Todo el universo cabe en la mente de Juan Martín Maldacena

Hace 29 años publicó la Conjetura que lleva su nombre y que lo elevó a la fama internacional. Fiel a su estilo, sin embargo, se desmarca de los halagos y cuenta sus pasiones: Einstein, Planck, la gravedad cuántica y salir a correr.

La excelencia científica de Juan Martín Maldacena es proporcional a su sencillez. Hace exactamente 29 años publicó la Conjetura que lleva su nombre, un planteo que combina conocimientos de la Teoría de la Relatividad General de Albert Einstein y la mecánica cuántica de Max Planck. Un cuerpo de ideas que lo convirtió en uno de los investigadores más citados del mundo. De visita en Argentina, aprovecha para salir a correr al aire libre, dar conferencias y visitar familiares.

Estudió física en la Universidad de Buenos Aires y en el Instituto Balseiro de la Universidad de Cuyo. Fue el profesor vitalicio más joven de la historia de Harvard y desde 2001 se desempeña como profesor en el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton. Obtuvo medallas y galardones de todos los colores, y el único que falta en su vitrina es el Nobel. Un premio que no piensa ganar, aunque bien sabe que la posibilidad está latente cada año.

–Está de visita en Argentina. ¿Viene habitualmente?

Vine a dar algunas charlas, especialmente una conferencia en La Plata y también en otros lugares. Aproveché para visitar a mi familia, vengo una vez al año.

–Usted se ha destacado por unificar la Teoría de la Relatividad General y la física cuántica para comprender lo que sucedía en el universo. La famosa Conjetura de Maldacena cumple 29 años…

–Sí, así es.

–¿Qué cambió en casi tres décadas?

Pienso que durante este tiempo la Conjetura se entendió mucho mejor. Se probaron algunas partes; y se comprendió cómo aplicarla a problemas en los que yo no había pensado inicialmente. Me refiero a problemas de física nuclear o de materia condensada; así como al estudio de sistemas de partículas que interactúan fuertemente en materiales con propiedades cuánticas interesantes.

–Hubo un avance entonces. Muchas veces, los físicos teóricos difunden ideas que no se pueden comprobar inmediatamente ni mucho menos.

–Dentro de los físicos existe un amplio espectro de especialistas que estudian diferentes tipos de problemas. Hay teóricos, por ejemplo, que analizan problemas muy aplicados, vinculados a desarrollar mejores computadoras cuánticas. Hay otros más concentrados en física de partículas y eventos más relacionados con los experimentos; y después están los que, como yo, se interesan por el extremo más matemático y menos comprobable. Básicamente, trato de extender las teorías de física cuántica a conceptos como el espacio-tiempo o la gravedad. Algunas veces se la denomina “gravedad cuántica”, y un candidato para comprenderla es la teoría de las cuerdas. Particularmente, me interesa establecer un puente que permita relacionar dos tipos de teorías de la física: la de Einstein, donde el espacio-tiempo es dinámico, y las teorías de mecánica cuántica más tradicionales, en las que el espacio-tiempo está fijo.

–¿Y cuál es el vínculo de su enfoque con la comprensión de los agujeros negros?

–Es que algunos fenómenos vinculados con la gravedad cuántica son útiles para entender aspectos cuánticos de los agujeros negros. En ese campo hubo muchos progresos recientes a partir de la Conjetura, aunque otros avances son independientes de ella, pero tienen un punto de partida allí.

–Esto confirma que la Conjetura abrió un nuevo campo de análisis. Será por eso que usted sigue siendo tan citado internacionalmente.

–Sí, se transformó en una idea que otra gente usa de diversas maneras.

–¿Sus trabajos actuales tienen que ver con la Conjetura?

–Algunos sí y otros no. Cuando la publiqué, tenía 29 años…

–Muy joven. ¿Hay un nexo entre las ideas revolucionarias y la juventud o no tiene nada que ver con la edad? Pienso en otros científicos cuyas ideas fundamentales fueron difundidas cuando recién comenzaban su carrera en la ciencia. Einstein, por caso.

–Creo que a la gente se le ocurren ideas en distintos momentos de sus vidas. En mi caso es cierto que sucedió bien temprano; a lo mejor hay otros que se demoran un poco más. El investigador argentino Horacio Casini realizó trabajos muy interesantes desde Bariloche, y era mayor que yo cuando comenzó a compartir sus avances. La edad no cambia nada. Para la gente que se dedica a hacer experimentos, el éxito es cosechado después. Es el caso de Gabriela González, del proyecto LIGO para detectar ondas gravitacionales, que fue reconocido con el Nobel de Física en 2017.

–Los periodistas y, sobre todo, sus colegas dicen que usted es un genio. ¿Qué piensa al respecto?

–No me siento tan especial como dicen. No soy un genio, veo que tengo muchas de las limitaciones que son similares a las que tienen todos. Me tocó estar en el lugar adecuado en el momento justo; como el que se subió a la punta de la carabela y vio la tierra primero antes que el resto de la tripulación.

–¿Actualmente hay genios como fueron Einstein o Planck?

–Bueno sí. Edward Witten por ejemplo, es un físico y matemático que hizo contribuciones alucinantes. El tema es que Einstein, Planck y todos ellos estuvieron en una época muy especial, ya que tuvieron la oportunidad de descubrir teorías nuevas. Hay períodos en los que se descubren nuevas teorías y otros en los que se acumulan conocimientos que ayudan a comprender revoluciones previas. El principio del siglo XX, cuando se presentaron la mecánica cuántica y la Teoría de la Relatividad General, fue único en la historia.

–¿Hoy en qué momento está la ciencia?

–Hoy hay muchas direcciones muy interesantes: la computación cuántica, la ciencia de materiales, la observación de agujeros negros a partir de las ondas gravitacionales; y yendo a campos más fundamentales, en los últimos 30 años se entendió lo que era la radiación cósmica de fondo y nos dio información sobre las fluctuaciones primordiales.

–¿Qué son?

–Consiste en entender, básicamente, que el universo no es uniforme sino que tiene pequeñas fluctuaciones, y se hizo un mapa. Casi como haber hecho el mapa del mundo; un avance que se produce una vez y luego se profundiza en detalles.

–Usted sigue trabajando en el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton. ¿Cómo están las cosas allí y cómo ve las cosas en Argentina?

–Es un momento de revolución tecnológica. Todos tratan de ver cómo incorporar la inteligencia artificial a la investigación; está claro que abrirá nuevas avenidas de estudio. En Argentina, por lo que puedo ver cuando visito, hay mucha gente haciendo cosas atractivas. Las investigaciones van avanzando, con los problemas presupuestarios que ya conocemos.

–Imagino que los científicos le cuentan lo que sucede en el país con el ajuste y las dificultades que tienen para trabajar.

–Sí, lo conozco bien, pero a mí me gusta enfatizar lo bueno, la energía que tienen los jóvenes. Si me pongo a hablar de los problemas, nadie querrá ser científico en el futuro.

–¿Qué le diría a un joven que no está seguro, pero siente que le puede gustar la Física?

–Le diría que pruebe. Yo tampoco estaba seguro, a mí me gustaba y me gusta mucho la Matemática. Es necesario probar, porque no es fácil intuir qué hace un físico. A veces, se pueden tener ideas muy románticas o idealistas; cuando uno comienza, quiere descubrir las teorías que expliquen todos los fenómenos. Con el tiempo, te das cuenta de que no es tan sencillo y trazás metas más realistas.

–¿Sueña con ganar el Nobel? Alguna vez contestó que no le preocupaba, que no era algo en lo que estuviera pensando. ¿Sigue diciendo lo mismo?

–Sí, diría lo mismo. La posibilidad de ganarlo es muy remota, así que no vale la pena pensarlo.

Fuente: Página12