Un asesino, un texto poderoso y una profunda melancolía: así fue la obra que John Malkovich presentó en Buenos Aires

El actor norteamericano estrenó en una única función El infame Ramírez Hoffman en el Teatro Ópera

Modesta. Quizás, hasta minimalista. Así se puede describir la puesta en escena de El infame Ramírez Hoffman, que el actor norteamericano John Malkovich presentó por única vez, este viernes, pasadas las 21, en el Teatro Ópera.

Todo en el espectáculo con el que el intérprete recorre algunos países de América Latina ­–ya estuvo en Chile, y la próxima parada será en Brasil– apunta al despojo, a eso de que “menos es más”: tres músicos y él en escena y la lectura de un texto poderoso, uno de los relatos del mismo nombre que están incluidos en el libro La literatura nazi en América, del escritor chileno Roberto Bolaño (1953-2003). Publicado en 1996, es una suerte de falsa enciclopedia que, según el autor de Los detectives salvajes, es: “Una antología vagamente enciclopédica de la literatura filonazi producida en América desde 1930 hasta 2010, un contexto cultural que, a diferencia de Europa, no tiene conciencia de lo que es y donde se cae con frecuencia en la desmesura”.

John Malkovich dio una charla abierta el jueves pasado en el Teatro Alvear
John Malkovich dio una charla abierta el jueves pasado en el Teatro Alvear@rsfotos

La dinámica de la obra era simple. Malkovich, enfundado en un blazer, una camisa, y un pantalón de vestir negros, se ubicó a un costado del escenario del teatro Ópera. Sobre un atril ubicó una computadora, desde la que leía el texto. Por momentos, interrumpía la lectura para que la pianista franco-rusa y cocreadora del espectáculo, Anastasya Terenkova; el violinista ucraniano, Andrej Bielow, y el bandeonista argentino, Fabrizio Colombo, ejecutaran algún tema. El repertorio fue desde canciones de músicos como Astor Piazzolla (“Libertango”), pasando por Antonio Vivaldi (“Cello Sonata in A minor, RV 44”), hasta el grupo de rock, The Doors (“Riders on the Storm”).

John Malkovich fue declarado Huésped de Honor por la Ciudad de Buenos Aires; en la foto junto al jefe de gobierno porteño, Jorge Macri, y la ministra de Cultura de la Ciudad, Gabriela Ricardes
John Malkovich fue declarado Huésped de Honor por la Ciudad de Buenos Aires; en la foto junto al jefe de gobierno porteño, Jorge Macri, y la ministra de Cultura de la Ciudad, Gabriela RicardesPrensa GCBA

Sobre el escenario, también casi privado de escenografía –solo dos pianos, uno de ellos fue usado por Terenkova una sola vez, y dos atriles­-, primaban las luces rojas y las blancas que iluminaban a los tres músicos y a Malkovich.

Si el minimalismo caracterizó la puesta, una sensación de melancolía inundó la casi hora y media que duró la función, sobre todo, en el tono de la música elegida y en su ejecución –el bandoneón fue un aliado vital en este sentido-, pero también materializada en la dicción y el ritmo que Malkovich le dio a la lectura.

John Malkovich estuvo el sábado pasado en el Teatro Colón
John Malkovich estuvo el sábado pasado en el Teatro ColónPrensa GCBA

Quizás, la contundencia de la historia necesitaba ese tipo de tono. El infame… se centra en el peregrinaje de un asesino serial, el Ramírez Hoffman en cuestión, que a su vez es un militar chileno que forma parte del régimen de Augusto Pinochet. En el texto –una biografía apócrifa- se lo describe como un hombre capaz de regar con muertes, torturas y desapariciones por donde pasa. Un ser funcional al dispositivo de terror de la dictadura chilena. Aviador de profesión, Ramírez Hoffman es también un poeta, y como el régimen “está interesado en la vanguardia artística”, con su avión, escribe poemas en el cielo: “La muerte es Chile. La muerte es responsabilidad. La muerte es amor. La muerte es crecimiento”. De hecho, sobre este relato en particular de Bolaño, Malkovich había dicho a LA NACION antes del estreno: “El tono del libro [La literatura nazi en América] es elegíaco. Tiene la cadencia de un elogio fúnebre. Es un réquiem por el talento perdido. O, mejor dicho, por el talento desperdiciado”.

Malkovich, protagonista de El infame Ramírez Hoffman
Malkovich, protagonista de El infame Ramírez Hoffman

Malkovich, encerrado en la propuesta minimalista del espectáculo, tiene apenas dos desplazamientos sobre el escenario para siempre volver al atril, desde que el lee. Lejos –muy lejos– de las propuestas que buscan la espectacularidad, el actor de películas como Relaciones peligrosas (1988) y de rupturistas como ¿Quieres ser John Malkovich? (1999) subyuga solo desde el habla, desde su modo de decir, en su inglés natal –detrás suyo, en simultáneo, se proyectaban los subtítulos en castellano; vale decir había groseros errores de ortografía: monosílabos acentuados y serios problemas de puntuación-. Así los espectadores estaban bajo un suerte de encanto hipnótico. De hecho, no se veían las escenas típicas de estos tiempos, incluso en las salas teatrales: celulares que se encendían para revisar alguna notificación sin trascendencia.

El final quedó en manos de los músicos: una ejecución de “Il Bell’Antonio” de Giovanni Sollima. Una performance que terminó con el respirar del fuelle del bandoneón tan melancólica que robó una ovación que se sostuvo durante unos minutos.

Después, Malkovich se retiró de una manera tan minimalista como había empezado. Como si después de tanto horror relatado nada más fuera necesario decir. Menos, al final, fue mucho más.

Fuente: Carlos Sanzol, La Nación