que los bibliotecarios pudieran acceder a toda la oferta que había y organizamos el FAH (Festival Argentino de Historieta) que en septiembre de este año tendrá su tercera edición en el Centro Cultural Rojas”, anticipa.
En las bateas se mezclan clásicos del noveno arte como Astérix con nuevos hits como la saga Amuleto (que aquí publicó Ed.Común, lo mismo que a la enorme Raina Telgemeier) o créditos locales como Escuela de monstruos (de El Bruno, ahora bajo el paraguas del subsello Primera Sudamericana, de Penguin). Incluso se hace lugar a otra producciones del continente: las distintas iteraciones de Ninja Kururo, del chileno Marko Torres gozan de buen pasar en Comik Debris, y Pacheco y la bruja de la montaña asomó como una notable revelación del venezolano Juan Zambrano (por Común). “Hay más libertad desde lo autoral. Al no existir en nuestro país una industria gráfica sostenida, los historietistas no se encuentran atados a un personaje o a un estilo de un autor determinado, cosa que sí sucedía con las antiguas series con tiradas masivas en revistas (como Patoruzú o Hijitus). Con aciertos y errores, se sumaron muchas formas distintas de expresión”, reflexiona Da Col.

Para Marcos Vergara, coeditor de LocoRabia (que tiene la colección Loquillos, donde están entre otros su propio Gala y Gibbs, o el inminente E.P.I.C. Aventuras de un héroe de renombre, de Tony Ganem), también cambió el tono de las historietas mismas. “Creo que los autores y las autoras actuales tienen plena conciencia de que el público juvenil de hoy es muy diferente al que fuimos nosotros de chicos. Existen otras competencias en la lectura, por lo que apuestan a obras un poco más complejas, con guiños a la cultura pop, con más uso de la ironía y del humor ácido”, analiza y agrega la influencia de la mítica Humi (suerte de versión infantil de la Humo®) en los autores locales.
En lo formal, Pires dos Barros no advierte tantos cambios. Lo que cambió, observa, es otra cosa: “El público infantil está presentando nuevos desafíos en un momento en que la atención es una mercancía importante y empezamos a ver efectos de las plataformas sobre las capacidades de lectura de quienes las frecuentan. Las escuelas están desandando un camino de pantallas y volviendo a los libros de papel como materiales de estudio. Todo esto también incide en la búsqueda de lecturas fuera de pantalla y ahí la historieta infantil sigue encontrando un espacio de despliegue. He visto a chicos muy chiquitos frente a libros con imágenes hacer con sus manitos el gesto con el que ampliarían una imagen en pantalla”.
“Hay una preocupación grande en el presente por los primeros impactos que se están detectando en el desarrollo de quienes se criaron con alta exposición a pantallas y todo pareciera indicar la necesidad imperiosa de limitar esa exposición durante la primera infancia y un poco más allá también. Y a la vez, las infancias saturadas de pantalla encuentran en los objetos fuera de la pantalla un interés renovado”.
Fuente: Página12

